Frente Amplio y pancarta del PSOE, con fuego y Popper al fondo

El Frente necesita centrar dos o tres temas, mensajes enérgicos y escalonar propuestas según avance la campaña.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

Los restos fósiles indican que no era raro que neandertales con graves lesiones, mutilaciones o discapacidades sobrevivieran mucho tiempo. Esto sugiere que los grupos protegían a los individuos. Demasiado socialista quizá. Los neandertales son tanto más fascinantes cuanto más humanos se demuestre que fueron. A veces los investigadores perdieron rigor, de tantas ganas que tenían de que el neandertal fuera humano. Milei es una imagen de ese intento de aproximación, pero en sentido inverso. Mientras unos quieren hacer a los neandertales más humanos, otros quieren hacer a los humanos más neandertales. Los ademanes descompuestos de Milei, unidos a sus onomatopeyas y berrinches, lo acercan al tópico (también falso) del neandertal bruto, necio y ruidoso. Es difícil adivinar los volantazos de la campaña electoral. La precampaña está haciendo el efecto, que a veces hacen las elecciones, de cedazo, de mecimiento suave de la actualidad para depurar de la arenilla las piedras que valen. De momento las derechas ponen sordina a sus bramidos. Con firmeza en el tono, vaciedad en el contenido y rectitud en las formas, a lo mejor consiguen que la gente perciba sus berridas de estos años como el soniquete de la era de Sánchez, como si fuera él el que ladrara. Feijoo intenta vender sosiego y Vox no quiere movilizar más a la izquierda. Por si acaso, huyeron de Milei, ni borrachos quieren una campaña con la foto de Milei; menos Ayuso, que ni borracha se perdería esa foto. Ni borracha, ya me entienden.

El PSOE recibió a Milei con una pancarta. Zurdos y zurdas te damos la bienvenida a España, el país que más crece. Es una pancarta irónica, pero también risueña, es la pancarta de alguien que está de buen humor y con la moral alta. En período electoral eso significa movilización. Esa pancarta indica que el PSOE está movilizado. Según el evangelio de S. Mateo, Jesús dijo a sus discípulos que eran la sal de la tierra. Tener a la parroquia movilizada significa visibilidad, disciplina, gente salando su entorno, sazonando conversaciones, asintiendo o poniendo caras. Hace tiempo que padecemos la movilización de la claque de Vox. Hablan alto, como desafiando. Y eso es un beneficio. Muchos mamíferos erizan el pelo en combate y así parecen más grandes. La movilización da visibilidad, los seguidores movilizados son como pelo erizado, hacen sentir que son muchos. En el mundo del 15 M la espontaneidad era factor de éxito. Ahora es la disciplina. Entre otras cosas, da algo muy preciado en el ruido, la desorientación y la desinformación: visibilidad, atención.

Pancarta en Ferraz.

El Frente Amplio no está exhibiendo fuerza, sonrisa o mensaje. No están para pancartas irónicas ingeniosas que den autoestima a los propios. Las consignas manidas (por una vivienda digna, no a la privatización de las pensiones) te hacen reconocible, pero no salan la tierra. La campaña no empezó, pero de momento su gesto es insípido, no sazona. Hasta la aparición de Podemos, la izquierda era IU y tenía un límite muy severo. Su mensaje era «geoideológico»: somos lo que está a la izquierda del PSOE. Su reclamo era su posición en el espectro ideológico. Y así le iba. Errejón proyectó una versión muy banal de la transversalidad. Su transversalidad fue consistiendo en descafeinar la ideología y diluirse como colorante de algo más grande. Ser reconocible y constante es necesario, pero el mensaje electoral no puede ser la ideología. Esa debe notarse y a mucha honra, pero como el sentido de humor, las buenas maneras y el nivel cultural, con los hechos. Hay que llegar a más gente de la que se identifica con tu ideología. La campaña no empezó y la precampaña no fue fácil para FA, pero debe ir empezando. El Frente Amplio necesita centrar dos o tres temas, mensajes enérgicos y escalonar propuestas según avance la campaña. Tiene que percibirse estrategia, alguien al volante conduciendo con método, organización que insinúe movimiento, no vale sentarse a la izquierda del PSOE esperando clientes. CJS y el Sindicato de Inquilinas dieron estas semanas muchas pistas metodológicas. FA tiene que dar en poco tiempo autoestima a sus apoyos para poder movilizarlos y ser sentidos como un movimiento. Hay algo de tiempo, pero no mucho. Cuanta más fuerza coja el caudal electoral, más difícil será subirse a él. Y quizá ellos y Podemos entiendan cuánto desmovilizan todos esos ajustes de cuentas y de egos que no interesan a nadie. Si no valen razones, que valga el egoísmo: esta vez Sánchez se puede comer todo ese desencanto. Y Sánchez es una sustancia con propiedades muy distintas según con qué se mezcle.

Francia es una dolorosa muestra de qué es lo que importa y de qué se está distrayendo la izquierda. Hay excesos en Francia, no es agradable ver ayuntamientos ardiendo. Hay salidas de tono y oportunistas tóxicos. Hay intervenciones externas poderosas y espurias, es evidente que Europa está siendo acosada con un propósito, cada país tiene su propia señal del fin del mundo: sabotajes en la red eléctrica alemana y en las cámaras de alimentos en Francia, drones con explosivos, invasiones de espacio aéreo, estallido inmigratorio de Ceuta. Pero en lo de Francia hay un fondo. El estado de bienestar no puede caer sin ruido ni ruinas. Si rompes el estado social, de las grietas sale fuego. La propaganda quiere que veamos el estado de bienestar como algo muy caro que no nos podemos permitir. Quiere que percibamos el bienestar como un lujo, como los melindres de población malcriada. La subsistencia la marcan cinco cosas: vivienda, comida, sanidad, educación y pensiones. Quien no tenga algo de eso es pobre, quien lo tenga subsiste. Lo que pase de la subsistencia es bienestar. El bienestar no es un lujo de niñatos: es la justa participación en la riqueza del país. Se elimina el bienestar de la mayoría cuando se dispara la desigualdad, cuando muy pocos se quedan con mucho. El bienestar hay que asociarlo con el reparto, protección y oportunidades que exige la vida civilizada. Su quiebra donde lo hay produce gritos y fuego. Ese es el frente de la izquierda, el de siempre: reparto de riqueza, derechos, servicios públicos, fiscalidad. Las protestas de los estudiantes no hubieran inflamado Francia si la chispa no cayera en un suelo de yesca. De eso tienen que ir los mensajes y de ahí tienen que salir los dos o tres temas de campaña de la izquierda. Algo de movilización pueden ser diputados decisivos. Habrá más de millón y medio de nuevos votantes de 18 años, invisibles para las artes demoscópicas. ¿Alguien en la izquierda sabe algo de esto? ¿En qué andan?

La erupción francesa me trajo a la memoria alguno de los afanes de Popper, conservador donde los hubiera. Sobre los enunciados científicos decía que tienen que poder ser contrastados con los hechos. Si un enunciado contrastable es verificable, si se puede demostrar su verdad, es que es empírico y no tiene contenido teórico. Cuando un enunciado tiene carga teórica, la experimentación puede demostrar que es falso, pero no que es verdadero. Los enunciados científicos son falsables, no verificables. Al intentar llevar el esqueleto de este planteamiento a la política, sustituyó la idea de falsable por la de falible. No se puede demostrar que un sistema político es «el bueno», pero se debe poder demostrar que falla. Las políticas son falibles. Popper no creía que la reducción de la miseria fuera un criterio de falibilidad, pero sí la reducción de la crueldad. La ultraderecha actual no estaría de acuerdo. El ICE americano y las bravatas de Bukele son exhibiciones provocativas de crueldad, Milei promueve la crueldad entre vecinos. Podríamos suponer que la paz es un criterio de falibilidad. Cuando un sistema político conduce al enfrentamiento, falla. Cuando conduce al odio y al deseo de armas, falla. El estallido francés avisa de que la quiebra del estado social aboca a una sociedad fallida. Pasar de una sociedad donde nos protegemos unos a otros a una sociedad de supervivientes, quedarnos por debajo de los neandertales, es pasar a una sociedad fallida. Una sociedad desagregada y cruel tiene la violencia bajo los pies, esperando una chispa.

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