El sol y el viento se ponen de acuerdo para despejar de nubes el cielo de Xixón, empieza la Semana Santa y la ciudad está petada de turistas. En la plaza del Marqués hay una piña de escuchantes siguiendo el discurso de su guía turística. Me arrimo a la troupe por curiosidad (por morbo también) y escucho que la oficiante les está contando, bajo la estatua de Pelayo, una milonga sobre los cientos de kilos de dinamita que los mineros revolucionarios colocaron en 1934 en la catedral de Uviéu y en el casco histórico de la capital asturiana; les dice también que aquellos mineros estaban dispuestos a volar media Asturies. Observo de reojo el gesto de horror de parte de los escuchantes y mientras me parto de risa me entran ganas de dar media vuelta y darles otra versión, esa que no viene en las rutas turísticas de este Xixón y de esta Asturies que nunca olió a incienso ni a mármol de pedestal, que sigue oliendo a sudor obrero, a voladores y a barricada.
El cabreo se me pasa al llegar a la plaza Mayor. Allí, a la puerta del Ayuntamiento, están Laura Tuero, portavoz del Grupo Municipal de Podemos-Equo Xixón y núnero tres de la candidatura de Podemos Asturies a la Xunta Xeneral, y están Juan Manuel Martínez Morala y Ramón González Turón, dos históricos sindicalistas de Naval Gijón y de la Corriente Sindical d’Izquierda (CSI). Echo mano al móvil y les hago la foto que encabeza este artículo: Morala sale mirando con esa proverbial desconfianza ante la cámara, la mirada de Turón busca el Cantábrico, la de Laura sonríe… Los conozco a los tres y, a pesar de mi impericia fotográfica, creo que salieron bien retratados, cada cual como es. La foto, en todo caso, no huele a incienso ni a mármol de pedestal. Huele a ese sudor obrero que justifica el derecho a empuñar la dinamita, el volador o lo que tengamos a mano. A ver cómo explica esto un guía turístico que no prepara la lección.
Entro en el Ayuntamiento para la rueda de prensa que van a dar Laura, Morala, Turón y Javier Calzadilla, el abogado que ha venido representando en los últimos seis años los intereses del colectivo de quince trabajadores de Naval Gijón que le plantaron cara a Pymar. El abogado es un tipo de derechas, Morala se lo recuerda en cuanto entra por la puerta, pero Calzadilla no deja que acabe la rueda de prensa sin dar “la enhorabuena al colectivo de trabajadores, porque ha sido ejemplar su tesón durante estos años, tratándose además de trabajadores jubilados que sólo perseguían el interés general”. El abogado es un tipo de derechas, pero es un tipo honesto.

Los tribunales cerraron definitivamente la vía de la especulación inmobiliaria para los terrenos de Naval Gijón, que acogerán en el futuro proyectos de economía azul, vinculados a las industrias sostenible del mar; en Asturies es la mar, no la concebimos de otra forma. El Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ha inadmitido el recurso de casación presentado por Pequeños y Medianos Astilleros Sociedad de Reconversión (Pymar), que pretendía propiciar un pelotazo urbanístico en los terrenos que en otro tiempo ocupó el astillero más emblemático, en el suelo que defendió la plantilla más combativa de la historia naval de Xixón y de Asturies.
Frente a los intereses de Pymar, esa extraña patronal que acoge en su seno intereses privados y representación pública (el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y la Consejería de Industria, Empleo y Promoción Económica del Principado, entre otros) se posicionó desde el primer momento un colectivo formado por quince trabajadores jubilados de Naval Gijón, que echaron mano del remanente económico de una de sus últimas luchas para pagar las costas judiciales en esta batalla, póstuma quizás pero no menos digna, silenciosa quizás pero no menos ruidosa, para que no profanaran ese suelo en el que sudaron, sangraron y lloraron llenándolo de pisos de lujo para una burguesía que quiere tener vistas privilegiadas al Cantábrico sin sentir otra cosa que el rumor lejano y balsámico de las olas, sin importarle una mierda
Que se joda Pymar, que es una herramienta de liquidación y de especulación. Que se jodan los potenciales constructores que venderían a precio de oro esos terrenos. Que se jodan los posibles compradores de viviendas de lujo en ese rincón privilegiado de la bahía de Xixón. Que se jodan los tibios políticos, y a la cabeza de ellos está el PSOE (sigue enarbolando la O de obrero porque le da pereza quitarla, pero esa O mayúscula le queda muy grande), que fue el único partido de la Corporación Municipal gijonesa que en 2019 votó contra ese PGO que defendía que los terrenos de Naval Gijón no podían acabar en manos de los buitres del ladrillo.
En los terrenos de Naval Gijón no habrá pisos de lujo, ni urbanizaciones cerradas, ni jardines privados. Habrá industria industria azul y habrá industria verde. Y esos dos colores son herederos del negro de las barricadas y del rojo de la sangre de la clase obrera.



























