Elisa Cepedal ha estrenado Cine 5 en el Teatro Jovellanos. Este largometraje documental programado en la sección Retueyos del FICX retrata toda una época de Barredos, tras el cierre en 2018 del pozo Carrio. Cepedal consiguió en 2019 el Premio del Jurado del FICX por El trabajo o a quién le pertenece el mundo, ubicado también en una barriada de un pueblo minero. El suyo es un ejercicio de la memoria, que abunda en el papel del testimonio y el reliquia para construir un relato que dibuja un boceto personal de un tiempo no vivido articulado con un presente observado desde la distancia.
¿Qué papel juega la nostalgia en Cine 5? ¿Hasta qué punto la nostalgia ha paralizado la manera de comprender o impulsar el desarrollo de un municipio?
Te puedo hablar, después de esta segunda película sobre las Cuencas mineras y la pérdida de conciencia de clase, de como la desindustrialización fue minando la conciencia de clase. No sé hasta qué punto la nostalgia. La distancia provocó en mi la idealización del movimiento obrero. Cuando me puse a hacer el trabajo, en cambio, descubrí que esa idealización era causa de la distancia, del desconocimiento de cómo funcionaban los sindicatos y la organización sindical obrera. Entonces, para mi fue como un punto de inflexión hacer este trabajo. Y con Cine 5 yo no sé si es tanto por efecto de la nostalgia. Solo me apetecía contar la historia de mi pueblo, Barredos, porque sabía que había una historia de solidaridad, de unidad vecinal y sindical muy fuerte. De alguna manera es un pueblo pequeño en el que todo el mundo iba a una. Por otra parte, quería recuperar el archivo de mi abuelo, minero y fotógrafo local. No era un fotógrafo artístico, vendía fotos para bautizos, bodas y comuniones. Y para mi, fue muy interesante contrastar las fotografías en las que está sonriente, con aquellas en las que fue testigo y que había detrás. No hay una reflexión de la nostalgia sino una reflexión sobre el pasado y, a raíz de trabajar sobre un archivo, reflexionar sobre la naturaleza de esas fotos que atestiguan algo. Tenía la intención de recuperar el testimonio de la gente, aunque la película surge de una tarea casi personal de conectar con mi abuelo, y con todo eso construir un relato colectivo.

Semprún reflexionó sobre el valor político e histórico del testimonio. A fin de cuentas, su literatura concentracionaria, en torno al campo de Buchembald, le permitió conocer el valor del testimonio. Después de haber escrito varios títulos, había llegado a la conclusión de que la veracidad del testimonio dependía de cómo hubiera sido articulado. Semprún defendía que si no venía articulado a través de un relato literario, el testimonio no arraigaba en la conciencia colectiva. Dicho de otra manera, que la construcción literaria era fundamental para que el testimonio impactara en los lectores.
En Cine 5, el testimonio tiene una doble articulación. Por una parte están los testigos en primera persona, pero yo también me convierto en otro testigo durante ese proceso de rememoración. Porque, en el fondo, a quien están contando la historia es a mi. Por eso me dejé introducir en el relato. Por ejemplo, hay veces en que se me escucha, no mucho, pero se me escucha y cuando hablan, me hablan a mi. El hecho de que me conocieran de toda la vida, también condicionaba el relato. Esos encuentros eran íntimos. Era importante que se sintieran cómodos para contarme cosas. Estas contando la historia de una comunidad desde dentro. Y eso, por supuesto, condiciona el testimonio. Por eso mismo, porque yo me convertía en un nuevo testigo, para mi era muy importante respetar sus palabras y eso condicionaba el montaje. He intentado manipular lo menos posible los testimonios en el montaje. Una cineasta siempre interviene, aunque no lo pretenda. Y aquí había una intervención muy clara. Sabía lo que estaba haciendo y lo que quería hacer. Era yo quien les mostraba las fotografías del archivo.
La capacidad de ir rastrear a través de reliquias, fotografías, condicionó la imagen de Barredos hasta situarla al filo de lo espectral. Quiero decir, al final, Barredos es un lugar que está donde no debería o que debería estar pero empieza a dejar de estar.
La película se articula a través de un archivo y de un testimonio pero también de imágenes del presente y hay una intención de expresar la memoria del pasado y a la vez el presente del pueblo y pensar qué sucedió en el “entre” de esos dos momentos. Entonces no creo que sea una imagen fantasmagórica. El pueblo está presente y su memoria se contrapone al presente. La tercera parte es, precisamente, en la que se pregunta qué sucedió entre un momento del franquismo y el 2021-22.

Son dos mundos antagónicos. El de la solidaridad obrera y el pueblo vivo que se crea una imaginería con un carácter muy identitaria frente al de hoy que ha descompuesto y disgregado su conciencia de clase en un municipio deshabitado.
Gilles Delueze afirma que tras las II Guerra Mundial se produce un cambio en el cine político. Los cineastas se ven en la imposibilidad de representar al pueblo, a la colectividad, porque ya no existe. Las filmografías anteriores que ya existían a principio el siglo XX como el cine soviético revolucionario se diluyen. El capitalismo ha dado lugar que las historias se gesten negando a los trabajadores como sujeto colectivo protagonista y se focaliza en los individuos. De manera que las colectividades se va desintegrando. Cuando ya no existe la colectividad, el cineasta ya no puede representarlo. Y esa es la idea que me interesa a mi en Cine 5. Como se puede representar o qué futuro tiene un pueblo como Barredos donde falta el pueblo.
¿Cómo se representaría hoy, a tu juicio, una nueva colectividad, donde cobran importancia mareas o el feminismo?
Deleuze dice que la función política del cine es el de la fabulación, crear un nuevo pueblo que está aún por llegar. Esto lo habla en conexión con la película Pour la suit du monde, un documental canadiense que relata la pesca de la beluga en Quebec. La cinta trata sobre la industria que había en el pueblo era alrededor de la caza de ballenas. Y en ella se inserta una idea que me parece muy interesante: de una ficción se crea una nueva comunidad. De algo performativo se crea una nueva comunidad capaz de transformar la conciencia. Esta idea me interesa mucho con una nueva película en las Cuencas que me permitiría volver a la ficción. Me apetece intentar fabular sobre el futuro de las cuencas asturianas. No tengo ni idea de l oque quiero hacer, algo híbrido. Va a tener que pasar un tiempo. ,



























