“A buena parte de la población de Norteamérica la excluyen y la encierran en reservas mientras espera a que desaparezca”

Lisandro Alonso presenta en el FICX "Eureka", un western con Viggo Mortensen y Chiara Mastroianni.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

“Toqué la puerta de esa gente, la quise escuchar, aprender cómo es y ser un nativo en ese campo de concentración dentro de un país que dice que da oportunidades y no invita a los indios a ser parte del sueño americano, del american way of life. Era la oportunidad de poder contar con cámaras y micrófonos”. Y lo hizo con Viggo Mortensen y Chiara Mastroianni en su sexto film: “Eureka”. Lisandro Alonso estrena en el FICX un western que recorre toda América, que contrapone la historia del sur y del norte devolviendo un sueño de indios y vaqueros convertido en una pesadilla.

Tengo la impresión de que Eureka es un buen motivo para hacer una reflexión sobre la historia de América, una historia de esclavitud.

Sí, a mi me sirvió para ponerme en el escritorio y tratar de pensar en América. Nunca tuve certezas, siempre tuve dudas y preguntas amontonadas e inciertas que a través de esta película pude organizar geográficamente. Cómo plantear esas diferencias entre las personas que pisaron por primera vez esas tierras. Quiénes somos sus descendientes y cómo las habitamos. La diferencia entre norte y sur es que a buena parte de la población de Norteamérica la excluyen y la encierran en reservas mientras esperan a que desaparezcan. En el sur, quizá parece tonto, pero el clima provoca una gran diferencia. Los indígenas que viven en la naturaleza conviven con ella. Despertar y contar los sueños, tratar de creerlos, marca la diferencia con la vida indígena de Norteamérica. La comunidad de Pine Rige sólo llega a vivir hasta los 50 años, cuando la media de vida fuera de la reserva es de 70. Ahí hay algo, un abismo. No me importa si eres indio o no indio, blanco o negro o amarillo, pero está claro que es una comunidad abandonada. Y me pregunto cómo una nación del primer mundo como EEUU lo puede hacer.

Quizá sólo tenga sentido desde concepción ultracapitalista del mundo que desemboca en la banalidad del horror, un horror tan sofisticado que ha convertido la crueldad en un ejercicio de indiferencia.

Allí, si no puedes rendir frutos al sistema, te desechan. La diferencia aquí es que los nativos están orgullosos de sus raíces pero perdidos porque ya no son lo que eran. Mantienen sus conexiones, sus rituales, se enganchan con clavos, practican esas sudaderas dentro de los tipis y cantan y gritan y preservan sus cantos y motivos, pero la diferencia es que ellos no se van a esclavizar, no van a doblar la espalda. Ellos prefieren morir antes que ir a trabajar ocho horas y ese es el problema. Están doblemente jodidos porque ya no son lo que eran y porque no quieren trabajar ocho horas al día y están tirados ahí, viven, van respirando, no casan, no tienen donde casar. No tienen cultura del trabajo. Viven rodeados de ratas en el piso. Los niños caminan descalzos, se comen la comida del piso. No sé, no puedes tener ratas en tu cocina con la comida por el piso, junto a tus niños descalzos. Es un nivel raro. Es como un campo de concentración que los excluye más todavía.

En Bandera de Nuestros Padres, uno de los héroes que alzó la bandera norteamericana en la batalla de Iwo Yima era indio. Fue tan rápidamente convertido en héroe como apartado y olvidado después. En adelante, el sentir de la prosperidad india ha sido vinculada a la mafia del alcohol o del juego.

Y piensa en el western. El mercado más grande, el western es el que invadió culturalmente al resto del mundo. Yo nací en Buenos Aires y me a veces me pregunto quién me puso un western en la cabeza y, después de rodar Eureka, siento como que cumplí un sueño. Eso no me viene culturalmente. Me lo pusieron en la cabeza, lo disfruto y fui feliz. En una entrevista Scorsese, tras estrenar Los asesinos de la luna, afirma que el western es el emblema del cine, pero hoy no se podrían filmar algunos westerns porque herirían la sensibilidad. La mitad de los westerns tratan de cómo se ganaba la frontera, como penetraba el ferrocarril, cómo había que matar a todos los indios y a quienes se hacían las preguntas: qué respiran, qué comen. Es una cosa de las que más me interesaba. Las películas se sirven para repensar y en el mejor de los casos encuentras conclusiones por ti mismo. Tenemos un montón de gente caminando de Centroamérica y que trata de ir a EEUU creyendo que va a vivir mejor. De eso se trata, de no acostumbrar ni banalizar el horror ante la retina.

Eureka esta protagonizada por Viggo Mortensen que en sí mismo son diversas capas de cine, de historia de cine, surcada en su rostro que casi funciona como un paisaje. Y en tu caso el paisaje es un personaje más.

Viggo tiene un poco de todo. Sus padres son daneses. Fue criado en Nueva York, pero también vivió en el Chapo, ni siquiera en Buenos Aires. Tiene capacidades como artista, como productor, es poeta, tiene la sensibilidad de un artista. He aprendido mucho participando con él. He tenido esa suerte. Yo empecé haciendo películas chiquitas y después de 20 años, jamás pensé que trabajaría con él. Él es genial. Acaba de filmar un western en México, un western feminista. Ya sabes que se está reversionando mucho el género porque se ha quedado muy viejo para lo que es el cine de hoy en día. Almodovar, Scorsese, Viggo, quien sea, vuelve al género y lo revisa porque se ha desactualizado. Después de esta película he pensado que voy a tener que desprenderme de esa cosa, de rodar con un actor como Viggo, volver a cierto germen con el que yo empecé, alejado del mundo, para contar la historia de gente que nunca vio un semáforo, o no subió nunca una escalera

Lisandro Alonso, durante la rueda de prensa en el FICX. Foto de David Aguilar Sánchez.

Volver a rodar una película de alguien que descubre el mundo.

Eso ya lo hice. Los lugares son un personaje importante o, incluso, más importante. Si observaba un lugar y me gustaba, paraba el auto. Veía donde quería colocar la cámara, donde vivían, qué hacía, que necesitaban, que no iban a lograr nunca de este mundo, cual es su manera de estar en él. Cuando uno comienza a pensar la película con un actor como Viggo, implica otras herramientas que no son estas. y son increíbles, llenas de recursos pero creo que eso ya lo hice. He tenido la suerte de trabajar con alguien a quien admiro tanto y me da tantas posibilidades. Sé que no encontraré otro actor o actriz que me abra esa puerta. Pero me gustaría encontrar a esa otra gente, estaría bueno, mostrarla a través del cine, enseñar algunos lugares, con la Argentina que se viene.

Es un buen motivo para no rodar.

Al revés, pienso que lo demanda. Demanda colocar la cámara ante el núcleo de los problemas, de mi problema.

Has pensado en irte de Argentina tras el triunfo de Milei.

Yo no puedo irme por diferentes razones. Porque estoy muy arraigado, tengo 48 años y conozco a mi gente. Yo leo en el gesto de quien me vende el periódico si tuvo sexo, pero reconozco que mis hijos no se lo merecen. Yo ya lo viví, cuarenta años viviendo y soportando a políticos, cada cual peor que el anterior. Yo viví la inflación. Cualquier cosa que suceda puede superar a cualquier ficción. La vicepresidenta quiere hacer un parque temático en la ex Esma, hoy una lugar para la memoria donde detenían, torturaban, mataban. Ahí no creo que sea el lugar más adecuado para hacer escuelas ni parques recreativos. Si alguien hubiera dicho eso en Alemania estaría preso. Hay que aprovechar el espacio…No lo veo factible, pero no lo descarto tampoco. Cuando mis hijos crezcan, serán independientes. Que haga cine en Argentina no significa que tenga que morirme allí.

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