Juan Ponte recordó este miércoles que el concepto de “revolución” nace en el ámbito de la astronomía, y Pablo Batalla subió la apuesta poniendo sobre la mesa el vínculo estrecho entre revolución política y revolución tecnológica: “cada revolución está asociada a una máquina emblemática”. Pero, ¿qué es la revolución? A esa pregunta quiere responder “La ira azul. El sueño milenario de la revolución” (Trea, 2023), el último ensayo del periodista e historiador, colaborador de NORTES, Pablo Batalla, que este miércoles se presentó en la librería ovetense Matadero Uno en una conversación que se prolongó durante más de una hora entre referencias a los Comuneros de Castilla, Marx, los socialistas utópicos o Milei y las nuevas derechas radicales.
Batalla distinguió en su presentación entre la “revolución popular” y la “revolución elitista”, la revolución que dirigen una parte de las clases acomodadas para aumentar su poder político, económico y social: “a veces un sector de las elites se apunta a la revolución de las clases populares, las usa para sus fines, y una vez gana lo prudente se retira”. Fue el caso de las llamadas revoluciones burguesas del XIX, pero también de fenómenos más contemporáneos. “El neoliberalismo también fue una revolución que construyó una nueva civilización” explicó el autor gijonés acerca de un proceso muy heterogéneo en sus formas, y que triunfó por vías diversas: electorales, como en Gran Bretaña y EEUU, golpistas, como en Chile, pero también a hombros de grandes movilizaciones de masas, como en Polonia y otros países socialistas del Este.

“La ira azul” es un libro que usa la historia, pero sin convertirla en un fetiche ni en una pieza de museo. No es un libro historicista, sino un libro para hablar del presente y de las revoluciones del futuro. “La revolución forma parte de nuestra antropología” expuso Pablo Batalla, que en su libro hace un recorrido histórico y conceptual por las ideas de “revolución” y “utopía”, esta última definida como “la versión laica de la profecía”.

Sobre la oposición entre reforma y revolución, tan manida desde el clásico de Rosa Luxemburgo, “Reforma o Revolución”, Batalla difuminó las fronteras entre ambas. El autor habló de las “revoluciones reformistas”, que conservan elementos estructurales del régimen anterior, porque la perfecta “tabla rasa” es imposible, y de las “reformas revolucionarias”, como el sistema nacional de salud puesto en pie por el Partido Laborista británico tras la Segunda Guerra Mundial.
¿Cuándo sabemos si estamos viviendo una época o un momento revolucionario? “Poco antes de febrero de 1917 Lenin está deprimido creyendo que nunca verá la revolución. Los bolcheviques no estaban convencidos del éxito de las huelgas y protestas que desencadenaron la revolución rusa” explicó Batalla, para el que la revolución es siempre un proceso impredecible y caótico, que no suelen hacer, o al menos iniciar, aquellos que se definen como revolucionarios, sino actores y actrices más imprevistos y casuales. “Tú te enamoras y luego te das cuenta de que estás enamorado. Con la revolución pasa algo parecido” sentenció Ponte, llevando al terreno de la vida cotidiana las reflexiones de un libro que pretende recuperar para el siglo XXI una palabra rodeada de mito y mitología.



























