María Luisa
Texto y dirección: Juan Mayorga
Intérpretes: Lola Casamayor, Juan Codina, Paco Ochoa, Juan Paños, Juan Vinuesa y Marisol Rolandi
Viernes, 15 de diciembre, Centro Niemeyer, Avilés
La sobriedad del “estilo Mayorga” es bien reconocida por los espectadores. Sus características se manifiestan inequívocas en la acción y en los personajes, por disparatadas y singulares que se presenten en piezas que derivan a comedia. Incluso cuando aparecen un tanto rebajadas, como en esta ocasión. Los nombres parlantes, sublimados, irónicos y tan habituales, funcionan por asociación libre y por contraste, como fruto del azar y la cotidianidad. En el caso de María Luisa como refuerzo de humor simbólico y absurdo a unos individuos con comportamientos extravagantes. Benito Beckenbauer (Juan Codina), Emerson Azzopardi (Juan Paños) y Juan Olmedo (Juan Vinuesa) son ectoplasmas salidos de la mente calenturienta de María Luisa, una mujer mayor que vive sola y a la que su portero le recomienda poner en el buzón algún que otro nombre acompañando al suyo, para ahuyentar así a los atracadores. Las situaciones y conversaciones con estos tres aspirantes a formalizar una relación sentimental, al lado de las conversaciones con Angelines (Marisol Rolandi), su amiga con la que merienda los jueves y hace de contrapunto en el mundo real, construyen una órbita argumental con superposición de planos ficcionales, espacios, gags, y situaciones desenfadadas y alegres, atravesada también por el deseo de combatir la vejez y la soledad. Y con un tono extravagante y simbólico, trascendente, que pone el foco en el poder salvífico de las palabras y el juego metalingüístico, y que por momentos me recuerda al teatro de Ionesco. Un teatro que se modela y talla eludiendo los chistes y astracanadas circunstanciales con el fin de no frivolizar la reflexión ni quitarle peso –densidad significativa– al mensaje. Aunque de todos es sabido que el chiste inteligente es del agrado de muchos y actúa como complemento y revulsivo liberador.

El espléndido y castizo Paco Ochoa que da vida al portero “que todo lo ve y al que nadie ve”, se preocupa por los vecinos como si fueran sus hijos, duerme dentro de los buzones, en un guiño a 13 Rue del Percebe, y es un enamorado de su profesión convertido en entomólogo del microcosmos del portal. Sabe que detrás de cada vecino hay un misterio. Lola Casamayor brilla con un encanto especial encarnando a esta mujer protagonista, tierna y candorosa, dulce, pero enérgica, testaruda e infantil, pizpireta, con una imaginación capaz de crear un mundo paralelo que le hace sobrellevar su existencia. Los tres pretendientes que su mente construye plantean un juego de pulsiones entre la mente, el alma y el deseo. María Luisa se debate entre el enérgico general Benito Beckenbauer que quiere poner el país a sus pies, el genial Emerson Azzopardi, un poeta maldito, arrebatado y poseído por la fiebre de los versos y las disquisiciones enigmáticas –“hay una respiración animal por toda la ciudad”– que como buen poeta sólo está enamorado del “amor” y la poesía, y Juan Olmedo, todo un caballero formal y responsable, el perfecto terapeuta sobreprotector y sin vicios, conservador, vulgar y aburrido. Incluso el portero fabricará con útiles de limpieza tres muñecos que representan a estos tres personajes irreales… que a veces son más reales que los de carne y hueso. Pues “todos somos sueños los unos de los otros” y “desdichado quien no sea sueño de nadie”.
María Luisa es la línea argumental complaciente y clara del teatro de Mayorga. Un juguete dramático sencillo, alejado de la oscuridad y el dolor que mezcla diferentes registros para hacer hincapié en la relación comunidad-individuo, y que se consolida y gana a medida que avanza la acción. La bella escenografía de Alessio Meloni y la iluminación de Cornejo conforman uno de los marcos posibles para el modelo de teatro comercial. La representación estuvo precedida de una función matinal con alumnos de institutos de nueve municipios asturianos. Una iniciativa de especial relevancia que permitió a casi un millar de adolescentes disfrutar del espectáculo y conversar con el autor.



























