Ruth Ferrero es profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, analista especializada en el proceso de integración y ampliación europea, buena conocedora del derecho internacional público y la geopolítica en Europa. Ha trabajado en labores de asesoría política en el marco de la Administración General del Estado, en el Gabinete del Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales (2004-2006) y en el Gabinete del Presidente del Gobierno (2006-2011). En ambos puestos desempeñó funciones relacionadas con políticas migratorias y políticas europeas sectoriales. Colabora como analista de política internacional y europea en El Periódico y en otros medios de comunicación como Esglobal, www.ctxt.es, Política Exterior y La Noche en 24h así como en think tanks nacionales como el Real Instituto Elcano o la Fundación Alternativas. Este jueves participará en una conferencia dedicada a elaborar un boceto del horizonte la Unión Europea invitada por la Sociedad Cultural Gijonesa. El acto tendrá lugar a las 19.00 en el salón de actos de la Escuela de Comercio.
A lo largo de su historia, el proceso europeo ha pivotado sobre dos ángulos, la ampliación y la integración. El primero siempre ha sido sinónimo de más mercado, mientras el segundo abordaba los intentos de llegar a una mayor democratización y fortalecimiento de las instituciones comunitarias. Durante la pandemia, se reforzó el proceso “ad hoc” de la integración, después de intentos fallidos como la Constitución Europea o el Tratado de Lisboa. ¿Cree que el futuro de la UE pasa ahora por una nueva ampliación hacia los países del Este?
Creo que los dos procesos irán de la mano en el momento actual. Es verdad que en la pandemia vimos un momento “hamiltoniano” con esa aproximación de compra de deuda conjunta de los estados miembros, o con la suspensión, durante el semestre europeo, del techo de gasto. Vimos también que Bruselas estaba preocupada por determinados estados que se podían quedar descolgados como consecuencia de la Covid 19. Esto era mucho más gordo que la crisis financiera de la que se aprendió que las medidas de austeridad no habían servido para crear más cohesión social. Al contrario, había generado más desigualdades. la UE se había alejado de uno de los principios clave en la conformación del proceso comunitario: el principio de confianza mutua entre los Estados miembros. Esa desconfianza entre Estados que comienza con la crisis económica de 2008, se profundiza con la crisis humanitaria de 2015, provocando una fractura latente, que no se había hecho patente, la cultural entre países del norte y del sur y los países del este y del oeste. La Covid 19, en cambio, permitió en un momento muy tensionado avanzar a la fuerza en los procesos de integración. La cuestión ,entonces como ahora, era saber si el proceso de integración sería algo puntual en un momento muy serio y grave a nivel global o se mantendría en el tiempo.

La guerra en el este, entre Ucrania y Rusia desde el año 2022 tensiona aún mas la situación.
Y eleva la crisis de ese proceso de integración hacia los parámetros de una crisis geopolítica del marco europeo. Durante la pandemia, Bruselas se da cuenta de las vulnerabilidades que tenía la manera en la que había articulado el proyecto. Se tensiona la manera en la que variables como el hardpower en seguridad y defensa determinan otros conceptos como el avance del softpower, es decir, la influencia y marcos regulatorios en el mundo. La guerra pone de manifiesto que el proceso de deslocalización industrial, durante la época más dulce de la globalización, agudiza aun más la toma de conciencia de la falta de capacidad para trabajar con esta crisis. Discrepo de muchos analistas que plantean que lo que hace falta en este proyecto europeo es mas seguridad y defensa en el marco europeo. Son los que defienden que las democracias están amenazadas por la Federación Rusa. No creo que la UE esté amenazada por Rusia, pero sí creo que Ucrania lo está, del mismo modo que tampoco pienso que Ucrania represente una democracia. Todo esto genera un imaginario en Europa y en EEUU sobre la base de la defensa de los valores y los principios que se deben de proteger. En el fondo, se trata de imponer la idea de que para defender los principios y valores europeos es necesario activar un proceso de rearme. Se plantea que Rusia seguirá amenazando más territorios y ese planteamiento no es real. Las multi-naciones geopolíticas de Rusia tiene que ver con la defensa de territorios que considera esenciales para su seguridad que con el hecho de que Rusia haya activado el hardpower y planee amenazar otras democracias
Ciertamente, Ucrania supone una anomalía en el proceso de integración europea. Es un candidato que difícilmente podrá cumplir con los criterios económicos pero tampoco creo que pueda cumplir con los democráticos y las bases de un estado de derecho. Incorporar Ucrania altera completamente el proceso de ampliación de la UE y creo un debate ficticio. Se incorpora a un candidato que por razones objetivas internas y externas, munca podrá estar.
Una de las cuestiones simbólicas más relevantes que ha dado paso a una herramienta de política exterior que es la ampliación se ha revitalizado. Veníamos de una época en la que se había asumido que tras las ultimas ampliaciones, el proceso de incorporación de nuevos estados había quedado en stand by. La posibilidad de trabajar con los países vecinos desde una perspectiva transformadora no ha dado resultado en el norte África tras las revueltas árabes, no dio resultado los procesos de influencia de Ucrania, a la vista de los acontecimientos del año 14 y a partir de ahí es cuando se decide optar por la otra opción, no trabajar sobre procesos transformadores sobre la base de un modelo normativo con propuestas como la idea de la Europa amplia, sino que se apuesta por trabajar por una Europa geopolítica que ya fue defendida por Josep Borrel antes de la Covid-19 y la invasión Europa, la idea, la necesidad de querer que Europa comience a decir algo más en el tablero global. Pero genera mas dudas, de que manera se puede construir un marco europeo geopolítico que sea fuerte cuando vivimos una crisis de las democracias liberales reales, con disidencias internas fundamentales dentro de los procesos democráticos, cuando vemos que esas democracias han favorecido construcciones de marcos que han abundado en las desigualdades sociales, no han avanzado en la renta social, no han respondido a las demandas de los ciudadanos y sólo dan respuesta a las demandas más elitistas que están en el origen del proyecto de Shuman y Monnet que tenían una visión vertical de Europa que ha beneficiado únicamente a las élites económicas. Esto opera sobre todo el proceso de construcción del proyecto europeo, cuando tu incorporas a una serie de estados cuyo principal interés para estar en el marco europeo era la incorporación al mercado único, son los países del este, triple transición económica, social y política, proceso nacional, pues generas mas disrupciones, que lejos tiene que ver con las democracias asentadas de la Europa de los 15 sin fisuras.

Jacques Delors dejó una Europa bastante aquilatada en 1992. Cuando se produce la gran ampliación en el 99, hacia países del este, se ha llegado al final de la guerra de Yugoslavia. El proceso de incorporación de algunos países del Este produce un desequilibrio económico brutal y cultural, y vuelve a aparecer un debate viejo, el de la Europa de las dos velocidades. ¿Cree que vamos otra vez hacia ese debate?
Efectivamente ese debate se produjo, pero no se si es esencialmente el que tenemos ahora. Creo que la discusión se acerca más en este momento a la delimitación de la fortaleza real de las democracias liberales y la manera en que han evolucionado y han respondido los factores intermediarios. Lo vemos en Italia. No es ningún estado incorporado en el 2004, sino que es un estado fundador. Eso es lo más significativo. Miramos a Polonia, Hungría o Eslovaquia, que se incorporaron más tarde y pasaron por procesos de transición traumáticos, países a los que les fueron aplicados formulas de transición económica que fueron una auténtica terapia de choque y que dejaron a una buena parte de la población desprotegida. La Europa social no está siendo dominante en el marco europeo y es una cuestión por la que hay que apostar. En ese punto, Bruselas ha avanzado en aquellos factores que tienen que ver con la integración económica que favorece las transacciones de capitales pero se ha alejado de aquella que favorece los derechos de los trabajadores. La respuesta de una Europa geopolítica a través del proceso de ampliación responde a la necesidad de no perder influencia en los territorios de los países que se van a incorporar pero habrá que ver cuándo sucede, cómo y de que forma y en cualquier caso, si continuará siendo sin construir desde abajo. La reforma necesaria tendría que ir más allá de los procedimientos de toma de decisiones, que serán esenciales porque pueden generar desequilibrios en las distintas alianzas históricas del marco europeo, pero será necesario que se construya también con el visto bueno de la ciudadanía que, por otra parte, está apostando por opciones políticas que contestan el modelo democrático liberal.
El proceso europeo que se ha construido tras la Covid-19 y la guerra en Ucrania propició el impulso de políticas económicas expansionistas que, sin embargo, no tuvieron su correlato en el apaciguamiento de las reacciones más antieuropeas. Al contrario, el presidente del PPE, Manfred Webber ha alentado la estrategia de pactar con la extrema derecha en los parlamentos nacionales y en el europeo poniendo serios aprietos el proceso democrático europeo, proceso que tendrá su gran combate en las elecciones del próximo 9 de junio.
Hay algo que me hace reflexionar estos meses: hasta qué punto la derecha más moderada democristiana no ha fracasado en el proceso de autocrítica y de renovación de sus ideas y de sus propuestas en el marco europeo. Las derechas radicales no son el problema. El problema está en las derechas moderadas apoyadas por las extremas derechas que les compran la agenda política. Se presupone que un partido conservador es una fuerza legitima que, históricamente, se encuentra entre los partidos mainstream y en el sistema de partidos. El problema es que, aparentemente, no se les puede acusar de antisistema por incorporar políticas publicas que proceden de las ultraderechas. Resulta indiferente que se pacte o no con la extrema derecha, que se apoye un gobierno desde fuera si el desarrollo final de esas políticas las llevan a cabo partidos maisntream de derechas o izquierdas que han incorporado esa agenda. Tenemos el ejemplo del gobierno socialdemócrata de Dinamarca que acaba de reformar la ley extranjería y de asilo en Africa. No es algo que sea ideológico en el sentido de que se quede acotado al marco de la derecha.
La fisura está en la forma en que se abordan las propuestas.
La derecha no ha sabido abordar cómo quiere construir y de qué forma el derecho europeo sin que se queden anclados en los postulados de Shuman o Monnet, postulados sostenidos en una Europa democristiana frente a los otros, durante el proceso de descolonización. Europa entonces quería diferenciarse de los que no querían seguir siendo colonias. Era una Europa heteropatriarcal y todos estos factores funcionaron en la Europa de la ampliación y la integración, son factores que pervivieron desde la Europa fundacional. El problema es que continuar reivindicando estos factores hoy hace que los partidos democristianos no se distingan de gobernantes como Urban en Hungría. ¿Cómo respondes ante eso cuando tu genealogía política no ha avanzado? Tenemos el ejemplo de Aznar que defendía esos postulados cuando se deliberó el ingreso de Turquía y, desgraciadamente, esos postulados no han variado. Hay ítems en la agenda política como el tema migratorio donde queda muy patente. Sobre estos ejes es por donde avanzamos La integración económica está encarrilada pero parece que no sobre los valores del articulo 2 del tratado de la UE. La propuesta de una construcción de la Europa geopolítica corre el riesgo de abandonar los valores del artículo 2 a favor de las políticas inspiradas en la seguridad, esto es, en detrimento del estado de derecho y el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos.

Por gobiernos como el de Meloni, Italia habría estado bloqueada como lo fue Austria en la Europa de hace 20 años.
Por lo tanto, se verifica que ha habido un retroceso. Podemos querer ser geopolíticos pero no somos capaces de poner pie en pared, porque no se quiere perder influencia. Tenemos que replantearnos qué Unión Europea queremos construir y es algo que no se ha planteado a las poblaciones europeas. Queremos volver a ser una potencia en el marco de suministros, en el energético, pero si tenemos que tomar estas medidas debemos saber si estamos de acuerdo sí o no y qué la reforma del modelo fiscal que no se ha conseguido desde Maastrich, que estaba muy ben y sin unión fiscal no iba a funcionar, si no es así, el dinero no da para todo. Y ahí es donde estamos. Apostar por el discurso del miedo y la seguridad solo beneficia a las derechas radicales.
Balance del semestre europeo presidido por España.
En el deber hemos conseguido cerrar un pacto europeo de derecho asilo que, en la práctica significa menos Europa, la Europa de los valores y la solidaridad. El pacto en materia de migración y asilo vulnera el derecho internacional de asilo en la forma en que se articula o se construye. Me sorprende que con esta terminología de la Europa fortaleza, ahora que realmente estamos poniendo más ladrillos en esa construcción, se habla menos. La securitización de las fronteras exteriores es extremadamente peligrosa y pone en cuestión la defensa de los valores de derechos humanos de la que hace gala Europa. Nos estamos igualando en peso político y también en la vulneración de derechos humanos. Lo vemos en Ucrania y en Gaza donde queremos ser un actor político pero somos incapaces de unirnos para defender el derecho a la vida en Gaza mientras si lo somos para reconstruir la industria armamentística.
¿Y de cara a las próximas elecciones europeas?
Las elecciones de junio serán muy determinantes. Desde el Tratado Lisboa, las presidencias rotatorias del Consejo tienen una capacidad de maniobra limitada que no marca las líneas políticas. Es más determinante la presidencia del Consejo Europeo, en manos de Charles Michel. La siguiente presidencia será a partir del mes de julio y recaerá en Urban. La previsión es un crecimiento de las derechas, caída de los verdes y de las izquierdas. El PPE continuará siendo primera fuerza con un incremento de las fuerzas de ultraderecha.



























