¿Cuál será el porvenir de la política asturiana durante 2024 después de estos siete primeros meses tan polarizados y tan intensos que se han vivido, afectados por la política española, a raíz de los resultados del 23 de julio? ¿Qué puede ser de Asturias en términos políticos en 2024? Podemos entrever algunas cosas: la interacción entre la política de la FSA y el Gobierno será determinante. Este año será una vorágine de congresos. Por otra parte, la interacción entre la política nacional y la política regional volverá a ser otro factor importante. Tampoco debemos olvidar que habrá elecciones el 9 de junio al Parlamento Europeo y que también habrá elecciones presidenciales en noviembre en los EEUU. Y por supuesto, tampoco debemos obviar que habrá unas elecciones autonómicas dentro de cinco semanas en Galicia y, posteriormente, otras en el País Vasco. Todo eso, en mayor o menor medida, afectará a la agenda política asturiana.

Los pellets han perturbado las elecciones gallegas. Serán elecciones de alta intensidad porque del resultado que coseche el presidente autonómico Alfonso Rueda, se abrirá o no una enorme crisis interna en el PP que podría escribir el punto y final a la trayectoria de su presidente, Alberto Núñez Feijóo y abrir un periodo convulso en la derecha española. Adrián Barbón se ha colado esta semana en la precampaña gallega al anticiparse al gobierno de Rueda, activando Plan de Emergencia por contaminación marítima. En un ejercicio de reflejos al que el presidente asturiano no nos tiene acostumbrado (recuerden la lentitud con la que declaró su enfado por los fallos en la licitación de los trenes de cercanías frente a la determinación de Revilla, el presidente, entonces, de Cantabria), Barbón ha sabido ver ahora que su gobierno debía dar un paso al frente y prevenir cualquier situación de riesgo, adoptando las medidas que fueran necesarias. En política, los reflejos y la prudencia son poderosos aliados.
Aprobados los presupuestos generales del Principado, hace apenas dos escasas semanas, con el apoyo parlamentario de Covadonga Tomé y de Adrián Pumares (Foro), este viernes el gobierno ha anunciado que su portavocía será ejercida por el consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, abogado e inspector de Hacienda del Estado y, sobre todo, la gran revelación política de esta legislatura, mostrando un discurso político firme, sólido y contundente en la defensa de un sistema tributario justo y progresivo que incluya el impuesto de patrimonio, el impuesto de donaciones y el tributo de sucesiones como uno de los pilares sobre los que el gobierno pretende mantener una política fiscal justa que sea realmente distributiva de la riqueza en Asturias. Guillermo Peláez puede ser la referencia autonómica sobre la que se mire la izquierda cuando haya de que confrontar la política fiscal con el gobierno de Isabel Díaz Ayuso. El refugio climático que más inversión hace en sanidad, educación y servicios sociales frente al paraíso fiscal que trata de atraer grandes capitales.
En Nortes hemos venido en llamar a Guillermo Peláez nuestro Harry Callahan precisamente porque ha sabido contener a la oposición con un discurso creíble que, incluso, gusta y mucho a sus socios de gobierno, a IU y al conjunto de partidos que integran Convocatoria por Asturias. Es demasiado apresurado afirmar que Peláez sea la figura que releve a Barbón en la Presidencia del Gobierno, aunque sí es la persona que podría demostrar estar en condiciones de hacerlo dentro de tres años. Manejar un presupuesto, redactarlo, negociarlo, es conocer el mapa y, a la vez, tener la capacidad para transformar su territorio. Hasta ahora, sólo hemos conocido a un consejero que sabe batirse dialécticamente en los sótanos de Fruela contra la oposición mediante un discurso armado sin fisuras, pero ser portavoz del ejecutivo exige también tener sensibilidad, carisma, versatilidad y capacidad para defender toda una gestión en su conjunto, tanto a las duras como a las maduras. Ser el hombre del presupuesto le debería haber impregnado de la agilidad y la sensibilidad, los reflejos y la prudencia necesarios para comunicar la acción de su gobierno.

Peláez tiene un buen espejo donde mirarse en la trayectoria de la Ministra de Hacienda y Primera Vicepresidenta del Gobierno español, María Jesús Montero, mando derecha de Pedro Sánchez, quien supo ser permeable a los problemas de la ciudadanía y, al mismo tiempo, mantenerse firme y beligerante en la toma de decisiones, mientras fue su portavoz, sin restar espontaneidad, control y rigor en los temas. Cada portavoz tiene su propia personalidad y comunicar es una labor difícil para la que no todo el mundo está capacitado. Como primer consejo, no está de más recordar al nuevo portavoz que los problemas de comunicación no existen, son siempre problemas políticos. Y por cierto, este sábado se conocerá, por fin, el contenido de los planes de Umicore en El Musel, una vez se hagan públicos los fines para los que la multinacional belga solicita más de 460.000 metros cuadros de espacio. Será un buen momento para que el nuevo portavoz explique la posición del gobierno y nos convenza.



























