Banlieue es la palabra francesa con la que se denomina a la periferia de las grandes ciudades. Aunque existen tanto banlieues burguesas y acomodadas, como banlieues obreras y populares, con el uso, el término se ha ido quedando sobre todo para referirse a estas últimas.
La banlieue obrera floreció en los años 60 y 70 en los extrarradios de las ciudades francesas, con un estilo arquitectónico bien reconocible, que puede encontrarse casi en cualquier lugar del mundo: frío, moderno y pretendidamente funcional. El objetivo era proporcionar vivienda pública a los grandes contingentes de trabajadores y trabajadoras que necesitaban las industrias y servicios franceses, en plena expansión durante los llamados “treinta gloriosos”. El paso del tiempo no trató sin embargo bien a estas moles de hormigón que se levantaron en un tiempo récord, muchas veces en mitad de la nada, a grandes distancias de los cascos históricos de las urbes. Llegados al final del siglo XX los grandes bloques de viviendas de inspiración lecorbusieriana habían envejecido mal y el modelo se encontraba ya muy cuestionado por urbanistas, políticos y ciudadanos. Tanto que algunos ayuntamientos optaron por ir a la demolición con explosivos de muchos de estos edificios, algunos de ellos muy degradados.

Gracias a un amigo ingeniero, el fotógrafo Mathieu Pernot pudo presenciar y fotografiar algunas de estas demoliciones a principios del siglo XXI. De aquello salió una espectacular serie fotográfica que desde esta semana se muestra en el Niemeyer dentro de la retrospectiva que el centro cultural avilesino dedica al fotógrafo francés. La exposición “Documenta/Monumento”, organizada por Fundación MAPFRE y comisariada por Victoria del Val, se articula por medio de una docena de series y grupos de imágenes, entre ellos la serie dedicada a la demolición de viviendas en los extrarradios.
El fotógrafo ha querido que las imágenes de las detonaciones estén acompañadas de una muestra de postales de los años 60 y 70, para que el púbico comprenda “cuando la gente vivía como un progreso irse a estos bloques”. Pernot señala que hay que ponerse en el contexto de la época: “para la gente que venía de vivir en barracones o en casas de muy mala calidad mudarse aquí fue un progreso”.


Viajemos pues en el tiempo a los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Las ciudades francesas se reconstruyen casi al mismo tiempo que deben acoger la gran migración del campo a las urbes, la súbita repatriación en 1962 de 300.000 franceses de Argelia, y las sucesivas olas de migrantes procedentes del sur de Europa y de las colonias y ex colonias francesas.
Durante un tiempo la banlieu significa una mejora en la calidad de vida
Durante un tiempo la banlieu significa una mejora en la calidad de vida, pero llegados a los años 80 el modelo ha entrado en crisis. Y es que a medida que algunos de estos emigrantes prosperan van abandonando los bloques, que se quedan con aquellos a los que ha ido peor o con los nuevos migrantes, mucho más pobres. Las políticas neoliberales suponen también una desinversión en estos barrios cuyos bloques, a menudo no construidos con los mejores materiales, van deteriorándose. Progresivamente convertidos en guetos de los franceses más pobres, desde principios del siglo XXI vienen siendo el escenario de periódicos motines, generalmente con la violencia policial como elemento detonante.


“Mirándolo desde el punto de vista actual fue un error hacer ciudades tan separadas del resto de la ciudad. No ayudó a la gente a integrarse” reflexiona Pernot sobre unos edificios que en muchos casos se han demolido para ser sustituidos por nuevos bloques de menos alturas, y escala más humana. El fotógrafo explica que las demoliciones, que remiten a un imaginario de guerra, han tenido algo de “espectáculo” por parte de las alcaldías.
Algunos arquitectos y urbanistas han criticado estas demoliciones y han abogado por conservar los edificios, pero rehabilitados y reformados. Un ejemplo de ello son los premiados arquitectos Lacaton & Vassal que han trabajado en el embellecimiento de estos edificios, así como la mejora de sus interiores con la creación de terrazas y grandes ventanales.


Pernot prefiere no pronunciarse en el debate sobre si hay que conservar o demoler los grandes edificios del desarrollismo francés, “No es mi papel, prefiero que el espectador vea las fotos y saque su conclusión”, pero tiene claro que el urbanismo es una parte, pero no suficiente para solucionar los graves problemas sociales que tiene Francia.
Hasta el 31 de marzo puede visitarse la exposición que muestra por primera vez en Asturies el trabajo de este fotógrafo francés, ganador de algunos de los premios internacionales más prestigiosos. Toda la información sobre los horarios y visitas está disponible aquí.



























