Las consultas están llenas y también la demanda de psicofármacos. Crece la intervención psicólogica y psiquiátrica, pero no la salud mental. ¿Hemos llegado pues a una crisis de crecimiento del éxito en la psiquiatría y la psicología? Esa es la pregunta que los psiquiatras Guillermo Rendueles y Mariano Hernández Monsalve trataron de responder este martes en un acto sobre Psiquiatría y Sociedad en la Semana José Luis García Rúa.
“Ir a terapia ha pasado del estigma a estar en las conversaciones y los profesionales nos estamos enfrentando a un cúmulo de problemas, sobre todo todo malestares del vivir, a los que no siempre tenemos remedio”, explica Hernández Monsalve, sobre el boom de la demanda de servicios psicológicos. Para el ex presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría-Profesionales de Salud Mental (AEN) “el número de problemas malestares crece y no siempre tenemos remedio para ellos porque muchos tienen un profundo arraigo social”. Son problemas que se derivan del trabajo, de la cultura del narcisismo y del éxito, del debilitamiento de los vínculos comunitarios o de “la obligación social de estar siempre felices y disfrutando”. Tanto Hernández como Rendueles señalan que estos malestares necesitan cambiarse en la sociedad, y que en la consulta lo único que puede hacerse es paliar el sufrimiento. “Los psiquiatras y psicólogos no tenemos remedio para todo” coinciden ambos.
Guillermo Rendueles: ” “está demostrado que el tratamiento obligatorio no funciona”.
Para Rendueles quienes sufren no deberían fiarlo todo a los psicólogos, sino también buscar redes comunitarias, lazos de amistad y solidaridad más allá de consultas y gabinetes. La supresión de la homosexualidad como trastorno mental sería un ejemplo de cómo la sociedad al cambiar su visión de la sexualidad y las relaciones de género puede eliminar lo que hasta hace no tantos años era motivo de terapias y de infelicidad para quienes acudían a los psiquiatras a “curarse” de su atracción por personas de su mismo sexo. Sin embargo, Rendueles pone también el foco en las partes negativas de una sociedad en la que el envejecimiento de los mayores en residencias considera peor y más triste que hace unas décadas, “por mucho que la psiquiatría haya hecho grandes progresos científicos”.
Para el psiquiatra gijonés Alcohólicos Anónimos y otras terapias de grupo han logrado muchas veces mayores niveles de éxito que los tratamientos individualizados, precisamente por esos lazos comunitarios que construyen. “La salud comunitaria está bajo mínimos” apunta Hernández, que no se muestra muy convencido de que aumentar la legislación sobre salud mental vaya a resolver el problema de salud mental si a nivel social no se ponen en marcha cambios que mejoren el bienestar de las personas: “tenemos problemas que requieren una solución transversal”.

Rendueles se muestra también rotundo contra la idea de sustituir el castigo por la obligación de acudir a terapia, por ejemplo en el caso de los maltratadores: “está demostrado que el tratamiento obligatorio no funciona”.
Ambos psiquiatras están también alarmados por el altísimo consumo de psicofármacos, por ejemplo anfetaminas, entre personas cuyos malestares no tienen la gravedad de un trastorno mental. También porque se esté dando marcho atrás en prácticas que parecían eliminadas desde la reforma psiquiátrica de los años 80, como la contención de pacientes a través de ataduras. Un asunto que ha motivado incluso un movimiento de profesionales para eliminar lo que consideran un retroceso.



























