“Sin proyecto de país, Sumar no tiene futuro en Asturias”

Xandru Fernández publica"La herencia recibida", una novela con Podemos y la abdicación de Juan Carlos I como telón de fondo.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Xandru Fernández (Turón, 1970) acaba de publicar “La herencia recibida”, un nuevo Episodio Nacional dentro de la serie concebida por la gran editorial Lengua de Trapo y la colaboración del Círculo de Bellas Artes de Madrid que, retomando el gran proyecto de Galdós, está revisando desde la novela, un tiempo recental que son los últimos 24 años de este primer tercio del siglo XXI. Su prosa es a un tiempo acelerada y morosa, reflexiva y visceral. Hay en ella el intento de explicar qué fue en Asturias y en una ciudad del Norte, la implosión de Podemos. Pero en su última novela, además de un partido, además de un sujeto, es también un paisaje que envuelve a sus protagonistas de una esperanza pero también la sospecha dede una decepción. Xandru Fernández, profesor de filosfía, director del Instituto Fernández Vallín y miembro del Consejo Editorial de CTXT, conoce muy bien el paisaje Podemos que vivió hace 10 años y que hoy produce un alcohol destilado por la ficción y por el paso del tiempo, el pensamiento detenido y la distancia alcanzada que han servido tanto para conjurar los demonios del pasado como para iluminar una explicación que de sentido al devenir político y sentimental de una ciudadanía, hasta cierto punto, desheredada del futuro.

Comencemos por el final: “Y que ya nadie se acuerde que fuimos jóvenes, mezquinos y ambiciosos”. ¿Podemos pudo ser el inicio de un cambio político frustrado por la mezquindad, la ambición y la juventud?

A nivel generacional, te diría que sí. Pero hay que matizar. Hace 10 años yo no era joven, espero no haber sido mezquino y ambicioso…, sí. Los que protagonizaron ese cambio de ciclo pecaron, a brocha gorda, de esos tres vicios. Hay esos tres elementos. Por un lado está la juventud, porque era mayoritariamente gente joven quien lo protagonizó. Veníamos de unos años en los que las élites políticas habían envejecido con el régimen, casi como una nomenclatura. Los protagonistas de la Transición se convirtieron en los Bresnev y Chernenko de turno. Era gente muy envejecida ya, que había ocupado responsabilidades de gobierno siendo muy jóvenes. Hubo dos generaciones posteriores a los protagonistas de la Transición cuyo acceso a cargos de responsabilidad o puestos de representatividad les había llegado muy tarde. De manera que iniciado el 2000, se produce un cuello de botella en el que confluyeron gente de los años ochenta con gente muy joven que se estrenaba en política o que habían tenido el primer bautismo político con José Luis Rodríguez Zapatero, con el 11-M y que, por un sentir de frustración ante la deriva de la segunda legislatura de Zapatero, protagonizó el 15M después. Esa generación era ambiciosa porque le corresponde a la juventud serlo.

¿Y la mezquindad?

Lo de la mezquindad entra en la esfera de lo opinable.

Pero queda registrado en la novela como un hecho para el narrador.

Que no necesariamente he de ser yo, pero sí, hubo mucha mezquindad . Cuando un movimiento social de amplio espectro como el 15M se intentó encajar en los rieles de la política institucional, iba absorbiendo elementos que procedían de fuera de su trayectoria, elementos que se incorporaban bien porque habían visto una oportunidad de negocio, bien porque habían descubierto un motivo para alimentar su prestigio personal… En cualquier caso, la locomotora que impulsaba ese movimiento fue cogiendo velocidad y, a su vez, ese mismo movimiento también fue centrifugando a otra gente, sobre todo a la que se había incorporado desde el principio y no se adaptó a los rieles de la política institucional. Entonces, lo que afloró, lo que se vio, en ese primer plano, fue la mezquindad.

La herencia recibida habla, en ese sentido, de los daños colaterales que produce la política, los efectos de ese frenesí, en personas ajenas a la presión y las reglas que imponen esos rieles de la política institucional que tu dices. Personas con sus problemas domésticos y sus aspiraciones que terminan desolados, sin haber pretendido protagonizar nada. Creo que queda muy patente que la política puede ser, en ese sentido, una trituradora, un conflicto que no hace prisioneros.

Hay una gran política y una política pequeña y lo que aflora en la novela es la política pequeña. Cuando se articula un movimiento que tiene la posibilidad real de dar un giro a la política española, eso genera una expectación. Somos muy amigos del vencedor o del candidato a vencedor. Nos gusta codearnos con el triunfo y eso atrae muchas trayectorias personales de dudosa procedencia que, no sé si decir que enfangan, porque no sería una lectura correcta y nos obligaría a hablar de una pureza, de algo puro que se mancha, en un relato falsamente épico. Pero sí es verdad que un movimiento que aspiraba a ser mayoritario y encauzar la voluntad de miles y miles de personas y aspiraba a representar a todo tipo de personas, provocó, en muchos casos, que hubiese codazos, que hubiese mezquindad, ambiciones e intereses inconfesables. Y citando a un periodistas asturiano, también estaba presente el factor humano, ese elemento que aparece en la novela de Graham Greene, que está muy presente en la política. Desde el plano cenital de la novela de Greene, observamos el apartheid en aquel momento como un momento diáfano. En cambio, cuando desciendes la cámara, te vas encontrando con la particularidad personal de cada personaje y observas que esa particularidad lo mismo obra en una dirección virtuosa que una dirección mezquina. Eso se nota cuando nos acercamos a los escenarios que no están en el foco de Madrid, cuando observas el componente humano de esa renovación generacional. Un amigo mío, Ángel Heredia, ilustrador, diseñador gráfico y humorista encubierto, hizo un comentario a cuenta del momento en el que se celebraron las primeras primarias de Podemos. Entonces Heredia dijo “ahora que les ponemos cara a los de Podemos, podemos empezarles a poner la cruz”. Porque Podemos, hasta entonces, era una idea y cuatro bustos parlantes que eran los que veías en La Sexta. Cuando comenzabas a ver quiénes eran tus referentes en tu barrio, en tu pueblo, en tu ciudad, en tu comunidad autónoma, era cuando en realidad te dabas cuenta de que ese proyecto ibas a tener que construirlo con gente con la que no estarías muy cómodo compartiendo una cerveza.

Xandru Fernández. Foto: David Aguilar Sánchez

La novela va desvelando casi desde el comienzo el desencantamiento en el proceso en ese contexto.

Hay mucho de necesidad personal de contar lo que yo viví como parte de ese proceso, al menos, en los inicios de la formación de Podemos en Xixón. De hecho, esta novela tuvo una primera redacción que era completamente ilegible pero que a mi me sirvió para conjurar mis demonios. Y ciertamente, puede haber mucho desencanto porque se vivió así, como lo vivieron tantos otros, algunos años después.

Te remito al desencanto y no al resentimiento

Yo creo que resentimiento hubo menos y desencanto tampoco fue exactamente lo que se produjo. El desencanto…

Sí, es verdad, remite a un relato muy manido, precisamente de otro ciclo político anterior.

Hay siempre una tentación a la hora de hacer el paralelismo entre lo que significó la deriva de Podemos entre el 2014 y el 2024 y lo que pudo haber sido el viraje de la izquierda española entre el 78 y el 88, eso que se llamó “el desencanto” que venía motivado porque una parte mayoritaria de la izquierda que había llegado al poder, también había generado unas expectativas que después no se cumplieron. También porque se había provocado un “efecto llamada” con la renovación de las élites españolas en la Transición. Pero esa renovación, entonces, no se hizo con bebés probeta sino con gentes de orígenes muy diversos, incluso, de adeptos al régimen. En el caso de Podemos, sucede lo mismo. Hay un paralelismo en una primera lectura que puede ser significativa. Pero en una segunda lectura no existe ese paralelismo, porque la diferencia entre el Podemos de 2014 y el PSOE de los 80 es que este gobernó durante 14 años y aquel no gobernó nunca. A lo más que llegó fue a tener unos ministros de una forma bastante agónica y con un partido muy rebajado con agua o casi diluido, con un papel dentro del gobierno de Pedro Sánchez que, no voy a decir que fuese anecdótico porque no sería justo, pero muy por debajo de las expectativas que había creado.

Foto: David Aguilar Sánchez

Y supongo que con el desencanto se está al borde de la frustración.

Con el desencanto de las promesas incumplidas, llega también el efecto psicológico que provoca saber que el buque insignia de una ruptura con el régimen del 78, que era lo que pretendía ser o aspiraba ser Podemos, y que fue vivido así por millones de personas en toda España, el hecho de que no fuera eso y que se convirtiera en un partido empresa sin mirar a los que ya existían, ciertamente, generó una frustración colectiva. No pasa nada por decirlo porque es muy sano verbalizarlo y, además, es una lectura correcta de ese periodo.

¿Por qué eliges, tratándose de unos episodios nacionales, el comienzo de un periodo que abarca, en realidad, quince años?, ¿Por qué eliges ese momento germinal y no tanto uno más seminal como aquel en que Podemos logra entrar en el gobierno de Pedro Sánchez?

Por dos razones interrelacionadas. Una es que me interesaba la ruptura que simbolizaba Podemos con el régimen del 78 y mientras observo el símbolo, también detecto la primera señal de alarma que, al menos, así lo interpreté yo, hacía prever que eso parecía que no iba a ser así. Y fue justamente con la abdicación del Rey. El Rey abdicó y la consigna interna en Podemos y la manera de interpretarla por sus simpatizantes, no tanto los militantes porque entonces no existían, era que la abdicación del Rey había sido una consecuencia del éxito de Podemos en las elecciones europeas. Dicho de otra manera, de qué forma, aquel éxito en esos comicios, podía impulsar un vuelco electoral en unas generales. Y justo cuando Juan Carlos abdica, Pablo Iglesias se coloca de perfil. La consigna fue que Podemos no se iba a implicar, que no iba a hacer sangre con esta movida, porque eso significaría dejar a un lado la transversalidad y rebajar el carácter “atrápalo-todo” que tenía el partido al principio; una transversalidad basada en la indefinición. Plantearse como exigencia el proceso constituyente de una tercera república fue visto por Pablo Iglesias y por algunos de su entorno más próximo como una estrategia errónea. Entonces Podemos, ante la abdicación, se sitúa de perfil y ahí se genera la primera señal de alarma. Conviene ir rebajando, por lo tanto, las expectativas.

El suflé comenzaba a bajar.

Claro. Si se hubiera tenido una visión más larga, aquel habría sido un buen momento para meter el estoque y no se hizo. Pero “La herencia recibida” no es, ni mucho menos, una novela sobre Podemos.

“esta no es, ni mucho menos, una novela sobre Podemos”

Es una novela con paisaje Podemos.

Claro. También me interesaba, por otra razón distinta esta novela y tiene que ver con la novela en sí misma, que al margen de sus circunstancias vividas, los personajes comparten una relación conflictiva con el padre y la madre. Todos forman parte de la misma generación, todos comparten el hecho de que, de alguna manera o de otra, fueron estirando la juventud hasta más allá de los límites biológicos. Intentado encauzar su vida, deliberadamente o no, se fueron dejando llevar. Todos tienen esa relación que invita, no tanto a matar al padre o a la madre, sino a esperar a que abdique. Y esto tenía que ver con lo que estaba sucediendo con la Casa Real. La generación de Felipe VI o la mía no solo forman parte de una generación política, sino que se ven en el brete vital de decir que somos adultos pero que no lo somos desde ayer por la mañana, sino desde mucho antes, aunque haya sido ahora cuando nos hemos dado cuenta. De modo que necesitamos ocupar el lugar que nos corresponde.

Esto que me cuentas no deja de ser una mirada bastante existencial y conflictiva de la realidad de nuestro tiempo. Es el retrato de una generación que no ha sido capaz de romper el cordón umbilical con su pasado familiar ni tampoco ha podido crear algo nuevo que pueda sentir como propio. Aunque pueda parecer baladí, es algo que estoy pensando ahora: creo que, en parte, el debate que hay sobre el impuesto de sucesiones es un debate recurrente que nos habla de la herencia recibida como único plan de futuro.

El debate de sucesiones hay que ponerlo en un contexto. Estamos acostumbrados a los mitos y, sobre todo, la izquierda. Nos creemos que hay ciudades de izquierdas y de derechas. La más grande de Asturias, Xixón, es una ciudad de rentistas y, además, rentistas viejos que, en una década o dos, dejará sus posesiones a la gente de mi edad que se sitúa entre los 45 y los 55 años. No es nada descabellado lo que piensas porque en una sociedad tan envejecida, el segmento poblacional que tiene voz son las clases medias que en Asturias son las rentistas. No creo que Oviedo esté lejos de ese modelo. Somos una generación muy acomodaticia, criada al calor de la tele.

Foto: David Aguilar Sánchez

Pero si trasladamos este regla de tres a la política resulta realmente desolador. Significaría que esperamos la herencia política de nuestros predecesores para planificar los 20 próximos años de existencia de este país y eso vendría a significar que la izquierda no tiene proyecto.

Llevamos huérfanos de proyecto 25 años.

Precisamente, en La herencia recibida, el devenir sentimental y político van de la mano sin proyecto político ni personal.

Sí. Van de la mano. La similitud no es automática porque los hechos diferenciales en esto existen. Hay una similitud entre la situación española y asturiana. Somos muy homogéneos en lo peor. Somos una sociedad muy conservadora. Fuimos la primera generación que dio la mayoría absoluta a José María Aznar. Somos conservadores por sistema y somos la primera generación con ese componente pero que, curiosamente, no se ve reflejada en los análisis políticos de los partidos de izquierda ni de derecha. Digamos que a la derecha le beneficia esta situación pero no lo ha visto en su radar. Esta herencia le da unos réditos de rebote sin que hayan hecho nada para merecerlo. Y la izquierda es la gran perjudicada.

“Llevamos huérfanos de proyecto 25 años”

Puede que también lo haya visto y nosotros no nos hayamos dado cuenta.

Exacto. En política las cosas se demuestran por los efectos que genera y si no hay efectos, pues no hay cosa. En la segunda mitad de la década de los 90, no es que se hubiera producido una desencanto generacional. Lo que sí hubo fue un encantamiento político que llegó de forma apolítica. Lo más habitual entonces era decir “yo soy apolítico”. Ni antes ni después tuvo tanto éxito el apoliticismo. También fuimos los pioneros en consumir. Nos echamos de cabeza a la sociedad de consumo porque podíamos hacerlo y porque, prácticamente, fuimos diseñados desde la cuna para hacer nuestra vida como consumidores antes que como ciudadanos o militantes.

En los 80, que éramos unos guajes, el consumo se celebraba. Se celebraba la compra del televisor, se celebraba la compra del coche, del piso. El consumo era un acontecimiento porque se festejaba el poder adquisitivo. En cambio, tras la mayoría absoluta de José María Aznar, el consumo se exhibe y se convierte en un elemento consustancial de la manera de vivir de la gran mayoría.

Pero ahí es donde Asturias es diferente. En Asturias, por la composición de clase, por las circunstancias de la Transición, hay un modelo asturiano de cultura de la Transición diferente. Por otros factores que llevaría mucho enumerar, en Asturias se retrasa. Y por eso, es partir de finales de los 90 cuando la vida social se convierte en una sucesión de ritos de paso, basados en una sucesión de adquisiciones de bienes de lujo ostensible, que se extiende hasta 2008. La segunda mitad de los 80 hasta la llegada de Tini Areces al gobierno del Principado son años muy duros en Asturias, en comparación con otras comunidades, incluso con las prejubilaciones. Son años de desmantelamiento de la minería, de la siderurgia, de la metalurgia, años de una conflictividad laboral tremenda. No podías celebrar la compra de un adosado porque apenas se construían. Solo a partir de finales de los noventa, el paisaje que tenemos a nuestro alrededor se transforma y es nuestra generación la que accede a todo eso y se lo puede permitir. Las ventajas financieras, las hipotecas concedidas sin ningún problema, los fondos mineros, todos esos factores son los que nutrieron bien todo aquello y, claro, también transformó el paisaje y la fisionomía de las ciudades. Es la época de las vinotecas. La sidra desaparece en gran medida de la vida social. La socialización en torno a la sidra acaba prácticamente sustituida por las catas de vino y la inauguración de las vinotecas. Fue una explosión en todos los sentidos. Toda esa nueva clase media que surge toma las vinotecas y, en el fondo, es muy precaria. Sólo es clase media de mentalidad porque, en la práctica, constituye un precariado convicto y confeso, más convicto que confeso que, además, deberá tener hijos con el cambio de siglo, tendrá que formar familias y amoldarse a los patrones culturales de la renovación familiar.

Y lo hace fatal

Como el culo. Crea un paisaje urbano invivible y lo hace desde la nada. El acuerdo con las élites políticas consistió en hacer borrón y cuenta nueva. Aquí se acabó la conflictividad laboral, aquí se acabó el poder de los sindicatos, aquí se acabó todo eso. Entramos en la era del emprendedor, en la era del individuo labrado a sí mismo. La administración te ayuda en tu empresa y en breve…Pues bien, todos esos sueños acabarían desembocando en la tragedia de la crisis del 2008 y qué te voy a contar a ti que no sepas. Pero así como hubo zonas de España donde el tejido productivo no sufrió tanto la transformación y siguió habiendo industria, Asturias no resistió y comenzó a hacerse más pequeña y vieja y eso tuvo unos efectos y uno es de llevar a cabo una práctica política por unos cuadros muy de de andar por casa.

Xandru Fernández y Víctor Guillot. Foto: David Aguilar Sánchez

Llegados a este punto y, tratando de mirar hacia el futuro, ¿crees que Sumar será una fase superadora de la izquierda, de IU y de Podemos? Me gustaría saber si ese proyecto que ahora discute sus planteamientos orgánicos y políticos, desde la transversalidad y sin una estructura orgánica, está tomando la dirección correcta.

Pues no lo sé.

Por lo tanto te genera dudas.

De nuevo, hay que separar lo que pueda ser la política asturiana de la española. En Asturias, Sumar no tiene futuro. Será anecdótico, puede cohabitar, tener una pequeña cuota de representación pero si el término de comparación es Podemos, Sumar está muy lejos de lo que pudo haber sido hace 12 años. Podemos llegó a tener 9 diputados en el parlamento asturiano la primera vez que se presentó a unas autonómicas. Se nutría de votantes y militantes que no venían de los partidos de izquierda tradicionales por no decir españoles para que no se me malinterprete. Podemos se nutría de un voto antisistema igual que cuatro años antes se nutrió de ese voto Foro. El perfil del votante era el mismo. Había un porcentaje muy significativo y determinante que no estaba dispuesto a votar ni al PSOE, ni al PP ni a IU, que rechazaba por completo el sistema de partidos pero no rechazaba implicarse y votar. Buscaban un nicho de algo que fuera diferente, específicamente asturiano. El primer partido que lo moviliza es, en efecto, específicamente asturiano y está liderado por una de las vacas sagradas de la derecha española: Francisco Álvarez Cascos. Se nos presenta una paradoja, pero se explica cuando vemos cómo se trenza el día a día de la construcción de Foro. Lo mismo sucedió después con Podemos en Asturias. Era un proyecto español pero, y esto tampoco era ningún secreto, en Asturias era relativamente diferente, porque tenía una autonomía no recogida estatutariamente, pero reconocida de facto, porque iba por libre, porque los resultados y la implantación que tenía Podemos en Asturias era espectacular. Pero se nutría de lo que se nutría. En 2015 no era gente movilizada desde la izquierda con un compromiso de izquierdas y un pacto de izquierdas. No te digo que no fueran de izquierdas, probablemente lo era la mayoría, pero no era un elemento determinante. El factor determinante era que estaba compuesto por un elemento impugnador. En el momento en que Podemos se domestica y no sabe gestionar todas sus contradicciones, toda esa gente, todos esos votantes, se van. No sé a dónde, porque no hubo una tercera alternativa, pero se va quizá por cansancio, o por envejecimiento, o porque no supo canalizar esa corriente antisistema. Tantos años después, muchos están en la derecha españolista, sobre todo en algunas zonas rurales, aunque en términos numéricos no represente tanto.

Y en tres años se notará en partidos más sistémicos. Yo lo llamo el factor Castropol que es, en definitiva, el factor humano. El alcalde de toda la vida del PSOE que, cansado del ninguneo de su partido, se lleva a todos sus votantes a una plataforma electoral dejando sin votos a la matriz del partido en ese municipio. Podría pasar en…

En Siero. Eso es bastante habitual. Está ese liderazgo que no es en absoluto carismático, que es fruto del cansancio. A nivel local siempre funcionó muy bien y hasta cierto punto, lo sufrió el PSOE fuera de las grandes ciudades. Todo eso está ahí, pero que eso llegue a dibujar un equilibrio político diferente lo pongo en duda. Asturias, por envejecimiento poblacional en parte y por la falta de capacidad de reacción de la izquierda ante la gente más joven, dispone un mapa político Asturiano que quedará más feo.

¿Renunciar a una implantación territorial te genera serias dudas sobre el futuro de Sumar?

Es algo que no se explicó bien. Cuando tu reivindicas un proyecto político para Asturias de país, diferente al resto de España, eso se interpreta en términos nacionalistas. No es eso. No es construir una gran o pequeña nación enfrentada. No tiene que ver con los juegos nacionalistas del siglo XX. Tiene que ver con el proceso de esclerotización de la izquierda en el ultimo cuarto del sigo pasado que hace muy difícil que se pueda renovar desde dentro, por no decir imposible. Asturias es una sociedad muy desagradable desde la sociología política que ofrece fotos muy feos y la única forma de tratar con esa realidad desagradable es tener un proyecto político. En su día, el asturianismo político vio en Cascos o en Foro una revelación.

Xandru Fernández. Foto: David Aguilar Sánchez

Como fue el caso de Felechosa.

Y muchos otros que fueron amigos míos. En su día muchos dijimos que el futuro no iba por ahí, que se trataba de un error garrafal. En el caso de Podemos, probablemente fuera un error garrafal también, pero algunos sí creímos que por ahí se podía avanzar. Apoyarte en Podemos supuso un trampolín muy goloso para poder construir algo diferente. El problema fue que con un grupo parlamentario de 9 diputados eso no se supo hacer.

Pero desde la escala municipal, Podemos tuvo la oportunidad de asentar su proyecto con un gobierno con PSOE e IU en el segundo mandato de 2015, con unas negociaciones entre José María Pérez y Mario Suárez del Fueyo que fracasaron y que, a mi juicio, fue un momento de quiebra de aquel proyecto que pudo ser Podemos en Asturias y que abrió una grieta que causó su hundimiento. Su propia táctica y su propia estrategia diseñaron su propia trampa.

No fue ni por táctica ni fue por estrategia; fue algo peor, fue por estética. La estética sólo es más importante que la táctica y la estrategia, según en qué contextos. En aquel, la estética tenía que haberse quedado fuera. Esto supuso un serio y áspero debate. La postura de Podemos fue completamente equivocada. Pero ¡ojo!, tampoco había una salida fácil. No les arriendo la ganancia. Cuando una partida se juega mal, el peor de los escenarios es tener que ver como pierdes mejor. Y no se trataba de perder, se trataba de ganar. Creo que el error de Podemos en Xixón, que era el granero de votos en 2015, fue pretender competir con el PSOE y pretender laminar al PSOE cuando Podemos, por miles de razones, se tenía que nutrir con los votos de ex-votantes del PSOE. Lo que no puedes pretender es captar al electorado del PSOE, enfadándolo. Porque se va a volver contra ti y se va a movilizar. El PSOE no estaba de capa caída en las elecciones de 2015, pero podía haber quedado por debajo de Podemos. Sin embargo, atacarlo propició que se movilizara y pasara por encima a Podemos. Esa era la peor situación que podía pasarle a Podemos y pasó. O Cesar o nada. Tu no podías jugar a la chica y se salió a jugar a la chica. Equivocaron el enemigo desde el principio, equivocaron el caladero de votos, equivocaron la táctica, equivocaron la estrategia y se quedaron con la estética.

Para ir terminando, abordemos el principio, y el principio fue antes del verbo. Recuerdo que Semprún me dijo en una ocasión que la ficción permitió que la experiencia de Buchenwald o Auschwitz impactara en la conciencia del lector europeo con más eficacia que el testimonio de los propios supervivientes. Por qué, en tu opinión, la novela es la mejor herramienta para captar la realidad y lograr que penetre en la conciencia del lector o, al menos, por qué es más eficaz la ficción que el testimonio.

-En un fenómeno como la Shoah, el bombardeo de Dresde o Hiroshima no vale el testimonio. Tiene que haber un componente ficcional que funcione para que el lector lo comprenda, lo asimile. Pero cuando hablamos de un partido pequeño, también hay que valorar qué genero conviene. Y en este caso, el género no es la tragedia sino la comedia. Cuando pretendes trasladar una situación real vivida en un marco local y pretendes hacer comedia o es muy disparatada y es algo que no me pedía el cuerpo, o resulta inverosímil. Hay frases que apunté de aquella época, pronunciadas en reuniones del partido, que quedaron grabadas y apuntadas y en un contexto literario no funcionaron. No resultaban creíbles. Lo que yo viví, trasladado a la ficción, no tiene sustancia. No tenía entidad suficiente. Esa es la parte trágica. Piensas que haces una cosa trascendente y cuando lo llevas a la ficción no tiene peso y eso hizo que lo filtrara todo.

Actualidad

spot_img