Posiblemente sea la ley más importante que apruebe el gobierno de Adrián Barbón durante esta legislatura. La que apuntala una parte importante de la inversión social de Asturias y también la que ofrezca mayores garantías para que se incremente la natalidad. Y por supuesto, en esa ley no se iba a quedar fuera el PP de Álvaro Queipo, quien ha tenido los reflejos y la astucia política suficientes como para mostrar un apoyo inesperado, después de que el presidente socialista anunciara la medida que incorporará la enseñanza de 0 a 3 años al sistema educativo asturiano.
La declaración de Queipo eclipsó el protagonismo de Adrián Barbón durante la mañana, empujándolo a responder con desdén y soberbia, quién sabe si lo hizo para rebajar el efecto que habían provocado las palabras del nuevo presidente del PP en los sótanos de Fruela o si lo hizo para enmascarar su desconcierto. “No es confiable porque no se puede decir a los interlocutores siempre lo que quieren escuchar”, afirmó el presidente. En realidad, la astucia y el control que Queipo hace de su propia vanidad, lo convierten en estos momentos en un político bastante más confiable que Barbón si no fuera porque todavía debe afianzar su liderazgo interno dentro de su partido. A Queipo le toca convencer a los suyos de que la centralidad institucional es el camino a seguir para ganar las próximas elecciones, sin necesidad de observar por el retrovisor lo que suceda en Madrid ni lo que acontezca en Vox. A la bancada de la izquierda ya los ha convencido, primero con palabras, después con gestos y este miércoles con compromisos. En la izquierda tienen sobradas razones para temerlo y estar nerviosos.

El giro de los populares rompe la inercia que su partido ha mantenido en la arena política nacional. Queipo ha demostrado tener soberanía política y desviarse hacia el ramal que conduce a otro escenario. Mientras en Madrid o Galicia han apostado por el cheque bebe, él se ha sumado a una red pública de escuelas. Quedan tres años para demostrar que todo esto es fruto del convencimiento y un cambio de estrategia y discurso y que no se queda reducido a simple anécdota parlamentaria. Hoy ha dicho a los asturianos y a los diputados del hemiciclo que con él sí se pueden alcanzar acuerdos.
Sus palabras han hecho bastante daño al presidente, que ha demostrado no saber gestionar una mayoría parlamentaria, más allá de la propia aritmética. Lamentablemente, Barbón, lejos de celebrar la que será, probablemente, la ley con más respaldo político de esta legislatura, se le percibió acomplejado, diminuto, nuevamente errático. El presidente del Principado, “por supuesto” no se sorprendió del mensaje de Queipo, porque él ya lo sabía: “me llegó una filtración de su grupo parlamentario”. Ha sonado a Alberto Núñez Feijóo: “no he dicho nada antes porque no quería”. Y la respuesta, fácilmente rebatible, no exige más esfuerzo que una letra: ¿Y?.
Lo que ha quedado en evidencia en la sesión parlamentaria es la debilidad interna de un presidente que no supo manejar grandes argumentos para fortalecer el discurso político del consenso y de una medida que favorece la conciliación familiar. ¿Acaso no era esto a lo que se refería Barbón cuando defendía que Asturias era lo primero? Mala política es esa que pretende patrimonializar un partido antes y un territorio después. A su vez, Barbón sostuvo que ese apoyo a la ley de “les escuelines” no es una decisión de Álvaro Queipo: “No la toma usted, la toman sus alcaldes, que le presionan para que apruebe esta ley”. ¿Y? ¿Qué problema supone eso? ¿Acaso importa? ¿Cambia algo ese detalle?
Barbón tuvo este miércoles la oportunidad de ser el presidente de todos los asturianos, incluidos los que no le votan, y celebrar el anuncio de una ley en vísperas del 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora, pero prefirió bunkerizarse tras una norma, que ni siquiera le pertenece, atacando al adversario político. Fue Emilio León, diputado autonómico de Podemos, quien inició la singladura de esta propuesta al lanzar una medida novedosa que integraba la enseñanza de 0 a 3 años en la red educativa pública. A ese vagón se fueron sumando después otros partidos: IU, primero, el PSOE después, y ahora también el PP que, con su puesta en escena, se sitúa en la centralidad del tablero político.

El PSOE y Convocatoria por Asturias corren el riesgo de ser los panaderos de una ley asturiana que, finalmente, termine el PP vendiendo en sus municipios como propia, gracias, entre otros, a un Barbón arrinconado después de relatarnos la oculta razón que se encuentra tras el giro del PP. No pierdan de vista el efecto Queipo. Deberá demostrar que es un hombre de todo el partido. Esta miércoles, la FSA, tan dada a la imagen a través de las redes sociales, debería haber aprendido una lección: un día te roban la escena en el Parlamento y al siguiente te han arrebatado la agenda del gobierno. Acaba de arrancar la legislatura.





























