Hay una empresa avilesina que pretende cambiar la forma en la que se construyen las casas en España y por lo que recientemente ha sido premiada como una de las mejores empresas emergentes dedicadas a las tecnologías de la información y la comunicación (startups) por la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España (APTE). Se trata de Room 2030, cuya sede está en La Curtidora de Avilés, y donde unen diseño y tecnología en el mundo de la vivienda. “Nosotros no construimos, sino que fabricamos”, afirma rotundo el asturiano Sergio Baragaño, arquitecto al frente de Room 2030, una diferencia que cree que hay que subrayar para entender “las nuevas soluciones habitacionales e incluso urbanísticas” que ha empezado a implementar esta empresa “y que son tendencia en Europa.”
Room 2030 fabrica módulos habitacionales en serie que pueden irse uniendo y configurando distintos tipos de edificios, desde una vivienda individual a edificios de diversas plantas, admitiendo distintos grados de personalización. Baragaño lo compara con la fabricación de aviones “productos que salen serializados, pero que luego se configuran para adaptarlos a distintas funciones o compañías.”

En un principio los módulos pueden recordar a las casas prefabricadas de toda la vida y en ese sentido Baragaño reconoce que puede haber prejuicios: “Creo que se hizo mucho daño con las viviendas prefabricadas de los años 90 con muy poca calidad y a precios muy baratos. Quedó ese concepto de que la industrialización es más barata, pero que las casas duran menos y que construir es lo mejor.” Contra esta idea preconcebida, desde Room 2030 lo tienen claro: “Creemos que un producto hecho en fábrica tiene más calidad que un producto que no lo es porque los controles de calidad de una fábrica son más exigentes que en la construcción tradicional.”
“En Europa ya había una tendencia clara para implantar este sistema de fabricación de viviendas, pero tras la pandemia todo se aceleró. La gente ya no quiere esperar dos años o más para tener su casa construida.”
De B-Home a Room 2030
No es la primera experiencia en este campo para Baragaño quien hace una década lanzó el proyecto B-Home junto con ArceloMittal: “Llevo veinte años haciendo industrialización y B-Home fue una forma de trasladar la forma de hacer edificios para fábricas al mundo de la vivienda. Iba encaminado al mercado, pero quizás aparecimos demasiado pronto. En los últimos años la construcción modular ha cambiado mucho.” Tal es así que el arquitecto marca un punto de inflexión a partir de 2020 y tras el confinamiento por el Covid-19: “En Europa ya había una tendencia clara para implantar este sistema de fabricación de viviendas, pero tras la pandemia todo se aceleró. La gente ya no quiere esperar dos años o más para tener su casa construida.”

De esta forma Room 2030 nace “en cierta forma” a partir de la experiencia de B-Home, si bien “en B-Home se trataban de proyectos singulares hechos a medida, mientras que Room 2030 ha estado dirigido desde el principio a diseñar para fabricar en serie.”



Room 2030 tiene un catálogo con tres tipos de módulos a partir de los cuales se puede configurar un edificio. Los módulos son las habitaciones mínimas que pueden unirse unas otras para otro tipo de configuraciones. Hay módulos de 24, de 40 y de 65 metros cuadrados. Baragaño explica que las posibilidades son muy diversas: “como viviendas de 500 metros cuadrados o edificios de cuatro plantas. En realidad no hay un límite de altura. En Gijón vamos a hacer un edificio de seis plantas y estamos estudiando ya cómo hacer cosas similares en Madrid y en Portugal. En Inglaterra hay ejemplos de edificios de 50 plantas y en EEUU, de 30.”
Fabricación vs construcción
Baragaño defiende este sistema frente a la construcción tradicional y lo resume en tres aspectos: el impacto en el lugar, el impacto social y la sostenibilidad. Una de la grandes ventajas que ve en la fabricación es que el impacto durante la instalación es mucho menor “porque, por ejemplo, con este sistema una vivienda unifamiliar la podemos instalar en un solo día y un edificio puede estar hecho en unos pocos meses, en vez de en un año o en dos, e impide que se moleste al vecindario durante mucho tiempo con camiones, obreros o grúas.” Para ello pone un ejemplo: “Estamos entregando una vivienda de 200 metros cuadrados en doce semanas y, además, con un precio cerrado, por lo que el cliente no se lleva ningún susto de que la obra se va a prolongar en el tiempo o de que el precio al final va a subir.”
Además, “con la fabricación, el trabajador no está expuesto a los peligros e inclemencias del tiempo que tiene una construcción. Aquí se trabaja siempre en el mismo sitio, en una fábrica. Y es un sistema que permitiría la incorporación de la mujer a un sector que actualmente es mayoritariamente masculino. El arquitecto incide en que “no es lo mismo la seguridad con la que trabaja un obrero en la planta veinte que un obrero de una fábrica que trabaja siempre en planta baja y donde prácticamente no hay riesgo.”

Baragaño subraya una ventaja más frente a la construcción: la sostenibilidad. Explica que “este sistema no utiliza aguas, es una fabricación seca, y los residuos de las fábricas se controlan mucho más. Además, seguimos incorporando materiales circulares o sostenibles.”


A todo ello el arquitecto de Room 2030 le suma la reversibilidad. Es decir, los edificios se pueden configurar, pero también desmontar. Se pueden mover y deconstruir. Por ello, Baragaño cree que “este sistema se acabará imponiendo. No hay otro camino. De hecho, es extraño que todavía estemos construyendo casi como se hacía hace mil años, usando cemento, agua y una persona poniendo ladrillos, con el riesgo que eso conlleva para los trabajadores, el poco o nulo control de calidad y la falta de atracción de talento a este sector.”
“Baragaño cree que el sector “necesita atraer a talento y a gente más joven, algo que desde la fabricación y no desde la construcción se puede conseguir”
Ahora mismo las cifras oficiales ponen de manifiesto que la cifra de vacantes en el sector de la construcción está en máximos en España, alrededor de 150.000, según el INE. Hay déficit de encofradores, de oficiales de primera, de encargados de obra o de gruistas, un problema que se ha ido acelerando desde 2008. Baragaño cree que el sector “necesita atraer a talento y a gente más joven, algo que desde la fabricación y no desde la construcción se puede conseguir.” Cree que se están dando unas circunstancias para que estén cambiando las cosas. A la falta de mano de obra se le suma la subida de los precios de los materiales, el problema de la financiación por parte de los bancos y una mentalidad de la gente distinta a la hora de afrontar la adquisición de la vivienda tras el COVID19.
“En Europa ya está más interiorizado”, afirma Sergio Baragaño quien reconoce que “no se está haciendo todavía una construcción cien por cien modular, pero sí se industrializan, por ejemplo, las fachadas. En los países nórdicos las fachadas llegan hechas de fábrica y se conectan a los edificios.” Por eso cree que “este sistema ya es presente, pero estará más presente en un futuro cercano.” De hecho, “las constructoras están viendo el cambio que se avecina y todas ellas están creando departamentos de industrialización o comprando startups o empresas de investigación.”

Según el Observatorio de la Vivienda y el Suelo, dependiente del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, España está a la cola de Europa en porcentaje de vivienda social, con menos del 3% del total, frente a países como Países Bajos donde el porcentaje sube al 30% o Austria con un 24%. Bargaño opina que este modelo “puede ayudar a resolver el problema de la vivienda para jóvenes que existe en este momento “porque podemos hacer un edificio de viviendas en cinco meses en vez de en dos años”, algo que cree que impacta en una mejor calidad para la ciudad ya que, además, “con este sistema se pueden hacer escuelas, fabricar y poner en marcha edificios ante necesidades urgentes o situaciones de emergencia o desastre natural en menos tiempo que la construcción tradicional y de forma eficiente debido a los importantes controles de calidad que hay en un fábrica y que no hay en la construcción”
“En realidad, puede cambiar la forma en la que se afrontan los planes urbanísticos y en la forma en que se concibe el urbanismo desde hace siglos.”
En este listado de posibilidades también incluye los grandes eventos, “como los Juegos Olímpicos u otros donde se construyen estadios y edificios que lleva años hacerlos y tras un uso temporal no se sabe qué hacer con ellos. Con este nuevo paradigma que cambia de la construcción a la fabricación, los edificios se pueden desmontar total o parcialmente y reutilizar sus módulos en otra parte o de otra forma.” Y en ese sentido, Baragaño quiere destacar que la vida media de estos módulos es igual que el de un edificio de construido, “nada que ver con la idea que mucha gente tiene con las casas prefabricadas que viene de los años noventa.”

Todo ello abre la imaginación a la forma en la que podrían configurarse las ciudades desde un punto de vista más cambiante y menos estático. “En realidad, puede llegar a cambiar la forma en la que se afrontan los planes urbanísticos y en la forma en que se concibe el urbanismo desde hace siglos.”
Antes de concluir, Sergio Baragaño cuenta cómo surgió el nombre de Room 2030: “Estábamos en un proyecto con el hotel NH de Avilés, ahora Melià, para la ampliación del mismo. Eran 22 habitaciones y planteamos que hubiera una habitación 23 para que fuese una suite experimental en la azotea del edificio. De ahí sale en parte el nombre de la empresa. Luego, además, tomamos en cuenta los valores de la Agenda 2030 en este proyecto que busca la mejora social en distintos ámbitos y la sostenibilidad. Al final, las dos cosas confluyeron para que nos llamáramos Room 2030.”
































