La FEA, Feria de la Edición Asturiana, echó el cierre este domingo en Oviedo/Uviéu en un ambiente no de euforia, pero sí de optimismo, para un sector que vive un momento dulce desde el confinamiento, cuando millones de personas redescubrieron en sus casas un invento con 3.000 años de antigüedad llamado libro.
A lo largo de tres días más de 5.000 personas pasaron por la Plaza de Trascorrales en la que se despacharon unos 2.000 ejemplares de libros diseñados y fabricados en Asturies, pero con temáticas de todo tipo y autores de todas las nacionalidades.
La iniciativa, impulsada por el Gremio de Editores, con el apoyo de Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu y Principado de Asturies, ha servido como escaparate de un sector que en 2023 editó un millar de obras, tuvo un volumen de negocio de cinco millones de euros y generó 100 puestos de empleos directos y otros 200 indirectos en trabajos externos como la corrección y traducción, el diseño o la distribución.
Entre las 34 editoriales asociadas al gremio hay por supuesto grandes diferencias de tamaño y actividad. Algunas están muy profesionalizadas y editan un gran catálogo de libros al año, otras en cambio tienen una sola persona empleada o incluso ninguna, y editan uno o dos títulos anuales.

Daniel Álvarez, presidente del Gremio, explica que se trata de un “sector rentable”, más allá del tópico de “chiringuitos que viven de las ayudas públicas”, y destaca el creciente número de editoriales asturianas que generan interés en el mercado español e hispanoamericano, algunas con una especialización muy grande en mercados muy concretos en los que incluso funciona como sellos de referencia.
Desde el Gremio quieren destacar no sólo los valores culturales del libro, sino también su capacidad de generar empleo y riqueza. Por eso animan a la administración a “recoger el guante” de una industria con mucha capacidad de retorno. “El sector editorial puede ser un buen embajador de Asturies allá donde tengamos presencia, que es en todo el mundo” apunta el editor de Hoja de Lata, que destaca la buena salud del libro analógico, fabricado con tinta y papel: “ahora mismo lo más contracultural es apagar el móvil y sentarse a leer un libro”.



























