Resulta inevitable observar el espejo de los resultados electorales de Galicia y analizar especialmente la fuerte consolidación del Bloque Nacionalista Galego como alternativa a la pertinaz mayoría conservadora de la comunidad vecina.
Creo acertado entender que no hablamos de un fenómeno que haya nacido de forma repentina ni tampoco de algo que se deba a una coyuntura concreta.
Cuando hablamos del BNG, como ya se dijo en varios artículos de NORTES, hablamos de un movimiento político articulado a lo largo de muchos años, que de manera más o menos elástica ha sido capaz de adaptarse a las circunstancias que el país y su gente les exigía.
No hablamos solamente de una conjunción de organizaciones políticas, sino también de una fuerte imbricación con el movimiento sindical alternativo, de una implicación territorial en los pueblos y en los barrios de las ciudades gallegas, de una fuerte presencia en los movimientos sociales y de un apego a la tierra de una militancia política, sindical y social que con su trabajo fue ganando espacios de confianza, credibilidad y representación a la vez que alimenta la identidad de Galicia como país con un discurso social que más allá del nacionalismo, cala cada vez más en amplias capas de la sociedad gallega.

Y en el análisis de estas elecciones gallegas, es inevitable buscar semejanzas con una Asturies gobernada de manera casi ininterrumpida por el PSOE desde hace cuarenta años, con una presencia de fuerzas a su izquierda representadas tradicionalmente primero por el PCE y después por IU, con la aparición en escena de Podemos desde el año 2015. Ese fue el año en el que ambas fuerzas sumaron tantos diputados en el parlamento asturiano como el propio PSOE, catorce, ganando en votos a la lista que entonces encabezaba Javier Fernández.
No fue posible entonces conformar una alternativa a una nueva investidura de la FSA ni tampoco que aquella explosión de apoyo popular a candidaturas a la izquierda del PSOE trajera cambios estructurales que abrieran nuevas etapas en nuestra historia.

Sí se consolidó entonces en Asturies y también en el estado, una pluralidad política en las instituciones que rompía la hegemonía bipartidista diseñada desde el postfranquismo para asegurar una transición reformista.
Quedará para la historia política española la enseñanza de cómo un partido nuevo, nacido tras las movilizaciones del movimiento del 15M, fue capaz de disputar la mayoría a los dos grandes partidos tradicionales y cómo pese a los ataques, agresiones, acusaciones, calumnias, injurias y mentiras sufridas, sin parangón con lo padecido por ninguna otra fuerza política en nuestra historia reciente, logró conformar el primer gobierno de coalición de la etapa democrática actual, algo que no ocurría en el estado español desde hacía más de ochenta años, la II República Española, un gobierno además en el que también por primera vez, había ministras y ministros comunistas y de otras sensibilidades de la izquierda ajena al partido socialista.

Diez años después, aquel Podemos herramienta de la gente, fusionado electoralmente en un Unidas Podemos participado junto a Izquierda Unida, ha ido desintegrándose devastado por los ataques externos, por las contradicciones que genera asumir responsabilidades institucionales y de gobierno y gangrenado también por una organicidad interna que desde la verticalidad extrema y el autoritarismo excluyente ha acabado replicando las peores artes de la política partidaria clásica, jibarizando la organización y reduciendo su extensión e influencia en una dinámica autodestructiva que espanta apoyos.
Lo que toca en Asturies es trabajar para conformar un Frente Amplio
Diez años después, estamos en una etapa diferente a la del “Sí se Puede” y toca no sólo verse en el espejo de otras experiencias sino también aprender de nuestros errores para avanzar, en un momento en que suenan con fuerza las trompetas de la reacción amenazando nuestros derechos.
Diez años después lo que toca en Asturies es trabajar para conformar un Frente Amplio que más allá de organizaciones políticas, sea capaz de aglutinar a organizaciones sindicales tradicionales de clase, al sindicalismo alternativo, a plataformas sociales, al feminismo y al ecologismo y también al nacionalismo asturiano en torno a un Programa Común con vocación de mayoría social y política.
Y esto puede hacerse o no desde Convocatoria por Asturies, porque hay mucha más izquierda en este país de la que ahora se encuadra en este instrumento que hegemoniza Izquierda Unida.

Una Izquierda Xunía con historia propia, que hoy por hoy es la única organización política de este espacio con importante presencia territorial, con relevante poder municipal, con militancia activa y con estructuras fuertemente asentadas en Asturies y en sus conceyos. De ahí que cuando se plantea si ese Frente Amplio puede enganchar con la idea inicial del movimiento Sumar y cuando desde Asturies se debate si ese proceso es o no necesario hacerlo porque aquí ya existe Convocatoria por Asturies, estamos equivocando el tiro mirando con luces cortas.
Porque lo que está en cuestión fundamentalmente es cómo combinar en un mismo espacio y cómo encajar en una misma estructura organizaciones políticas, sindicales, sociales, ciudadanas, feministas, nacionalistas, ecologistas, además de mucha otra gente no encuadrada en ninguna de ellas, pero que comparten un programa común de cambios y avances.

Lo que está en cuestión es que una mayoría social que defiende derechos sociales, económicos, culturales, de país, que busca mayor justicia, que prioriza los servicios públicos, que se siente feminista y también ecologista, que considera que el PSOE no es su alternativa política en Asturies, encuentre un espacio común que les represente.
Eso requiere de muchas cosas, pero quizás la primera de ellas es la generosidad de quien pueda sentirse más fuerte, porque solamente desde la generosidad se pueden abrir espacios de diálogo y confianza que vayan concretado propuestas comunes, propuestas de acuerdo que puedan agrupar los distintos capitales políticos, económicos, sindicales, sociales y culturales que hay en Asturies hoy.
Y claro que hay que sumar, porque es la única manera de crecer, pero ni la suma va a poder ser eficaz si no se hace desde abajo, con la implicación directa de las estructuras de base de organizaciones, asociaciones, colectivos y personas individuales en los procesos de construcción orgánica y concreción de programa político, ni tampoco sería eficaz si se quedara en una réplica periférica de un proyecto estatal, porque cada territorio, cada país, y Asturies lo es, tiene su propia especificidad y es contando con ella como puede sacársele el mayor partido.

Frente Amplio como casa común para el futuro de Asturies que permita ofrecer una alternativa para este país más allá de la rutina estática de un PSOE que tras cuarenta años de gobierno, viene siendo incapaz de cambiar la decadencia de una Asturies que no acaba de despegar más allá de la explosión turística y que necesita cambios profundos que den esperanza a nuestra gente.
Tejer redes con propuestas de avance que, sin resquebrajar cuestiones identitarias, permitan acuerdos en torno a unos mínimos consensos que hagan posible un Programa Común. Unidad en torno a ejes programáticos para cambiar Asturies, mirar hacia delante y no hacia dentro, articular mecanismos de coordinación flexible que, sin sustituirlas, superen las estructuras propias, huir de las imposiciones hegemónicas para abrir, para ampliar el horizonte y elevar la vista para llegar a representar a esa mayoría social progresista, históricamente solidaria, a esa sociedad con empuje que, organizada o no, espera nuevos referentes para lograr sus sueños.
El momento es ahora.



























