Seis trabajadoras pueden ingresar próximamente en la cárcel. La condena a seis sindicalistas por una campaña de piquetes informativos y boicot a la pastelería La Suiza no sólo se ha convertido en una pesadilla para las personas condenadas, sus familias y seres queridos, sino también en una ofensiva en toda regla contra el sindicalismo más combativo.
Patronal y derechas llevan fantaseando décadas con poner fuera de la ley los piquetes informativos. Casi lo consiguieron. Durante las huelgas y movilizaciones sociales de la pasada crisis más de 300 trabajadores y trabajadoras fueron imputados y/o juzgados echando mano del artículo 315.3 del Código Penal. Un artículo que no se cortaba a la hora de equiparar piquete con coacción, privando así a los trabajadores de su principal elemento de contrapoder frente a la presión de jefes y patronos:

“Quienes actuando en grupo o individualmente, pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga, serán castigados con la pena de prisión de un año y nueve meses hasta tres años o con la pena de multa de dieciocho meses a veinticuatro meses”
La movilización sindical, con el caso de Los 8 de Airbus como “buque insignia”, impulsó en 2021 la derogación del artículo con los votos a favor de la mayoría progresista y plurinacional existente en aquel momento el Congreso de los Diputados.

Sin embargo, a pesar de la supresión del artículo, el delito de coacciones ha seguido funcionando en manos de la judicatura más conservadora para reprimir movilizaciones como las de La Suiza o la de los jóvenes ecologistas que este año cortaron el tráfico en los accesos a ArcelorMittal.

La pervivencia de la Ley Mordaza, cuya derogación ha sido sistemáticamente bloqueada por el PSOE, el encarcelamiento de Los Seis de Zaragoza y del rapero Pablo Hasél, o las resistencias de parte de los jueces a aplicar la Ley de Amnistía pintan un panorama sombrío para el ejercicio de las libertades democráticas en España. Si todo esto ocurre con un gobierno progresista de coalición, imaginemos cuál puede ser el escenario si en un futuro tenemos a PP y Vox sentados en el Consejo de Ministros.
La buena marcha de la campaña unitaria por la libertad de Las 6 de La Suiza y el éxito de la manifestación de este sábado, en la que por primera vez en mucho tiempo han confluido grandes y pequeños sindicatos, suponen brotes de esperanza no sólo para lograr que las sindicalistas finalmente no entren en prisión, sino también para que las organizaciones sociales y de clase puedan seguir frenando la ofensiva de quienes fantasean con una democracia vaciada del derecho a la protesta en la calle.



























