Fallecía este sábado de manera inesperada David M. Rivas (Xixón, 1957), brillante economista e intelectual, asturiano comprometido con su tierra, y “leyenda urbana” antes de que el término se hiciera tristemente famoso. Y es que Rivas marchó siendo muy joven a Madrid para estudiar economía y no regresó hasta su jubilación´, cuando se asentó en una aldea de Villaviciosa. Una gran pérdida para Asturies, como me comentaba un desolado Xuan Cándano al teléfono, pero no tanto para David, al que seguramente le habría gustado impartir clases en la Universidá d´Uvíeu, pero que pese a todo no dejó en su vida de hacer lo que quiso, y sobre todo de pasarlo bien. Desde militar en la CNT y en el asturianismo de la diáspora madrileña en los años de la Transición, a ser uno de los animadores del Ateneo de Madrid, participar en la fundación de IU o más tarde o ser cabeza de cartel de Andecha Astur. Todo ello mientras se desenamoraba y enamoraba, veía crecer a dos hijas de las que siempre presumió, disfrutaba del arte de la tertulia con los amigos, vestía como un dandi, se iniciaba en la masonería, ejercía de académico de la llingua asturiana, y al mismo tiempo labraba una brillante carrera académica como catedrático de Estructura Económica de la Universidad Autónoma de Madrid.
Perdió Asturies pues a un economista que podría haber hecho mucho por pensar, cuando más lo necesitábamos, salidas sociales y ambientales al profundo shock de lo que solía denominar las cinco crisis de los 80 y 90: la minera, la siderúrgica, la naval, la campesina y la pesquera. Es cierto que desde la UAM no perdió nunca de vista Asturies, pero estoy convencido que de haber estado en la universidad asturiana sus reflexiones, magisterio e intervenciones en el debate público habrían sido de mucha utilidad para orientar a una izquierda asturiana que demasiadas veces ha oscilado entre la asunción acrítica de paradigmas desarrollistas neoliberales o un resistencialismo numantino que tampoco nos han conducido a escenarios demasiado interesantes.
Elogiaba a los buenos empresarios sin por ello renegar del Estado como necesario agente económico
Su pensamiento económico fue siempre inseparable de sus profundas convicciones sociales, asturianistas, ecologistas y europeístas. Admirador de la reconversión económica vasca, destacaba de ella “una política industrial autónoma, un empresariado autóctono que supo adaptarse a los nuevos tiempos y una sociedad muy articulada que ayudó a salvar la industria vasca”. Por ello estaba convencido de que necesitábamos un desarrollo asturiano más autocentrado y soberano, menos dependiente de las multinacionales y los vaivenes de decisiones tomadas a miles de kilómetros. Sirva ArcelorMittal como ejemplo de ello.

Apostaba por la industria sin renegar de la potencialidad del campo y el medio rural en una comunidad territorialmente equilibrada, elogiaba a los buenos empresarios sin por ello renunciar al Estado como necesario agente económico, y desmontaba con humor y conocimiento los tópicos neoliberales sobre el “infierno fiscal asturiano”.
El ferrocarril era otra de sus pasiones. Defendía que era el medio de transporte del futuro, el más sostenible y adaptado a la necesidad de una economía más respetuosa con el clima y el medio ambiente.
Como periodista recurrí muchas veces a él como fuente para artículos sobre economía. Siempre fue generoso, atento y sugerente en nuestras conversaciones. Queda desgraciadamente pendiente un proyecto para el que me habría gustado contar con él: un curso monográfico sobre economía asturiana. Se va demasiado pronto David, pero al menos con la alegría de ver ya la sidra reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad. La bebida a la que tantas horas dedicó como bebedor, pero también como estudioso y ensayista, fue el tema de sus dos últimos artículos en prensa, en los que una vez más volvía a advertir sobre el peligro del monocultivo turístico y destacaba la perfecta compatibilidad entre globalización e identidades culturales y territoriales fuertes. Hoy toca beber a su salud.



























