Sagrario Ribela: deseo, desobediencia y clase social

Margarita Ledo reconstruye en "Prefiero condenarme" la historia de esta mariscadora gallega, denunciada por adulterio en 1972.

Recomendados

Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En 1976, María Ángeles Muñoz, una trabajadora del Besós, Barcelona, fue acusada de adulterio por su marido, del que llevaba años separada. La denuncia era poca broma, y podía suponer la pérdida de la custodia de su hija, así como de la libertad: hasta seis años de cárcel. El caso indignó y avivó el fuego de un incipiente movimiento feminista que puso en marcha la campaña “Yo también soy adúltera”, “Jo tambè sóc adúltera”. Una gran movilización social que acabó en 1978 con la supresión de un delito que en la práctica sólo servía para penalizar a las mujeres, ya que las condenas a hombres, además de ser más leves, fueron mínimas durante toda la dictadura franquista.

Muñoz llegó a las puertas del juzgado arropada por el movimiento feminista y con buena parte de la opinión pública a favor. Su caso fue mediático y provocó grandes cambios legales. Sin embargo, apenas cuatro años antes, en 1972, otra mujer, una mariscadora de Fene, Ferrol, se había tenido que enfrentar a una situación parecida, pero en la más absoluta soledad y aislamiento. Denunciada por su marido, Sagrario Ribela se enfrentó a un tribunal eclesiástico, y, contra todo pronóstico, fue absuelta. Los malos tratos de su marido inclinarían la balanza hacia ella obteniendo así una separación eclesiástica, nada común entonces, y menos para una mujer obrera.

“Jo tambè sóc adúltera”. Foto; Pilar Aymerich
Sagrario Ribela en una escena de “Prefiero condenarme”.
Iria Pinheiro como Sagrario Ribela en una escena de “Prefiero condenarme”.

La cineasta y escritora gallega Margarita Ledo, “Prefiero condenarme” (2024), reconstruye esta asombrosa historia en “Prefiero condenarme”, una película de no ficción a camino entre el documental y el ensayo fílmico, en el que también actrices y actores reconstruyen partes de la vida de Ribela, que también aparece en la película.

La película se presentó este martes en el MUSOC. Aunque estaba prevista la presencia de Margarita Ledo, la cineasta tuvo que intervenir finalmente de manera online en un coloquio moderado por Mayús Ramos Álvarez, de Milenta Muyeres.

Margarita Ledo en el coloquio. Foto: Equipo de foto de MUSOC.

Ledo destacó de la historia de Ribela tres grandes conceptos: el deseo, la desobediencia y la clase social. Casada con un marinero infiel y maltratador, en un determinado momento conoció, según sus propias palabras, a “un hombre digno de querer” e inició una relación con él.

Vive en una pequeña comunidad donde es difícil guardar secretos, pero ni eso, ni la moral, el Estado o la educación religiosa le echan para atrás. “Sagrario decide que ella tiene tanto derecho como las ricas a tener un amante, y que si su marido anda con otras ella no va a ser menos” explica Ledo sobre una relación que termina trascendiendo, y de de la que nacería una hija en común.

La vida de Sagrario nunca nunca fue fácil. Había pasado su infancia entre un internado y un hogar infeliz en el que su padrastro trató de abusar de ella. Pronto tuvo que comenzar a trabajar y su matrimonio fue un infierno. Con todo, Ledo destaca de Sagrario su firme voluntad de escapar siempre a su mala fortuna: “No encaja en el papel de víctima”. “Es una mujer que se enfrentó a la ley para defender la justicia” resume la cineasta sobre un personaje que define como una “Antígona de la clase trabajadora”.

Actualidad

spot_img