Puerto de Vega es un puerto pesquero de apenas dos mil habitantes situado en la orilla occidental del Cantábrico. Tiene su lugar en la historia por el dudoso honor de haber fallecido allí de una afección pulmonar Gaspar Melchor de Jovellanos en 1811. El ilustrado quedó varado en estas costas cuando huía de los invasores franceses que amenazaban con volver a tomar su amado Gijón. Una galerna obligó al bergantín en el que viajaba hacia Galicia a tomar abrigo en el puerto de donde ya no saldría con vida. Muerto sí, su cadáver estuvo dando tumbos hasta su definitivo entierro en 1940 en la capilla de los Remedios, junto a su casa natal en Gijón, quinta y por ahora última tumba en acogerlo.
Cuenta también con el mérito de haber albergado la primera aduana del Principado, siendo durante el siglo XVIII la que más cotizó a la Real Hacienda en Asturias, superando en ingresos incluso a la de Gijón. Y es que, durante ese siglo, ante el declive de la industria ballenera que dio origen al puerto, sus aguerridos marinos llegaron a establecer con sus pequeñas embarcaciones un fructífero comercio que llegaba de Bilbao a Inglaterra y que extendió sus redes comerciales de vendedores ambulantes y delegaciones hasta Galicia y el norte de Castilla. Las telas eran el grueso de sus mercancías, llegando a importar desde Riga (Letonia) el entonces afamado lino ruso.
Tal vez este pasado cosmopolita pueda explicar la excepcional riqueza cultural, especialmente musical, de este pequeño pueblo asturiano. Como muestra la Asociación Unirock con cuatro décadas de trabajo que han dado frutos como “Aneuma”, la segunda mejor banda de música metal del mundo en su categoría en 2024 según la clasificación del festival con más prestigio de ese estilo, Wacken Metal Battle, que se celebra en Alemania.
Podríamos decir que, como Jovellanos, Marta Fermín tomó abrigo en Puerta de Vega, refugiándose de la tempestad, aunque esta fuera de otro tipo. Fermín es una artista de extensa y exitosa trayectoria desarrollada mayormente en Oviedo. En la capital del Principado desplegó una titánica labor cultural, impulsando, además de su propio espacio (Decero Creativo, taller, escuela y sala de exposiciones), eventos tan reconocidos como Alma Gráfica, la Semana del Arte Profesional, la asociación Les Cuestes o la de Galerías de Arte de Oviedo.

Circunstancias de la vida obligaron a Marta a parar en seco. Esta oportunidad de reflexionar cambió por completo su perspectiva; se dio cuenta de que el ritmo que llevaba le estaba superando. Sufría mucha sobrecarga con las clases diarias, la gestión de los eventos, exposiciones, su propia obra… Todas las mañanas, tardes y fines de semana.
Fermín sentía que la calidad de su trabajo se estaba resintiendo por su frenético día a día: “Era imposible estar en todos los frentes a la vez. La docencia fue algo que siempre me gustó mucho. Empecé con 21 años y en la última etapa de Decero en Oviedo no podía con las clases; notaba que no lo estaba haciendo todo lo bien que podía y, aunque los alumnos estaban contentos, yo no estaba satisfecha”.
Empezó a notar que con tanta actividad estaba perdiendo el contacto con su propia obra: “Aunque tienes discurso, sabes de arte contemporáneo y estás actualizada, porque estás todo el día viendo dosieres de los compañeros que te mandan para los eventos, ferias y demás, y no estás oxidado ante la técnica porque estás dando clase; sí lo estás en el desarrollo de tu pensamiento personal, en qué es lo que quieres contar y cómo lo comunicarías”.
Procuró bajar el ritmo. “Intenté delegar, tener equipo, pero luego la gente realmente te quiere ver a ti”. Marta no conseguía salir de la vorágine social que su prestigio en la capital ovetense requería. Además, la necesidad de aparcar las clases por un tiempo hacía económicamente inviable el mantenimiento del local de Decero. Se veía envuelta en una tormenta de trabajo y presión social que se estaba llevando por delante su vida y su obra, y pensó en buscar un sitio más tranquilo donde buscar refugio y recuperar todo lo que de verdad le importa. Y así, como Jovellanos, acabó varando en Puerto de Vega.

La elección del puerto asturiano que ahora considera extraordinariamente afortunada se debió más que nada a la existencia de una casa familiar en la zona, su proximidad con Oviedo, donde mantiene el grueso de sus proyectos de gestión y a donde va a menudo por razones de trabajo y también por su cercanía con el aeropuerto. “La gestión se hace online perfectamente y después estoy más cerca del aeropuerto, casi aquí que en Oviedo. Sigo viajando de la misma manera, viendo cosas por Europa que me interesan para luego aplicarlas en mi trabajo”.
Una vez en el pueblo, su primer problema fue hacer contactos. “Ahora, ¿cómo voy a conocer a la gente de mi especie? Porque claro, necesito gente que se parezca algo a mí. Conocía a un chico que estudió conmigo en la Escuela de Arte y hubo otro par de personas que se acercaron a mí cuando llegué. Decidimos montar una asociación sin ánimo de lucro de artistas del occidente de Asturias que se llama ACAO y es uno de los proyectos que más feliz me hace aquí, que más me motiva y donde somos ya cincuenta socios”.
“Decidimos montar una asociación sin ánimo de lucro de artistas del occidente de Asturias que se llama ACAO”
El ayuntamiento de Navia ha cedido a ACAO el uso de unas antiguas escuelas donde Fermín ha instalado su propio equipamiento para que la asociación pueda hacer talleres y les sirva de base para las actividades que llevan a cabo por todo el occidente. Actividades como la exposición que van a hacer en Semana Santa, un homenaje al sector primario que, al fin y al cabo, son los vecinos con los que conviven todos los días, los pescadores, los agricultores, los apicultores, los silvicultores… O como la vista que harán en junio para conocer la Real Casa del Vidrio en Segovia.
Marta se ha sentido gratamente sorprendida por la cantidad de artistas que ha encontrado en el occidente asturiano y el interés de sus vecinos por el arte. “Descubrir que personas que conocí haciendo labores del campo y otros oficios del sector primario de repente están dibujando conmigo un cuadro de Gustav Klimt en la escuela, ¿sabes? Eso me emociona”.

Lo que más le disgusta es constatar cómo algunos que por formación y posición deberían de hacerlo no aprecian el valor del arte. “Me entristece el poco entendimiento hacia el arte en general y el desconocimiento absoluto del arte contemporáneo y su incomprensión de lo que hacemos en la escuela, lo importante que es para la sociedad y lo que yo estoy compartiendo para mis vecinos, que son mis conocimientos, y cómo estamos haciendo el día a día más feliz, el de ellos y el mío”.
El balance de los dos años transcurridos desde su mudanza es muy positivo: “He producido muchísima obra mía. Descarté prácticamente toda la del primer año porque no acababa de gustarme. Pero el segundo año empecé a encontrar un hilo mucho más maduro, más serio, más comprometido y que es el que estoy depurando”. “Me costó desconectar, pero ahora soy mejor persona. Puedo ofrecer mejores cosas de mí porque estoy descansada, serena. No tengo ninguna presión social; bajo al pueblo en pijama muchas veces a cenar y no pasa nada. Tengo una felicidad tan grande que nunca había experimentado. Y una gran confianza porque me quieren como soy. No esperan nada de mí y cuando nadie espera nada, puedes planearte cómo les das lo mejor de ti”.
A quienes puedan estar pensando en dedicarse al arte desde un pueblo les aconseja comenzar su carrera en una ciudad. “Empezar aquí desde cero es muy complicado. Yo ya lo intenté hace treinta años y me tuve que ir a Oviedo. Aunque en el sector de la obra gráfica todo el mundo me conocía, no lo hacían quienes deberían de ser mis clientes”. “Hacerte con contactos, una cartera de clientes en el ámbito rural es complicado, aunque tengas calidad”.
Fermín echa de menos sobre todo que las administraciones afronten de verdad y no solo con palabras vacías el reto demográfico, con subvenciones y apoyo de técnicos que consigan igualar el hándicap de emprender desde el rural.
En la línea de los comerciantes de Puerto de Vega del XVIII, Marta no se queda varada en el pueblo; mantiene una red por España y por Europa; por ejemplo, ahora va dos semanas a A Coruña a impartir unas clases de la asignatura de xilografía en color del máster de grabado de la Fundación CIE, Centro Internacional de la Estampa Contemporánea.
Esperemos que las administraciones sepan apreciar la enorme suerte que ha tenido el occidente asturiano con la mudanza de Marta Fermín y hagan todo lo posible por apoyar esta y otras iniciativas de personas que vienen a nuestra tierra a enriquecerla con sus conocimientos y su calidad humana.



























