Los fantasmas

Paséu de La Guía, Ribesella

TEXTO TONI RODERO / IMAGEN IVÁN G. FERNÁNDEZ

Si miras bien, verás todos los fantasmas. Los traigo conmigo, conmigo vienen. Cada tarde vamos avanzando lentamente, en comandita. Primero yo, después ellos. Cada tarde cambiamos de año, doblamos una esquina nueva del calendario, rompemos la baraja ¿En dónde estamos hoy? Es martes, hace frío, se nubla la luz y el viento nos recibe. Hoy es 1954, soy tan joven que nada me importa y me río, me estoy riendo, ¿ves? A mandíbula batiente. Mis fantasmas se sientan conmigo, conmigo vienen. Cada uno elige su sitio. Aquí Rosa, a mi lado, allí Gregorio con la boca siempre abierta, allá, jugando con las piedras Alfredo. Yo qué sé. Tendría ahora… ¿Cuántos años tendría ahora el guaje, Rosa? Hace ya tanto. Yo qué sé. Si miras bien verás que ninguno de mis recuerdos tiene consistencia, que los mezclo y a veces, como ahora, desaparecen sin más. Es raro. La vejez es la cosa más rara del mundo, Rosa. Hiciste bien en irte.

Estamos sentados y el aire huele a tiempo. Hace mucho que no tengo huesos, ¿sabes?, hace tanto que me duelen las rodillas y el plomo del cerebro me taladra la cabeza… tengo plomo y tengo años, y tengo en alguna parte de ahí arriba, pensamientos. Son mis trocitos de vida, lo que me queda y lo que cuido al levantarme. Me dicen las enfermeras ¡no piense, tanto Martín! Y yo niego con la cabeza como si fuera a hacerles caso. Claro, claro, no voy a pensar en nada, mujer. En nada. Procuro escabullirme sin hacer ruido. No voy a pensar en nada, mujer, en nada. Si miras bien, ya tan temprano están ahí, conmigo. Son mis fantasmas. Tú también tendrás los tuyos. Aparecerán una tarde, sin aviso previo. De siesta en siesta irán desfilando rostros en blanco y negro, rostros de luz, rostros sin voz, la voz no la recuperas nunca. Qué cosas. No te acordarás del sonido ni del olor y tendrás que mentir a los vivos porque dirán que se te va la chaveta. Te lo dirán, créeme. Ser viejo es, sobre todo, no ser. O ser casi siempre invisible. Pero tendrás fantasmas que velaran por ti.  No los dejes olvidados, llévatelos de paseo, cambia de año cada día, dobla esa esquina y rompe la baraja.

“La globalización es la promotora de las nuevas pandemias”

Miquel Amorós. Foto: Kaos en la red.

Miquel Amorós, (Alcoi, 1949) es historiador, teórico y militante anarquista, ha traducido varios libros, ha escrito incontables folletos y artículos en la prensa libertaria y ha impartido infinidad de conferencias en las que ha analizado los diferentes frentes de la cuestión social. Ha publicado, entre otros, los libros: “Salida de emergencia” (Logroño, Pepitas de Calabaza), “Las Armas de la Crítica” (Bilbao, Muturreko Burutazioak) o “Durruti en el Laberinto” (Barcelona, Virus). En esta entrevista nos habla del panorama actual desde su visión antidesarrollista y libertaria.

¿Cómo hemos llegado a la situación actual? No me refiero solo a la crisis del COVID-19, si no a todo el contexto social, político, ambiental…

La actual crisis sanitaria apenas disimula otras crisis que ocurren en diversos ámbitos: económico, urbanístico, ecológico, político, demográfico, etc. Es cualquier cosa menos algo ocasional debido a la aparición casual de un virus dañino. Es un hecho que no tiene nada de arbitrario; se ha originado por culpa de una ruptura total entre naturaleza y sociedad, que ha culminado en la artifilización completa de la vida. El virus propiamente dicho es inseparable de las condiciones sociales que han deteriorado el medio ambiente y favorecido el advenimiento y la difusión acelerada de infecciones: la deforestación para obtener tierras urbanizables o dedicadas al cultivo industrializado, la promiscuidad generalizada de las metrópolis, la estabulación masiva de animales y la multiplicación de la movilidad humana y del transporte de mercancías. Son fenómenos muy ligados a la globalización de la economía: la globalización es la promotora de las nuevas pandemias.

¿Se puede trazar una línea de “origen” del panorama actual en las revoluciones de finales del siglo XVIII (revoluciones industriales, revoluciones burguesas…)? Como ejemplo, la reciente noticia del descubrimiento de restos de carbón del siglo XVIII en las cumbres del Himalaya, posiblemente producto del consumo industrial de ese mineral y de los incendios forestales realizados con el fin de obtener tierras cultivables.

La revolución industrial marca el comienzo de una época de alteración de los ciclos biológicos originada por un modo de producción histórico concreto, el capitalismo, y no por una variación del clima, por la deriva de los continentes o por cualquier otro fenómeno natural. El inicio de la mecanización de la producción fabril y agraria en el siglo XVIII corre pareja con el uso de energías fósiles -empezando por el carbón- y la emisión de gases de efecto invernadero, responsable de la contaminación (del aire, el agua y los suelos) y del calentamiento global que ilustran la actual degradación de la biosfera. La revolución burguesa proporcionó el marco político e ideológico adecuado a unas relaciones sociales nuevas que se derivaban de los medios de producción tecnificados. El viento fue el vehículo que transportó el dióxido de carbono hasta las cumbres más altas del planeta.

El Londres de 1870 visto por Gustave Doré.

¿Qué puede aportar la crítica antidesarrollista y libertaria al contexto actual?

La crítica antidesarrollista y libertaria intenta explicar la sociedad partiendo de la naturaleza industrial de todas las actividades que se realizan en ella, desde las económicas hasta las lúdicas. Las condiciones de existencia bajo régimen capitalista son eminentemente industriales, potenciadas por la tecnología y esclavas del crecimiento de la economía, del desarrollo mercantilista y de lo que los dirigentes llaman progreso. La anomia, la atomización, la alienación extrema (el espectáculo) y el control son las consecuencias de ese progreso que caracteriza la sociedad de masas presente. El conocimiento elemental de esa clase de sociedad es necesario para encontrar sus contradicciones, señalar sus puntos débiles y vislumbrar las posibilidades de intervención radical a quienes desean cambiarla por las buenas o por las malas. Esa es la tarea que se propone la crítica antidesarrollista. En el contexto actual de tambaleo de la mundialización, dicha crítica es doblemente necesaria y urgente para que la coyuntura resulte lo más favorable que se pueda al despertar de la conciencia social.

¿Cómo ves el “ambiente” libertario y/o antidesarrollista en España? ¿Cabe esperar algo concreto desde ese ámbito?

El medio libertario tiene poco que ver con el anarquismo del pasado, pues la casi desaparición del movimiento obrero hizo imposible la reconstrucción de una fuerza social anarquista que se apoyara en los conflictos laborales. Incapaz de enfrentarse coherentemente a las nuevas condiciones sociales, especialmente al desclasamiento, el anarquismo quedó sumergido en una fuerte crisis ideológica de la que probablemente no podrá salir. El desembarco en los medios libertarios de la juventud frustrada de las clases medias, principalmente universitaria, no ha hecho más que rematar esa crisis, pues la pereza intelectual, la indiferencia ante la historia, los clichés posmodernos, el activismo estéril, el modo de vida marginal y el entusiasmo por las modas identitarias -características propias de la mesocracia funcionarial asalariada- son ahora moneda corriente. En cuanto al Antidesarrollismo, podemos afirmar que sus ideas circulan y que algunos combatientes refractarios se sirven de ellas con más o menos acierto, pero no tantos como sería deseable. Las luchas en defensa del territorio, las movilizaciones contra el TAV, el fracking, la industria alimentaria, las minas de uranio o las centrales eólicas, por ejemplo, no bastaron para forjar un movimiento crítico autónomo capaz de influir en los acontecimientos. Es más, la autolimitación se impuso en la mayoría de las protestas, facilitando su aislamiento, su recuperación por el ciudadanismo y su dispersión. Hoy en día, tal como hemos visto a propósito del cambio climático, el enemigo osa utilizar esas ideas para montar espectáculos de masas. Las perspectivas no son halagüeñas, pero la dominación sigue teniendo los pies de barro y su base popular se disgrega.

Grabado de la propaganda oficial contra la revuelta ludita.

Algunos autores defienden lo que denominan “Decrecimiento” como camino de salida al actual capitalismo, tú prefieres hablar de “Antidesarrollismo”, ¿nos puedes desarrollar un poco el tema?

Son dos posturas antiprogresistas, yo hablo de crítica antidesarrollista o anti-industrial indistintamente. Es decir, de una reflexión sobre el devenir histórico del sistema dominante que trata de proporcionar razones para su contestación global y radical. El enfoque antidesarrollista no persigue la transformación paulatina y tranquila de la sociedad de consumo, sino su desmantelamiento enérgico y rápido. Se apoya en los clásicos de la revolución (Marx, Bakunin, Korsch, Pannekoek, Rosa Luxembourg, Volin, Landauer, Berneri, Flores Magón, los situacionistas…) y en las aportaciones recientes más drásticas e inequívocas (Bookchin, Mumford, Ellul, MacDonald, Anders…) En cambio, el decrecimiento es una doctrina que nació en despachos de sociólogos y administrativos, ajena al proceso histórico que la catapultó, por lo que no se presenta como critica social antagonista (por ejemplo, no cuestiona la política, la propiedad o el trabajo), sino como planteamiento de especialistas, como fórmula de estabilización de la economía, como desarrollo de una economía “alternativa” dentro del capitalismo. No es un pensamiento de y para el combate, sino una receta salvadora que necesita el patrocinio de la gente de Estado y la aprobación de la “ciudadanía” servil para poder llevarse a cabo.

¿Cuál es su opinión sobre el: ‘ingreso mínimo vital’ que el gobierno pretende implantar y/o la ‘renta básica universal’, ‘salario social’, etc. u otras medidas del mismo tipo que distintas voces sugieren como necesarias para los más “desfavorecidos”? (El primero en plantear algo parecido a una Renta Básica fue Milton Friedman)

La Renta Básica es otra fórmula mágica de estabilización administrativa de la economía aplicada por un Estado obligado a desarrollar funciones asistenciales. Tiene que ver más con el mercado de la exclusión que con la abolición de los mercados. No se trata más que de la gestión de la fuerza de trabajo sobrante imposible de reciclar en el mercado laboral. Consiste básicamente en un rescate del consumidor pobre y desahuciado gracias a la inyección de un dinero en sus bolsillos proveniente de nuevos recortes y de los impuestos que pagan fundamentalmente las clases medias. Friedman lo llama “estimulación de la demanda”, y Podemos, “redistribución de rentas”. Se espera que de este modo las personas asistidas se muestren poco proclives a las actitudes extremas y bastante más sumisas ante los representantes del orden. Se dirá que ese tipo de medidas se adopta en nombre del bien común, pero lo cierto es que hace tiempo que los Estados perdieron su autonomía y quedaron sometidos a un cártel de empresas transnacionales y bancas de inversión que son en verdad quienes controlan sus monedas y determinan su política, por lo que ese tipo de decisiones solamente se tomarán si convienen al interés privado.

El teórico consejista Anton Pannekoek (1873 – 1960).

¿Ante la crisis del COVID-19 estamos frente a un gran cambio político-social-económico, ante el fin del capitalismo tal y como lo conocemos según apuntan algunos autores? ¿O la actual crisis pasará y el capitalismo dominante sabrá como mutar y mantenerse?

Evidentemente, habrá un antes y un después del coronavirus. La pandemia sin duda está provocando una crisis económica de envergadura, que debilitará y acentuará la dependencia financiera de los Estados deficitarios y endeudados como el español. De esa situación sacará provecho la oligarquía transnacional, la verdadera clase dominante deslocalizada, imponiendo a todos los Estados políticas costosas para salir de la crisis y avanzando en la globalización. Las clases medias seguirán empobreciéndose y aferrándose al rol protector del Estado. La crisis pasará o se ocultará tras otras, no sin beneficiar al capitalismo globalista, que, desde luego, tanto en los océanos en calma como en los tempestuosos, sabe mantenerse.

¿Las democracias occidentales van camino de ser -aún- más autoritarias? ¿De imitar el modelo chino que ya se empieza a halagar?

Los sistemas partitocráticos que nos dominan tienen tanto que ver con la democracia -en su acepción burguesa- como con el fascismo. En realidad se sitúan a medio camino entre una cosa y la otra: son regímenes autoritarios con apariencias democráticas no excesivas, donde las leyes suprimen libertades en lugar de ampliarlas. Con la crisis sanitaria han dado un salto cualitativo en materia de vigilancia y control de población que amenaza con ser irreversible. La digitalización social va a generalizarse. Los gobiernos recurrirán sistemáticamente al miedo para hacer abortar los conflictos. Las relaciones sociales -si las revueltas no lo impiden- se reflejarán cada vez más en modos de vida uniformes, tutelados y virtualizados; la medicalización y la alimentación industrial experimentarán un nuevo impulso, en paralelo con el asma, el sobrepeso, la diabetes y los infartos. El modelo chino se impondrá políticamente como forma gubernamental de preferencia, pero no económicamente. En Occidente, el papel empresarial y financiero corresponde a las grandes corporaciones, no al Estado, que se limita a fomentar políticas desarrollistas.

EE.UU. parece perder el liderazgo mundial frente al gigante chino y el repunte ruso, ¿cómo se plantea el escenario geopolítico en el futuro próximo?

Es indudable que la hegemonía americana -económica, no militar- está siendo socavada por el empuje capitalista chino, y que el dólar está siendo puesto en entredicho como moneda mundial. La nueva situación ha provocado una reacción patriótica en los dirigentes estadounidenses, de ahí la política exclusivista y agresiva de Trump -Bolsonaro y Johnson- que plantea problemas a los dirigentes apátridas, representantes de las finanzas internacionales, más inclinados a la conformación de un centro regulador mundial que englobe a todas las grandes potencias y armonice todos los intereses contrapuestos.

¿Se abrirán paso las “tecnologías verdes” frente a los actuales modelos basados en combustibles fósiles?

La producción “verde” con su correspondiente tecnología “limpia” lleva decenios promocionándose desde organismos supranacionales, y en la actualidad, cuando la privatización de la naturaleza ya es un hecho palpable, la denominada por los expertos de Naciones Unidas “economía verde” representa a un potente sector capitalista cuya expansión es deudora del alarmismo de los dirigentes ante la crisis ecológica. Su profundización, puesta nuevamente de manifiesto por el desarreglo climático, vuelve rentables negocios verdes antaño marginales, como el de las energías renovables, atrayendo fuertes inversiones hacia ellos. Sin embargo, la economía “verde” no puede ni aspira a reemplazar a la economía basada en energías fósiles -economía “sucia”- que continúa siendo la actividad principal, sino a servirle de complemento.

¿Debemos avanzar hacia esa “nueva sociedad verde” que se apunta incluso desde el gobierno español (Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030), o el camino es otro bien distinto? ¿El Ecofascismo acecha?

El gobierno español es un gobierno débil y sin prestigio, con graves problemas de financiación; carece en absoluto de independencia y se limita a copiar e imitar lo que hacen otros gobiernos con más inventiva y libertad de movimientos. El poder ejecutivo estatal estimula las iniciativas empresariales que trabajan en la mercantilización del territorio y su finalidad no es más que la sociedad capitalista de siempre, eso sí, con presencia abundante de mercancías ecológicas en las estanterías de los centros comerciales al lado de las otras, llenas de aditivos químicos pero mucho más baratas. El ecofascismo es la respuesta autoritaria y represora de la clase dirigente a una crisis ecológica que signifique una amenaza directa de su mundo. La actual crisis sanitaria puede servir de ejemplo comparativo. Para un capitalismo trémulo e inseguro, cualquier crisis importante abrirá puertas al fascismo, pero también a las disidencias insurreccionales.

¿Lecturas recomendadas para estos tiempos convulsos?

Leo por placer y mis lecturas son aleatorias, sin objeto preciso. Ahora mismo tengo encima de la mesa a “Los detectives salvajes”, de Roberto Bolaños, no sé si me gustará; a “Cita con los clásicos”, de Kenneth Rexroth, un personaje simpático, crucial en la literatura y la subversión cultural de los pasados sesenta; y “Testimony”, la biografía del músico Robbie Robertson, guitarrista de la mítica “The Band”.

Cierre al salir (o la ultraderechita cobarde)

Foto: Creative Commons/Rich Renomeron

Prácticamente desde el momento en que el Gobierno progresista asumió sus funciones, hemos sido testigos de una durísima campaña de acoso y derribo que se ha librado por igual en los frentes político y mediático. Este Gobierno, nacido de la voluntad democrática de las urnas, fue a pesar de todo calificado de ilegítimo por la extrema derecha, con la connivencia y simpatía de sus aliados ‘moderados’.

Se toleró, justificó y permitió aquella narrativa entonces, y la enorme dimensión de la crisis sanitaria – y económica – en la que nos encontramos inmersos no ha hecho más que desatar los instintos más bajos y ruines de la caverna española. Con la excepción de unas semanas al inicio de la pandemia – un periodo ‘de cortesía’ durante el cual la dimensión de la tragedia fue tan abrumadora que superó incluso el casi inexistente baremo moral de los ultras – hemos visto a una derecha enrabietada, capaz de recurrir a todo tipo de calificativos, dispuesta a fomentar todo tipo de teorías conspiranoicas, alimentando un clima de crispación y enfrentamiento que servía a la narrativa del ‘gobierno ilegítimo’ que ya habían anticipado.

Cuando Pablo Iglesias ha acusado a Vox de desear un golpe de estado, no ha faltado a la verdad.

Hemos visto a agitadores disfrazados de periodistas acusando a Pablo Iglesias de asesinar a los ancianos en las residencias, calificando a Pedro Sánchez de sepulturero, desatando una guerra contra médicos y científicos hasta afirmar que la OMS trabaja para el Partido Comunista Chino, animando y jaleando concentraciones que atentaban contra la salud pública, se han hecho llamamientos a una intervención de las fuerzas armadas, del Rey, a la creación de un ‘Gobierno de Salvación Nacional’ con un apestoso tufo a ‘cirujano de hierro’… En mitad de una crisis sanitaria histórica que se ha cobrado miles de vidas, la cúpula de Vox organizaba una manifestación de ambiente festivo que el propio Espinosa de los Monteros comparaba con ‘ganar la copa del mundo’.

Así que cuando Pablo Iglesias ha acusado a Vox de desear un golpe de estado, no ha faltado a la verdad. La pandemia no ha hecho más que profundizar un desprecio a las reglas del juego democrático que la derecha española profesa de forma especialmente ferviente, y que además nunca se ha molestado en disimular, con pandemia o sin ella. Por eso sorprende que, después de una campaña continuada en la que ha valido todo, Espinosa de los Monteros se levantara de la Comisión de Reconstrucción, humillado y ofendido porque el vicepresidente segundo había tenido la osadía de responderle.

Se han hecho llamamientos a una intervención de las fuerzas armadas

En el momento en que por fin tenía la ocasión de librar su batalla contra un gobierno que, si realmente cree lo que dice, es responsable de atroces crímenes, Espinosa de los Monteros decidía hacer mutis por el foro. Aquellos que acusaban con calificativos despectivos a sus predecesores, y que prometían un valor que éstos aparentemente no habían tenido a la hora de enfrentarse a la izquierda, han resultado ser tanto o más cobardes que ellos.

No es de extrañar. La ultraderecha siempre ha sido valiente con los débiles, y cobarde, miserable y sumisa con los fuertes. Siempre se ha atrevido a lanzarse contra la gente trabajadora, la que no tiene nada más que las manos con las que se gana la vida, mientras lame la bota de los poderosos. Pablo Iglesias no ha hecho más que recordarnos que, debajo de todas las bravuconadas, debajo de toda la palabrería, de las amenazas y acusaciones, se esconden los mismos cobardes de siempre, que desaparecen en cuanto el enfrentamiento se produce frente a frente, cara a cara, de tú a tú. Como Espinosa de los Monteros, todos los reaccionarios, matones venidos a más, tienden a huir cuando alguien les hace frente. Y por desgracia para ellos, los demócratas no vamos a arrugarnos.

España no es suya: cierren al salir. 

EBHI se niega a negociar los despidos

Aunque la reunión en el SASEC (Servicio Asturiano de Solución Extrajudicial de Conflictos) se prolongó desde las 10:00h hasta pasadas las 17:00 horas, EBHI no ha aceptado negociar los despidos, que presenta como final de contratos. Como temían los cuatro trabajadores encerrados en EBHI y el Comité de empresa, el NO del Consejo de Administración era innegociable en una de las reivindicaciones centrales de la huelga de hambre, el cumplimiento de los acuerdos adoptado en 2017 entre la dirección de EBHI y la plantilla para mantener una tasa de reposición del 100%. Una concentración de trabajadores y simpatizantes de estos acompañó desde primera hora al comité de empresa en el exterior de las oficinas del SASEC.

La empresa, especializada en el movimiento de carbones en el puerto de El Musel, sigue alegando que el ERTE está justificado por el descenso de la producción en Mittal y el final de las centrales térmicas. Los trabajadores en cambio denuncian que el movimiento de carbón se ha incrementado en el puerto con la llegada de la empresa carbonífera MNR, pero que es la Autoridad Portuaria la que está saboteando a su propia terminal no buscándole contratos para la carga y descarga de buques.

La tensión en Alcoa y Nissan aviva el debate sobre la participación del Estado en la industria

Movilización por el futuro de ALCOA. Foto: Iván G. Fernández.

“No estamos en régimen comunista”. Esas fueran las palabras en noviembre de 2018 de la por entonces ministra de trabajo, Magdalena Valerio, ante las peticiones por parte de los sindicatos y de Unidas Podemos, para que el Gobierno, haciendo uso de los poderes que le otorga la Constitución, interviniera en ALCOA para salvarla de un posible cierre. Valerio ya no está al frente de esa cartera, y hoy el Ministerio de Trabajo está ocupado por otra mujer, Yolanda Díaz, uno de los nombres que cotiza al alza en la política española. Díaz por cierto es comunista, gallega (Alú Ibérica tiene dos plantas en Galicia) y fue imputada (y más tarde desimputada) por participar en una protesta de los trabajadores de ALCOA que acabó con disturbios.

La globalización no está de moda

Mientras Nissan decide dejar España, Francia anuncia planes para potenciar la relocalización de su industria automovilística en suelo francés. “La crisis sanitaria ha detenido de forma brutal la industria del automóvil francesa. Es parte de nuestra economía, son miles de empleos. Nuestro apoyo se incrementará masivamente” ha escrito el presidente de la República francesa, dando a entender que Francia apoyará antes el mantenimiento del empleo en las fábricas francesas de automoción, que en las factorías de las empresas galas ubicadas en España u otros países. Francia conserva carteras de acciones en algunas de las principales empresas del país, entre ellas Renault, Citroën y Peugeot. La relocalización industrial y el posible escenario de desglobalización que afronta la economía mundial pillan a España con el pie cambiado: una economía muy dependiente del turismo y un tejido industrial pobre tras décadas de cierres y ventas de empresas a multinacionales extranjeras, tal y como se explicaba recientemente en un artículo de El Salto.

Trabajadores de la planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona

Lo que a finales de 2018 era un debate aún muy marginal, que ni siquiera los grandes sindicatos tenían seguro que fuera conveniente abrir, hoy se ha convertido ya en una discusión ineludible. El anuncio de los ejecutivos de Nissan de cerrar su planta de Barcelona, coincide con despidos en la antigua ALCOA, hoy Alú Ibérica, y cuya venta, del fondo suizo Parter Ibérica al Grupo Riesgo, no convence a nadie, y está bajo sospecha. La operación, rodeada de misterio, y realizada en pleno estado de alarma, no ha gustado ni a los trabajadores y sus sindicatos, ni al Gobierno autonómico ni a la oposición, ni a la propia ALCOA, que ha denunciado el incumplimiento por parte de Parter Ibérica de los acuerdos de la venta. Por parte de PODEMOS Asturies se viene reclamando insistentemente desde hace meses que el Estado intervenga en la antigua ALCOA y otras empresas estratégicas para la economía asturiana. forma de evitar cierres y deslocalizaciones. “Alu Ibérica no admite ya más parches” ha declarado hoy Lorena Gil, portavoz de Podemos Asturies, para quién la historia de la reconversión industrial asturiana “debería habernos dejado claro que subvencionar a las multinacionales y ofrecerles ventajas fiscales que jamás se le ofrecerían a la pequeña empresa o a los autónomos no sirve para que se queden en el territorio, sino para hacer más larga la agonía previa a la deslocalización”.

El comité de empresa de Alú Ibérica considera que los trabajadores han sido estafados, y exige al completo la intervención del Estado. Trabajadores asturianos y gallegos están unidos en torno a esta reivindicación. Los 534 despidos anunciados en la planta de San Cibrao (Lugo) pueden ser a todas luces el prólogo al cierre total de la antigua ALCOA, anteriormente la empresa pública de aluminio INESPAL, privatizada en 1998 por debajo de su valor, según un informe del Tribunal de Cuentas de 2005. Ángela Vallina, portavoz de IU, socia parlamentaria del PSOE asturiano, también respalda las exigencias de los trabajadores del aluminio y defiende el mantenimiento de la participación pública en un sector estratégico para la economía regional. El Principado por ahora mide sus palabras, si bien en unas declaraciones a la SER este fin de semana Adrián Barbón se abría a la posibilidad de intervenir la empresa, aunque afirmando a renglón seguido que “el Gobierno autonómico no tiene capacidad para llevarla a cabo”, sino que “debe ser una cuestión que se contemple desde el Ejecutivo central”.

Millones de euros en ayudas públicas a fondo perdido

El carácter privado de empresas como ALCOA o Nissan nunca ha sido un impedimento para recibir ayudas públicas. ALCOA recibió 1.000 millones de euros en ayudas del Estado entre 2008 y 2018 para rebajar su tarifa eléctrica. Nissan 179 millones, también en 10 años, según informa su comité de empresa. Una parte del Gobierno, con la vicepresidenta económica Nadia Calviño a la cabeza, apuesta por seguir dando ayudas para frenar las delocalizaciones y los cierres, el vicepresidente Pablo Iglesias sin embargo se ha manifestado partidario de abrir el debate sobre la entrada del Estado en los consejos de administración. “Todos tenemos absolutamente claro que hay que reconstruir la industria del conjunto del Estado. No podemos tener la debilidad industrial que tenemos que ha puesto de manifiesto esta pandemia” ha afirmado hoy Iglesias, que ha recordado que fue el PP el que nacionalizó Bankia en 2012 durante la crisis financiera. Desde Podemos Asturies se plantea acabar con la política de ayudas y subvenciones a fondo perdido a la gran industria asturiana, y que estas sean a cambio de paquetes de acciones que permitan al Estado sentarse en el consejo de administración. España, con 16 empresas públicas o semipúblicas, es el país de la UE con menos participación directa del Estado en la economía.