La única seguridad que tenemos es la que nos dan esas fuerzas y esos cuerpos amenazados, empujados y golpeados, de mujeres que aguantan y llevan cuidando la vida.
Si cada médico asesinado en Gaza, Cisjordania, el Líbano, se hubiera transformado, como Quirón, en una constelación, no habría sitio en el cielo para tantas estrellas.
La responsabilidad debería caer sobre las fuerzas de ocupación, no sobre los pueblos que resisten, la resistencia es un derecho y una obligación moral.