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Opinión

La nueva normalidad

Recuérdalo: vamos a seguir contaminándote. Así que usa mascarilla. Acostúmbrate. Te prometemos un siglo XXI lleno de emociones

Ilustración: Mybro.

“Lo digo y lo repito: usa mascarilla. (…) Cuida de tu salud y estarás cuidando la de todos”. Adrián Barbón, presidente de Asturias

“(…) no hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias. Y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de la gente, y la gente primero debe cuidar de sí misma. Es nuestro deber cuidar de nosotros mismos y después, también, cuidar de nuestros vecinos”. Margaret Thatcher

“El periodo de gracia se acabó, la Policía impondrá la distancia social”. Delia Losa, delegada del Gobierno en Asturias

Mi vecina la del tercero continúa desinfectando, una a una, las patas de su perro cada vez que vuelven del paseo y se disponen a entrar en casa. Una amiga, que trabaja de puta, ha vuelto a recibir llamadas. Acude al piso de contactos y chupa pollas, mete dedos en el culo y se deja penetrar. Todo ello con condón. A veces se ríe y piensa, con el dedo envuelto en látex, que parece una enfermera. Eso sí, sin EPIs y sin distancia social. Inocencio, ochenta y siete años, fue picador en la mina. Sabe bien lo que es quedarse sin oxígeno. Al fin y al cabo, lleva media vida silicótico. Ha vuelto a pisar la calle tras cien días confinado. De cinco a siete de la tarde sale de la residencia en la que vive. Aunque teme al bicho, necesita caminar. Hace menos de un año que rompió la cadera. Tanta película de John Wayne tirado en la cama le ha dejado más torpe. Dice que le duele la pierna. Y dice, también, que la calle está más triste.

Una calle del barrio de Pumarín, Oviedo/Uviéu. Foto: Iván G. Fernández.

Hay quien tiene mucho miedo a que se pueda circular entre regiones. El martes llegó a Oviedo un tren procedente de Madrid. Qué miedo. Había muchos secretas en la estación. Por nuestra seguridad. Últimamente, se suceden los eventos que denuncian la violencia policial contra los negros. Al parecer, el racismo es culpa del supremacista Donald Trump y sus secuaces. Así lo decían muchas pancartas en España. También una en Oviedo. Ese día, la mujer con el peto de Amnistía Internacional pidió a toda la plaza que hincase la rodilla. Para hacernos la foto. Hoy El País habla del pelo afro y los derechos civiles en EEUU. De entre todas las personas que se bajaron del tren en Oviedo, dos eran negras. Los secretas sólo las identificaron a ellas. A una la agarraron del brazo y se la llevaron. A comisaría. Por negra y por no tener papeles. La obligaron a quitarse el sujetador y los cordones de los zapatos. Una policía la cacheó en busca de drogas. En el calabozo no existe la distancia social. De pronto, por negra y por no tener papeles, era sospechosa de tráfico de estupefacientes. Cien mil detenciones en un año. Doscientas setenta y cuatro al día. Ese ha sido el récord español de encierros en calabozo en aplicación de la Ley de Extranjería. Verdaderamente, Donald Trump es un fascista.

Concentración antirracista en la plaza de La Escandalera Uviéu FOTO: Iván G. Fernández

Las calles, después del silencio interrumpido por tanquetas militares, vuelven a estar infestadas de coches. No las vemos porque son microscópicas, pero las partículas contaminantes proliferan otra vez. Con cada respiración penetran, profundamente, en nuestros pulmones. Se estiman en treinta mil los fallecimientos prematuros cada año por contaminación del aire en el Estado español. Ahora que nos tragamos las estadísticas producidas just in time, resuena esta cifra, ¿verdad? Treinta mil.

Toda la población asturiana respira habitualmente aire contaminado. Responsabilidad individual. Ponte una mascarilla. Tractores rociando las caleyas con lejía. Ochocientas muertes en Asturias como consecuencia de la contaminación atmosférica. Veinte mil sanciones durante el estado de alarma. No recuerdo que el presidente asturiano o la delegada del Gobierno hayan dicho nada de las micropartículas. Quizás habría que multarles por ello. En el mundo mueren anualmente más de medio millón de niñxs por enfermedades respiratorias asociadas a la contaminación. La mayoría por neumonía. Usa mascarilla. Cuida tu salud y estarás cuidando la de todos. ¿Quiénes somos todos?

Las chimeneas de Mittal reflejadas en el Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer. FOTO: Iván G. Fernández

Zoonosis. Una sofisticada palabra. El paso de enfermedades infecciosas de otros animales a los seres humanos (o viceversa). El coronavirus es fruto de una zoonosis. Las granjas industriales son una de las causas principales de la proliferación de zoonosis. Gripe aviar, gripe porcina, entre otras. En España se mata cada año a cincuenta millones de cerdos. Casi la mitad en Catalunya. En España cuelgan de los balcones miles y miles de banderas rojigualdas. Ahora también hay gente que las lleva en la mascarilla. Como un escupitajo. Sin embargo, en lo que respecta a las granjas industriales, hay muchas zonas de España que quieren emular a Catalunya. Más allá de las banderas y de los escupitajos. El Gobierno de Castilla y León, por ejemplo, se propone agilizar algunos trámites. Eso de que una industria que consume agua como si fuera una ciudad, contamina acuíferos como si fuera una mina y emite gases como si tuviera una enorme chimenea tenga que pedir licencia ambiental es una burocracia innecesaria.

Macro-granja de cerdos. Foto: Ecologistas en Acción.

Antes del estado de alarma, había en el mundo unos setenta mil millones de animales encerrados en granjas industriales. Eso sí que es un confinamiento gigantesco. Animales hacinados, maltratados, estresados y atiborrados de antibióticos. Ahora, en la nueva normalidad, hay, millón arriba, millón abajo, los mismos. Ponte la mascarilla. Apelo a tu responsabilidad individual. Tampoco he escuchado a nuestro presidente hablando acerca de este asunto. En estos ecosistemas distópicos, la posibilidad de que un virus salte de un pollo o un cerdo a un ser humano se multiplica. Bosques y biodiversidad se destruyen a toda máquina para engordar a toda esta carne enlatada en jaulas. La fauna silvestre que sobrevive va quedando encajonada en rincones cada vez menos recónditos. Lo cierto es que ya no existen rincones recónditos. El contacto con otras especies y la mercantilización de los llamados animales salvajes dispara las posibilidades de zoonosis. Ébola, coronavirus, entre otras. Que los humanos urbanicemos cada vez más territorio tampoco ayuda. Las ciudades se extienden y matan o desplazan a muchas especies animales. Los humanos también somos animales. No vivimos en jaulas, pero cada vez más gente trabaja, vive y se desplaza en contextos de hacinamiento. Cuando la zoonosis se produce, el virus encuentra las condiciones para expandirse a sus anchas.

Matadero de Litera Meat, Binéfar, Huesca.

El matadero de Litera Meat en Binéfar se hizo tristemente famoso durante el confinamiento. Que abunden los brotes en mataderos parece una señal divina. Mi familia celebró el fin del estado de alarma con una parrillada. Nada de besos y abrazos. Alitas de pollo, costillas de cerdo y chorizos criollos. El matadero de Litera Meat se construyó con la idea de que en él se pudieran matar treinta mil cerdos al día. Eso da más de diez millones al año. Para exportar los cadáveres a China. En esta fábrica fría y húmeda, la brutalidad laboral que imperaba facilitó aún más la propagación de la enfermedad. Cientos de personas contagiadas. Casi todas migrantes. A día de hoy, la cadena de muerte de Litera Meat continúa a todo trapo. Más mascarillas, más jabón, y a seguir matando cerdos a toda velocidad. Y eso que los brotes en mataderos se han multiplicado en las últimas semanas. También entre los temporeros y temporeras. Diez horas con mascarilla trabajando a destajo dentro de un invernadero. Inditex dice “Black Lives Matter”. Migrantes hacinadas en cadenas industriales. Migrantes hacinadas en pisos y chabolas. Migrantes en la calle durmiendo entre cartones.

****

Recuérdalo: vamos a seguir contaminándote. A ti y a los tuyos. Así que usa mascarilla. Por las buenas o por las malas. Acostúmbrate. Te prometemos un siglo XXI lleno de emociones. Póntela. Quizás jamás te la puedas quitar.

Eduardo Romero
Escrito por

Es activista y escritor, co-fundador del colectivo y local Cambalache de Oviedo/Uviéu. Entre sus libros "En Mar Abierto" (2016) y "Autobiografía de Manuel Martínez" (2019).

4 Comentarios

4 Comments

  1. Toño

    16 julio 2020 a las 09:00

    Impresionante artículo, de lo mejor que he leído en mucho tiempo. De verdad que me ha llegado muy hondo, y no voy a engañar soy de los que hago parrilladas, pero gracias a artículos como este la verdad que me estoy empezando a plantear muchas cosas.

    Enhorabuena por el artículo.

  2. Luis

    27 julio 2020 a las 13:44

    Interesantisimo articulo,es necesario aportar puntos de vista distintos,tal como lo hace este artículo.Mis felicitaciones.

  3. Marcelino Rodriguez

    4 agosto 2020 a las 23:18

    Felicitaciones compa Eduardo, por tan excelente articulo que nos invita a una buena reflexion

  4. Ana

    7 agosto 2020 a las 17:52

    Tan cierto y real, lejos de tópicos que nos ahogan. Ganas de llorar, la realidad es lo que tiene, no admite paños calientes. Gracias por tu clarividencia y verdad

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