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La sombra y el agua

Jose Yebra (Cacabelos, El Bierzo, León, 1967), poeta y licenciado en Filología Inglesa, nos deja esta historia para echar fuera la semana.

Foto: Iván G. Fernández

TEXTO: JOSÉ YEBRA / IMAGEN: IVÁN G: FERNÁNDEZ

Me dice mi padre que siempre busque las sombras en los días de mucho sol y calor, al igual que hace él cuando salimos a dar un paseo. Y eso trato de imitar, sin darle demasiada importancia, obedeciendo y queriendo solamente pasar desapercibida porque todas las niñas de mi colegio sabemos que cuanto menos llamemos la atención de la gente adulta, más libremente podremos jugar después. Los niños, la verdad, a estas alturas se comunican poco y con escasa precisión semántica. No se enteran.

Y ahora, de repente, me veo en esta situación, enfrentada a un dilema que todavía soy incapaz de explicar con palabras. Mi padre está ahí, al fondo, hablando de las fases de la desescalada con un señor cuya cara me suena bastante: creo que debe ser un vecino de esos con los que al parecer nos llevamos bien, de los pocos que ni lucen banderas rojigualdas en el balcón ni aporrean potas y sartenes como energúmenos cada día a eso de las nueve de la noche. Hablan un poco más alto de lo habitual porque no están cerca el uno del otro, me refiero a la distancia natural a la que deben permanecer dos humanos cuando están inmersos en una conversación. Así a ojo, diría que se encuentran a unos tres metros el uno del otro, pero como soy pequeña aún, lo de medir las distancias utilizando el sistema métrico decimal todavía no lo tengo muy desarrollado. Ya llegará ese conocimiento, bien presencialmente o por vía telemática, aunque espero que sea la primera de estas dos posibilidades, que me gusta ir al colegio y jugar con mis amigas.

Al grano, que ahora no me está mirando. Me estoy asando de calor. Treinta grados en Asturias son muchos grados (me refiero a los centígrados, que los Farenheit no los aprenderé hasta dentro de unos cursos). No se hable más, ya está decidido, ¡voy a echar unas buenas carreras refrescándome a tope entre esos chorros de agua que salen del suelo! Y luego, pues que sea lo que tenga que ser, que seguro que en este contexto actual no me podrá castigar sin salir de casa, que fueron muchos, demasiados días sin poder abrir la puerta para ver la luz de la calle, y ahora que llega el buen tiempo, si me encierra en casa, se jode él también.

Sin miedo.

¡Vamos allá! A la de tres…

tres… dos… uno…

Iván G. Fernández
Escrito por

Iván G. Fernández (Uviéu, 1978), es fotógrafo y periodista de "caleya". Ha trabajado y colaborado en numerosos medios de comunicación asturianos y del resto del Estado desde finales de la década de los 90.

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