“Vivimos un momento de verdad”

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Rita Álvarez Tudela
Rita Álvarez Tudela
Fotoperiodista viajera. De vuelta en Asturias tras pasar por Madrid, Iowa, Pekín y Londres. Le gusta contar pequeñas historias. Publicó en Al Jazeera English News, La Voz de Galicia, Deia y Atlántica XXII.

La proyección de la película O que arde y el posterior coloquio con su director, Óliver Laxe (París, 1982) puso el broche de oro a la cuarta edición de Fiasco, el Festival Independiente Asturiano sobre Comunidad Cultural celebrado en Mieres. Allí charlamos con el cineasta gallego sobre, cine, pandemia y su proyecto en Os Ancares, tierra natal de su madre, en la que pretende impulsar un centro de desarrollo rural y cultural junto al movimiento asociativo de la zona.

– Ha dicho que la pandemia ha coincidido con el momento más feliz de su vida…

Me tocó encarar de manera seria el proyecto en Os Ancares (Lugo), que es un sitio al que estoy ligado esencialmente. Entonces, cuando tú estás en el sitio en el que debes estar y haciendo lo que debes hacer, y tienes esa seguridad, eso te da mucha paz, no diría felicidad, porque eso es idealizar un poco la vida, no es que estés feliz todos los días, pero sí mucha paz y serenidad. Yo creo que también le da bastante serenidad al ser humano los momentos intensos en los que la vida le habla y la mejor manera que tiene de hacerlo es a través de la muerte. Obviamente es un momento intenso y duro, y no le quiero quitar dramatismo a lo que está sucediendo. Me parece que estamos en un momento más natural y de normalidad que lo que estábamos viviendo antes, la presencia de la muerte y el diálogo que hace que tengamos con nosotros mismos y con el resto del mundo, es un momento de verdad y la vida nos está preguntando qué hacemos, quiénes somos y qué tipo de vida queremos.

“Me parece que estamos en un momento más natural y de normalidad que lo que estábamos viviendo antes”

– ¿Nos puedes explicar un poco más ese proyecto tan personal en Os Ancares?

Desde el inicio de mi carrera siempre he tenido que gestionar el éxito y cómo repercute el éxito en tu ego. Siempre he tenido que observar esto y trabajarlo, hay veces que he tenido el ego muy subido y con la propia vida he logrado bajármelo, afortunadamente. Este proyecto en Galicia, no es de un día para otro, llevo obsesionado toda mi vida con ese sitio, es un sitio al que iba cuando era pequeño, tengo grandes apegos y un gran enraizamiento con ese sitio. Simplemente quiero vivir en ese sitio y no en una isla desierta, tiene forma de centro de desarrollo rural y la gente está contenta porque hay un servicio, pero a mi me gusta porque estoy más cómodo admitiendo que es una cuestión de puro interés.

Carlos Barral, director de FIASCO, en el coloquio con Oliver Laxe. Foto: Rita Tudela.

– ¿Notas en la comunidad un interés más fuerte por lo rural con la pandemia?

Sí, a ver, los cambios importantes siempre vienen de fuera, los seres humanos no tenemos la capacidad ni la disciplina de cambiar. Muchos sabemos que tenemos una manera de pensar, pero actuamos o vivimos de una forma diferente a como pensamos, tenemos el culo en dos sillas. Creo que ha sido un empujón para la gente que ya estaba con un cierto escepticismo y con este mito del progreso, pero para otra gente es como un inicio, pero no está del todo maduro. No veo que en la sociedad haya un cambio de paradigma con respecto al rural. El mito de la modernidad sigue campando a sus anchas, a pesar de los pesares y de que la realidad está diciendo que es un rotundo fracaso. Creo que es verdaderamente muy difícil que la gente cambie su modo de vida.

– ¿Y a ti qué te gustaría ver?

Yo ya soy feliz con lo veo, dentro de sus contradicciones y paradojas, que son las mías también. A mi me conmueve mucho la gente, me parece todo bien. Obviamente veo y siento la decadencia, en las artes es evidente y cada vez hay menos luz. Creo que si tuviéramos otra oportunidad, pero creo que ya hemos tenido muchas, creo que se podrían hacer cosas muy bellas, en particular en la zona en la que yo vivo, es una zona que ya ha sido abandonada hace años, no ha sido tocada, no hay eucaliptos, no hay eólicos, no hay fábricas… Me conformo con cuidar del valle que siempre ha cuidado de mi familia, y que me va a cuidar a mí, no quiero proyectarme a mucho más de eso. A ver si somos capaces de quedar a la altura.

Oliver Laxe durante su presentación en Mieres. Foto: Rita Tudela.

– El medio rural te obliga a interactuar con tus vecinos. ¿Cómo quisiste proyectarlo en la película a través de la realidad que sufre Amador?

Yo creo que la cuestión del anonimato en el rural desaparece, todo el mundo conoce a todo el mundo. Sin embargo, me da la sensación de que la gente en el campo, la gente es más tolerante que en la ciudad porque estás obligado. El campo ha cambiado mucho y está muy urbanizado en los valores, pero antes, y sigue siendo ahora, necesitabas de tu vecino, lo que te obligaba a ser tolerante, a medirte, a observarte, a controlarte. En la película, tampoco es que lo estigmaticen, hay un vacile, pero no lo veo como un linchamiento contra él. La intención de la película es precisamente salir de esa dialéctica de los buenos, de los malos, de las víctimas. Mi intención era que cuando llegáramos al final de la película, en la secuencia final, empatizáramos con todo el mundo: con los vecinos, con Benedicta, con Amador, que sintiéramos a todos.

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