Una PAC a medida de los “agricultores” del Barrio de Salamanca

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Adrián Arias
Adrián Arias
Adrián Arias (Xixón, 1988). Abogado. Activista vecinal. Ha sido Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales en Xixón (2016-2020) y en la actualidad es asesor de la Delegación de IU-GUE/NGL en el Parlamento Europeo.

Con un hemiciclo casi vacío y los eurodiputados interviniendo desde las oficinas que el Parlamento Europeo tiene en los estados miembros, así se debatió y votó la primera parte de la reforma de la Política Agraria Común (PAC) durante la pasada semana, a causa del avance la segunda ola del COVID-19 por Europa.

La Gran Coalición europea (Populares, Socialdemócratas y liberales) pasó el rodillo eliminando la mitad de las 3.000 enmiendas que se habían presentado

Para ser justos, debatir se debatió poco. Apenas una mañana. Ya que, a las restricciones físicas de un pleno en remoto, hay que añadirle que la Gran Coalición europea (Populares, Socialdemócratas y liberales) pasó el rodillo eliminando la mitad de las 3.000 enmiendas que habían presentado los grupos parlamentarios. Muchas de ellas venían de dos de los grupos más activos en la Eurocámara sobre este tema, La Izquierda y Los Verdes, que vieron cómo el presidente David Maria Sassoli, daba por bueno el pacto entre bambalinas al que habían llegado los que gobiernan en la UE.

En cuanto al contenido, a pesar de la pugna política entre tirios y troyanos que siempre existe en Bruselas, se puede considerar que esta reforma de la PAC es un proyecto continuista en un momento en el que el sector agrario se enfrenta a varios retos. El primer reto que tenía por delante era alinear sus políticas con los compromisos del Pacto Verde Europeo y los acuerdos del clima. Se puede decir sin miedo a equivocarse que este primer informe de lo que será la nueva PAC sale del Parlamento Europeo sin asumir los objetivos climáticos ni las políticas para cumplir los Acuerdos de París. Incluso cuando podía avanzar en la obligatoriedad de la implantación de los planes ecológicos o ecoesquemas en lenguaje PAC, estos no dejan de ser una herramienta voluntaria y alejada del pequeño agricultor. Para muestra, el hecho de que los socialdemócratas alemanes votaran en contra del proyecto final precisamente por esa contradicción entre lo que quiere la PAC y los objetivos del Green Deal.

Ganaderos en Valmori (Llanes). Foto: Iván G. Fernández.

Esta PAC pierde mecanismos de control y posibilita aún más que las grandes corporaciones agrícolas sigan siendo las grandes beneficiadas de estas ayudas. Avanza el enfoque renacionalizador que contenta a los países más incumplidores en términos medioambientales y dota a los Estados miembro de una amplia autonomía para desarrollar en sus planes estratégicos muchos conceptos y ayudas directas como aquellas destinadas al “agricultor genuino”.

Por último, el texto de la Eurocámara que ahora entrará en una fase de negociación con el Consejo y la Comisión, no recoge elementos centrales para el futuro del campo como la lucha contra la despoblación, la perspectiva de género o la condicionalidad laboral a la recepción de ayudas. Esta última es si cabe más sangrante, cuando la precariedad en el campo sigue siendo la norma y las condiciones laborales de centenares de agricultores siguen en un limbo. De lo que no parece olvidarse la PAC es de no cerrar el paso al “agricultor de sofá”, que sigue siendo el más beneficiado a pesar de los llamamientos a condicionar las ayudas a los verdaderos productores. El barrio de Salamanca de Madrid seguirá siendo el lugar de España que más ayudas recibe por la PAC. Ante eso, sólo queda seguir trabajando y luchando por una PAC, para quien la trabaje.

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