Cimavilla regresa a 1980

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Las paredes del barrio gijonés de Cimavilla lucen desde hace unos días una exposición al aire libre de fotografías de sus tradicionales desfiles de disfraces. Aunque podría parecer que se trata del Antroxu, en realidad las fotos se corresponden con las fiestas patronales del barrio, que se celebran en septiembre. Unas fiestas que cada año suponían una explosión de alegría, colorido e irreverencia en un barrio, que como recuerda el fotógrafo y colaborador de Nortes, Luis Sevilla, siempre tuvo un “ambiente golfo y divertido”, que hacía que personajes como Rambal y sus amigos, abiertamente gays, gozaran del cariño y el respeto del vecindario, incluso en plena dictadura franquista, con la homófoba Ley de peligrosidad social en vigor.

En 1980 Luis Sevilla trabajaba como empleado en un banco y era un fotógrafo amateur que había decidido acercarse a las fiestas de Cimavilla para tomar algunas instantáneas y captar algo de aquellos desfiles, que hoy, 40 años más tarde, le resultan encantadóramente ingenuos. “Hacía un año y pico que me había comprado una ampliadora y estaba en mis inicios como fotógrafo” comenta Sevilla, que años más tarde dejaría la banca para estudiar fotografía y convertir esa afición en su oficio. Las fotos de aquellos desfiles de disfraces de andar por casa, puro “háztelo tú mismo”, estuvieron mucho tiempo guardados en algún lugar de su archivo. Hace poco, al comenzar a digitalizar todo ese material, surgió la posibilidad de dar una nueva vida a esas viejas fotografías que no había vuelto a ver desde los años 80. La colaboración de Sevilla con Ana González, más conocida por sus amigos y vecinos como Anina Hood, impulsora del proyecto La Casa de la Memoria de Cimavilla, está en el origen de esta exposición sin fecha de clausura. Se mantendrá en las paredes del barrio hasta que el agua y el viento lo quieran.

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