El peor casero de Asturies

No es el Londres de Dickens, ni el París de Balzac: es la Asturies de VIPASA, y se ha convertido en una pesadilla para miles de familias.

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La literatura decimonónica, tanto la más comprometida socialmente como la más resueltamente burguesa, retrató con frecuencia la terrible realidad de la infravivienda. En la habitación parisina en la que vivía Papá Goriot, el inmortal personaje de Balzac, era tal la humedad que las paredes chorreaban agua y el pobre Goriot jamás conseguía que su cuarto estuviera seco. Las novelas de Charles Dickens describen con lúcida tristeza el sombrío panorama de los barrios obreros en el Londres victoriano. No deberíamos sentirnos ajenos a estos relatos, pues la vivienda sigue siendo, en pleno siglo XXI, un drama para miles de compatriotas. En Asturies, alrededor de 250.000 personas sufren la vivienda como un factor de exclusión, incapaces de afrontar los gastos de la hipoteca, el alquiler o los suministros y con dificultades para calentar su hogar en invierno. Esta dolorosa situación se torna aún más grave si tenemos en cuenta que muchas de estas personas son inquilinas del Principado.

Siento vergüenza cada vez que visito viviendas propiedad del Principado

VIPASA se ha convertido en el peor casero que se puede tener en Asturies. Siento vergüenza cada vez que visito viviendas propiedad del Principado. No hay pueblo o ciudad donde no existan problemas de todo tipo: humedades y agua entrando en las casas; grietas y roturas en fachadas de edificios; canalones rotos; suelos levantados; cocheras sin entregar que son foco de basura y ratas; plagas de cucarachas; ascensores inundados; viviendas sin agua caliente; calefacciones y calderas averiadas que son un peligro; problemas de convivencia; falta de claridad y transparencia en la administración; cobro de suministros sin justificación; etc. No es el Londres de Dickens, ni el París de Balzac: es la Asturies de VIPASA, y se ha convertido en una pesadilla para miles de familias.

La administración no sólo incumple sus deberes como casera, sino sus deberes democráticos, que incluyen garantizar que se cumplan en su integridad los derechos sociales de la ciudadanía. Necesitamos una Ley que blinde la función social de la vivienda y asegure el cumplimiento efectivo y el respeto del derecho a una vivienda digna y adecuada recogido en el artículo 47 de la Constitución. Es imprescindible que se asuman responsabilidades políticas ante una gestión catastrófica e inhumana, que demuestra tanta falta de empatía y corazón como incapacidad e ineficiencia. La directora gerente de VIPASA debe cesar para dar paso a una nueva gestión que atienda todas las reclamaciones y las solicitudes de ayuda urgente realizadas por las personas arrendatarias de viviendas de titularidad del Principado. El Gobierno asturiano ha traspasado todos los límites, y a estas alturas ya solo puede decidir si quiere ser parte de la solución, o seguir siendo el origen del problema.

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