¿Se puede ser de Podemos y feminista?

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Begoña Torre Miguel
Begoña Torre Miguel
Licenciada en Historia del Arte y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo. Actualmente cursa doctorado en historia del arte medieval.

En los últimos meses apenas se ha hablado de otra cosa: la Ley Trans. Y con ella surge como de la nada un abismo insalvable entre esta y el feminismo. Sin embargo, no es el objetivo de este artículo debatir en torno a la Ley Trans, pues ya han corrido ríos de tinta sobre su borrador, el cual es sin duda controvertido y quizá también mejorable, a menos que vuelvan a delinearse de manera clara en alguno de sus artículos los contornos que diferencian al sexo del género. No obstante, este es otro tema.

El asunto aquí gira alrededor de la mencionada brecha que repentinamente ha vuelto a separar (lo ha vuelto a hacer porque recordemos que en febrero de 2020 el Partido Feminista de España fue expulsado de IU tras cinco años de integración por motivos de la misma naturaleza) al colectivo LGTBI del feminismo y, por lo tanto, a este último de Podemos. Y yo me pregunto. ¿Convierte automáticamente la Ley Trans a Podemos en un partido que no es feminista? ¿Convierte en incoherentes a las militantes feministas del partido? ¿Cómo puede conciliarse la realidad LGTBI con el feminismo? ¿De verdad si se promulga esta ley van a ir todos los hombres a hacer cola para registrarse como mujeres, o viceversa? ¿Es moralmente lícito posicionarse rotundamente en contra de una ley cuyo verdadero trasfondo es hacer a las personas más libres?

¿De verdad si se promulga esta ley van a ir todos los hombres a hacer cola para registrarse como mujeres, o viceversa?

Lamento deciros que no tengo respuestas para estas preguntas, o al menos no para todas. También pueden dar lugar a creer que quien escribe estas líneas es una devota de la Ley Trans, pero nada más lejos. De lo que sí es devota la que se encuentra tecleando a toda velocidad un texto sobre Podemos y feminismo a altas horas de la madrugada, es del entendimiento y de la pluralidad, y, por otra parte, contraria a las verdades únicas y a los principios inamovibles. Si incumples un punto de nuestro decálogo, ya no eres feminista. Esto, a mi ver, no sólo simplifica la riqueza y complejidad del concepto, sino que nos dificulta la lucha, una lucha cuya representación más bella han sido las manifestaciones del 8M de los últimos años. Es precisamente la unión materializada en esas movilizaciones la que hemos de seguir manteniendo en la distancia, y de esa unión ha de nacer una representación política para que todo lo que ese día decimos a voz en grito pueda, más pronto que tarde, ser una realidad.

Al grano: ¿por qué considero que Podemos es una opción y es feminista? Tanto el programa electoral del partido para las elecciones generales del 10N, el programa electoral basado en la Constitución y, sobre todo, el documento sobre feminismos de la última Asamblea Ciudadana Estatal (mayo 2020), nos proporcionan las respuestas.

El preámbulo del programa basado en la Constitución ya constituye una declaración de intenciones: “Este programa contiene los mimbres para un nuevo país. Un país que no tiene otro planeta y que empleará todos sus esfuerzos en construir un nuevo modelo industrial compatible con nuestra vida en él. Un país feminista, de mujeres y hombres libres e iguales, libres de violencias e iguales a la hora de corresponsabilizarse de los cuidados que sostienen la vida y de disfrutar de un sistema de servicios públicos para ello”. Estas palabras antes de entrar en harina, que el feminismo (osea, la igualdad entre mujeres y hombres) constituye uno de sus objetivos principales. En ese sentido, las políticas de Podemos han hecho siempre gran hincapié en el asunto de los cuidados, lastre que sigue impidiéndonos a las mujeres avanzar hacia dicha igualdad y de importancia crucial.

Sin embargo, los aspectos que, no en vano, más nos preocupan a las mujeres feministas son seguramente, los vientres de alquiler y la prostitución. En varias ocasiones se ha tachado a Podemos de neutral en estas dos cuestiones, pues cuando lo abordan no siempre emplean la palabra “abolición”, término de indudable fuerza pero que tiene sinónimos que hacen que la posición de Podemos sea nuevamente clara aunque prescindan de ella. En cuanto a los vientres de alquiler, queda claro ya en el título del epígrafe: “Contra la explotación reproductiva”, y, más adelante nos corroboran que a día de hoy “mantenemos y reafirmamos esta oposición”.

Por otro lado, la prostitución constituye un tema complejo. No obstante, Podemos vuelve a mostrar una franqueza inaudita (al menos en política) y  que yo tengo en muy alta estima, sobre todo en los tiempos que corren. Así, tras exponer su plan para alcanzar “el horizonte abolicionista al que queremos llegar” nos dicen: “Estas fueron las conclusiones a las que de manera mayoritaria llegó la comisión de estudio antes citada. No obstante, es importante mencionar que en Podemos conviven diferentes posiciones en materia de prostitución. En este sentido, nuestro compromiso es seguir trabajando sobre la prostitución desde el análisis y la elaboración de políticas públicas que blinden de la mejor manera posible los derechos de todas las mujeres, por encima de la postura concreta que individual y colectivamente podamos tener”.

No cabe duda de que reducir las políticas feministas de Podemos a estas tres cuestiones es reduccionista, pero son estos dos asuntos los ejes fundamentales que han tenido y siguen teniendo un mayor impacto en la desigualdad entre hombres y mujeres y, paradójicamente, los más difícilmente solucionables en el mundo capitalista patriarcal en el que vivimos. Crear más empleo, aumentar e igualar las bajas de maternidad y paternidad, las listas cremallera, crear una asignatura sobre feminismo etc. son objetivos cruciales y la decisión es más sencilla de comprender y de tomar, pues no supone un cambio total de paradigma, pero sí constituyen los pasitos que nos acercan a las ansiadas aboliciones. Por ello, hemos de analizar siempre el ideario del partido antes de decidir darles nuestra confianza, a pesar de que todos sabemos bien que del dicho al hecho, hay un trecho. Sin embargo, en este caso los hechos también nos avalan y sólo voy a mencionar la subida del salario mínimo, por no extenderme ni dar un giro que no viene a cuento. Quiero terminar, y quiero volver a hacerlo con algunas preguntas más, pero esta vez con respuesta. ¿Son mejorables las políticas feministas propuestas por Podemos? Sí, sin duda ¿Queda mucho por hacer? Sí, sin duda (¡llevamos en el gobierno sólo desde el pasado noviembre!) ¿Nos acerca el hastío político por no obtener un cambio inmediato a un horizonte de igualdad? No, en absoluto. ¿Es el feminismo un asunto crucial dentro del ideario político de Podemos? Sí, sin duda. ¿Se puede, por lo tanto, ser feminista y ser de Podemos? SÍ, SE PUEDE.

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