Próxima estación: Utopía

Es necesario empezar a hablar de lugares de centralidad en oposición al centro urbano

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Álvaro Granda
Álvaro Granda
Presidente del Conseyu de la Mocedá del Principau de Asturies

El escritor francés Anatole France definía la utopía como el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.  Tomando este concepto como referencia podría decir que Xixón no es un lugar para la utopía ni para una ciudadanía soñadora, vanguardista y transformadora, al menos cuando hablamos de infraestructuras.

Se cumplen dos décadas del mal llamado ‘Plan de Vías’, puesto que parece ser cualquier cosa menos un plan. Dos décadas de informes, bronca política, movilizaciones vecinales, ningún avance y las barreras siguen en la ciudad como resultado de la inacción, la falta de compromiso político y lo más importante: la falta de ambición al pensar en el Xixón del futuro.

Se habló mucho en su época de un supuesto ‘consenso’ sobre la estación a la altura del Museo Ferrocarril. Siempre me pareció que fue una maniobra tejida para publicar una fotografía en los medios locales, con una costura de baja calidad que facilitaría su posterior resquebrajamiento controlado.

No soy experto en la materia, por eso hoy opino en calidad de peatón radical, usuario del transporte público y ciudadano utópico, algo hastiado pero comprometido con mi ciudad. Considero que puedo opinar frente a los expertos o dirigentes políticos porque en 20 años no han aportado nada útil, coloquialmente se han dedicado a marear la perdiz. Al menos, permítanme ejercer una defensa de la utopía.

Dos décadas de informes, bronca política, movilizaciones vecinales y ningún avance

El Plan de Vías gijonés recuerda al debate decimonónico entre apagadoristas y muselistas sobre la ubicación del puerto. En pleno siglo XXI, considero que el foco del debate debe trasladarse a la supresión real de todas las barreras ferroviarias de la ciudad, liberando el máximo espacio para la ciudad. Si este fuese el debate, es decir si el debate fuese Gijón, la estación intermodal debería estar en el barrio de La Calzada, no hay otra opción.

Dentro de mis escasos conocimientos, considero necesario empezar a hablar de lugares de centralidad en oposición al centro urbano. Esta locura utópica que les cuento centra el debate en la periferia, puesto que mientras discutimos si la estación está 100 metros más arriba o más abajo no entramos en las cuestiones de fondo: la transformación y el proyecto de ciudad para el futuro.

Una estación intermodal en La Calzada suprimiría la barrera que nadie quiere ver pero que nos afecta a todo. Ese gran ‘muro’ separa el Gijón Oeste, El Llano y el Gijón Sur, a la postre los distritos que concentran a la mayor parte de la población del concejo. Su eliminación supondría el crecimiento de la ciudad, el cambio de comunicaciones y accesos, en definitiva avanzar en cohesión urbana.  Quizás solo sea un loco peatón utópico que quiere imaginarse un Tremañes sin barreras, una Príncipe de Asturias (quizás también con otro nombre) convertida en bulevar y recuperada para la ciudadanía quizás para poder ir andando o en bici de Cuatro Caminos a Gaspar García Laviana, que los vecinos del Polígono y Moreda no estén separados por barreras artificiales, que el Solarón sea un referente como nuevo pulmón verde.

Nunca entendí porque se quiere una estación en el centro urbano, en vez de apostar por una visión de ciudad a futuro en el que la entrada en funcionamiento de un hipotético metrotren con ancho Renfe y estaciones a lo largo de la ciudad podría permitirnos una línea C1 Puente Los Fierros/La Pola- Cabueñes Hospital Universitario.

Los apagadoristas decían que El Musel iba a ser desproporcionado, excesivamente caro y muy lejano. Hoy nadie duda de lo que supuso El Musel para el desarrollo de Xixón. ¿Les recuerda el discurso? Quizás esto sea muy complejo, quizás sea caro y salga más barato destrozar con más torres llenas de pisos de lujo y estaciones provisionales-permanentes la ciudad. Quizás salga caro defender una ciudad cohesionada, más verde, más humana. Mientras tanto, seguiré en mi trinchera defendiendo la utopía.

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