La Asturies que surgió del 15M

Un repaso acelerado al legado que nos deja una década de efervescencia política, social y cultural

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Ha pasado una década casi sin darnos cuenta. O no. ¿Cómo éramos hace 10 años? Volvamos la vista atrás, a aquella inesperada primavera indignada, que vino precedida por las revoluciones árabes e islandesa, y otros movimientos europeos organizados al calor de las redes sociales, como la Geração à Rasca portuguesa, la Juventud Sin Futuro madrileña o la llamada Revolución de las patatas fritas en Bélgica. España vivía su tercer año de recesión y José Luis Rodríguez Zapatero acusaba el desgaste político causado por el fortísimo impacto de la crisis económica mundial en un país que se lo había jugado todo al turismo y el sector de la construcción. Vicente Álvarez Areces y Gabino de Lorenzo afrontaban sus últimos días en la política. Francisco Álvarez Cascos preparaba su particular asalto a los cielos con unas nuevas siglas, Foro Asturias, y José Ángel Fernández Villa era aún un ciudadano respetable y un personaje poderoso: el líder del histórico SOMA-UGT, fundado en 1910 por Manuel Llaneza. Ya se hablaba entonces de la crisis demográfica asturiana, pero no de la Transición Energética. El Pozu Sotón no era aún un “centro de experiencias”, sino una explotación minera de las de toda la vida. La juventud asturiana sufría las consecuencias económicas de la nueva crisis sin haber catado en demasía la bonanza de la anterior década. Los grupos de guasap no existían y las redes sociales no gozaban de la popularidad e intergeneracionalidad que hoy tienen.

“Los grupos de guasap no existían y las redes sociales no gozaban de la popularidad de hoy”

Este era pues, grosso modo, el panorama general de aquel soleado domingo 15 de mayo de 2011 en el que un colectivo desconocido, Democracia Real Ya, convocaba en toda España manifestaciones con el lema No somos mercancía en manos de políticos y banqueros. Un dato importante: en Asturies, justo el día anterior, CSI, SUATEA, CNT y CGT habían organizado una manifestación con salida en la estación de RENFE de Uviéu. Vamos llevantar cabeza era el título de una convocatoria que reuniría a varios centenares de personas, pero que también pondría de manifiesto los límites de la izquierda sindical para conectar con el creciente cabreo de una sociedad que empezaba a sospechar que el poder económico y político le estaba tomando el pelo a cuento de una crisis que ya iba para tres años, y en el que los únicos rescatados por el Gobierno socialista eran los banqueros y los grandes constructores.

Lo primero que sorprendía cuando uno aterrizaba en aquella manifestación alegre y festiva convocada por Democracia Real Ya era la cantidad de gente desconocida que había, o también la de caras conocidas pero que uno no se esperaba ni de lejos encontrar en una manifestación. Para muchos quizá era su “primera vez”. Primer dato importante: Democracia Real Ya, un desconocido movimiento creado escasos meses antes a través de una página de Facebook, tenía más capacidad de convocatoria que las siglas históricas de partidos de izquierda, sindicatos y organizaciones sociales. En la génesis del movimiento asturiano estaban activistas procedentes de las asambleas universitarias contra el Plan Bolonia, como Rubén Rosón y Andrés Ron, que posteriormente fueron cofundadores de Podemos Asturies, pero sobre todo un puñado de personas jóvenes sin ningún tipo de trayectoria activista, que en muchos casos ni siquiera seguirían participando muy activamente en las posteriores asambleas de las plazas, pero que estarían en la chispa de aquella explosión social. El servicio de orden de esta primera manifestación que la Charanga Ventolín acompañó con su música revolucionaria lo formaban chavales y chavalas con chalecos amarillos y narices y pelucas de payasos. Toda una ruptura estética que horrorizaría a los sectores más intransigentes de la militancia izquierdista de todos los colores, olores y sabores, a la que literalmente le hacía reventar la cabeza la insistencia del movimiento en no definirse ideológicamente como de izquierdas o derechas, o su tajante prohibición de acudir con símbolos políticos a los actos que convocaba. Esto último irritaba a algunos y algunas. Finalmente se haría una excepción con la bandera arcoiris del movimiento LGTB, y no sin debate, dado el rechazo que suscitaba en una parte del sector más purista de lo que ya empezaba a ser conocido como el movimiento 15M.

Las acampadas proliferarían en toda España a raíz de la primigenia en la Puerta del Sol madrileña. En Asturies surgirían en Oviedo/Uviéu, con un hermoso domo aportado por las gentes del colectivo Escanda, Xixón, Avilés, Mieres y Nava, villa esta última donde un solitario indignado mantendría durante algún tiempo una acampada unipersonal en la plaza principal. Sin acampada, pero con asambleas, también proliferarían núcleos del 15M en Siero, la Cuenca del Nalón y el Occidente asturiano, donde se produciría una maravillosa experiencia de colaboración transfronteriza entre los activistas de Navia y Tapia, y de Ribadeo y la Mariña lucense, con asambleas y actos a uno y otro lado de la Ría del Eo. En el Nalón el nacimiento del 15M se solaparía prácticamente con la puesta en marcha del Centru Social Autoxestionáu La Semiente, un proyecto que había nacido pocos meses antes en un chigre “tomando unos culinos de sidra”, como recuerda Delfín Valdés, uno de sus impulsores. La idea era crear un espacio abierto a todo tipo de actividad social y cultural en una comarca castigada por el final de la minería, el desempleo y la emigración juvenil. Valdés señala que la gente de La Semiente se implicó en el 15M, y que gente del 15M se implicó luego en La Semiente. También parte de la gente que había participado en el 15M de esta cuenca minera se uniría después a ADEPAVAN, la Asamblea de Parados del Valle del Nalón.

Allí donde el contacto y el diálogo entre lo viejo y lo nuevo se produjo de una manera más virtuosa, los resultados posteriores fueron más felices. La retroalimentación entre viejos y nuevos activistas procedentes de las plazas y las acampadas fueron una de las claves que permitieron que en España el 15M fuera el origen de una renovación generacional sin precedentes de la izquierda social, política y sindical, que se iría desplegando a lo largo de los siguientes años. En aquellos lugares de Europa en los que los movimientos de indignados y las viejas estructuras de la izquierda política, sindical y social permanecieron de espaldas a todo ello podemos llegar a la conclusión de que ambos mundos salieron perdiendo. Quizá el caso más dramático de esto sea Italia, otro de los países del Sur de la UE castigados por el austericidio neoliberal, pero donde la indignación no fue recogida por la antaño poderosa izquierda, sino por algo tan extraño como el Movimiento 5 Estrellas, un partido capaz de combinar en su seno ideas ecologistas o en defensa de lo público con otras xenófobas y racistas.

Tras un mes y medio de asambleas multitudinarias y manifestaciones masivas, como la de Avilés, que llenó la explanada del Centro Niemeyer, y para la que la asamblea local llegó a solicitar el apoyo público del nonagenario arquitecto brasileño, el movimiento comienza a dar muestras de cansancio y de agotamiento. Antes del verano el 15M se ha enredado en una espiral de reuniones sin fin que no le conducen a ninguna parte. Incapaz de materializar sus reivindicaciones en una tabla concreta, las asambleas pasan de ser emocionantes a soporíferas, y la expansión hacia los barrios fracasa en casi todas partes menos en Xixón, ciudad en la que por sus mayores dimensiones llegó a cristalizar una asamblea propia de El Llano. Sin las acampadas activas, las asambleas iniciaron un devenir de tertulia política que alejaba del movimiento a las personas más jóvenes y con más ganas de hacer, y no tanto de hablar y hablar. En este contexto surge en un sector del 15M de Oviedo/Uviéu la idea de dar un golpe de efecto y ocupar un edificio para convertirlo en un centro social autogestionado. El momento escogido es la campaña electoral que llevará a la debacle del PSOE y a la mayoría absoluta del PP de Mariano Rajoy. En toda España, numerosas asambleas del 15M estaban derivando hacia la ocupación y autogestión de espacios. El lugar escogido en la capital asturiana será simbólico: la antigua Consejería de Sanidad de la calle General Elorza, un viejo edificio público envuelto en la turbia ‘Operación de los Palacios’, que implicaba a la familia Cosmen, propietaria del grupo ALSA, a Vicente Álvarez Areces y a Gabino de Lorenzo. La intervención, cuidadosamente planificada por un pequeño grupo, lo cual indigna al sector más libertario del 15M, cuenta con el apoyo de activistas de todo el espectro del 15M asturiano. De hecho, debía ser el prólogo de una segunda ocupación en Avilés que terminó siendo descartada por la asamblea avilesina, una de las más sólidas y menos conflictivas del 15M asturiano. ¿Fue una decisión acertada? Los restos del 15M y otras activistas locales terminarían refugiándose en un pequeño local social llamado L’Ensame.

Avilés es una ciudad con un fuerte componente obrero y una sociología de izquierdas, pero su militancia siempre se queja de que a la hora de la movilización social el tercer concejo asturiano es un tanto ‘parado’, y que carece tanto del denso tejido asociativo de Xixón como del componente universitario de Oviedo/Uviéu. La acampada dejaría no obstante un poso importante, y buena parte de las redes construidas en el 15M, o incluso preexistentes, se mantendrían en un estado latente, emergiendo de nuevo con la formación de Podemos, cuya genésis en Asturies, no por casualidad, estuvo en una pequeña reunión a puerta cerrada en El Cafetón, punto de encuentro de activistas avilesinos de todas las corrientes. Luego llegaron las elecciones municipales de 2019, en las que las candidaturas de izquierdas cosecharon magníficos resultados. Sin embargo, su fragmentación en tres listas (Somos Avilés, IU y Ganemos Avilés) dio un inesperado balón de oxígeno al PSOE de Mariví Monteserín y frustró que la tercera ciudad más importante de Asturies se uniera a la geografía del municipalismo del cambio.

Del 15M al post15M

Tras el verano, la insistencia en la plaza por la plaza y los micrófonos abiertos cada vez tenía menos sentido. Muchos indignados se daban cuenta de que para sobrevivir el movimiento debía mutar y convertirse en otra cosa. Empezaba el post15M. En Xixón la asamblea de El Llano apostaría por construir la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, un movimiento que arrancaba en Barcelona como respuesta a la ola de desahucios alentados por la banca. Miguel Ángel García asistiría a una asamblea general del 15M en Madrid donde escucharía hablar de lo que se estaba gestando por parte de gente que había estado en las acampadas. “Empezamos a ver que había desahucios en todas partes y decidimos que en Asturias también había que organizarse para lo que se nos venía encima”, señala uno de los fundadores de la PAH asturiana, que haría frente a numerosos desahucios en toda la comunidad. La plataforma asturiana organizaría el encuentro estatal de la PAH el verano de 2013 en Nava, con presencia de una de las fundadoras del movimiento, Ada Colau, la futura alcaldesa de Barcelona.

Otra experiencia mutante sería el nacimiento de la plataforma Imagina un Bulevar, nacida a partir de la Comisión de Urbanismo y Barrios del 15M de Oviedo/Uviéu en octubre de 2012. Una asamblea en Ventanielles daría a los activistas la pista sobre la necesidad de centrarse en el problema de la autopista adyacente al barrio. Nacía un nuevo movimiento, al que se sumarían vecinos, arquitectos y militantes de partidos. Desde entonces la transformación del tramo urbano de la autopista en un Bulevar verde no ha dejado de estar en la agenda política y mediática de la capital. Con el tripartito uno de los impulsores de la plataforma, Nacho Fernández del Páramo, se puso al frente de la Concejalía de Urbanismo, y se lograron los fondos de la UE para construirlo. Las obras sin embargo no se llegaron a licitar antes de la conclusión del mandato. Las izquierdas perdieron las elecciones y el bipartito de derechas canceló el proyecto. Ahora plantea un rediseño que deja fuera a los barrios más afectados por la autopista. Desde la Plataforma Imagina un Bulevar advierten de que podría suponer la pérdida de los fondos europeos, al incumplirse los requisitos con los que fueron concedidos.

Excomulgado por los anarquistas más dogmáticos del 15M Oviedo/Uviéu, el Centro Social Ocupado y Autogestionado La Madreña (CSOA) sobreviviría al eclipse del movimiento, convertiéndose paulatinamente en uno de los principales espacios de articulación de los movimientos sociales post15M. Albergó la irrupción de una nueva generación de feministas que tuvo que luchar por convencer a los varones del 15M de la importancia de la problemática de género para la construcción de cualquier proyecto emancipador. Fue la sede asturiana del Frente Cívico Somos Mayoría, el movimiento impulsado por Julio Anguita y otros ex dirigentes de IU. Entre sus paredes se reunieron desde personas afectadas por las estafas bancarias de Liberbank hasta las Marchas de la Dignidad y los movimientos contra los recortes que confluyeron en una gran e inédita movilización coincidiendo con la entrega de los Premios Príncípe de Asturias, al grito de ¡Fartones!

El CSOA contó con buena prensa en la capital asturiana y con un apoyo inquebrantable del movimiento vecinal, pero su dimensión no fue solo carbayona, sino también metropolitana. Su nombre estaba tomado de un lema del 15M de las cuencas mineras: ¡Madreñazu al sistema! Por eso miles de personas, tanto de la capital como del resto de Asturies, lo defendieron como un símbolo cuando se enfrentó a su desalojo. Por eso también Podemos celebró sus primeras asambleas fundacionales bajo su techo, cosa que generó bastante malestar entre los más puristas de la asamblea del centro.

La primavera de la autogestión

No todo lo que surgió del 15M fueron movimientos con una abierta vocación de intervención para cambiar las estructuras políticas y económicas del país. Una parte de la gente que había estado en las plazas apostó por construir otras formas de vida, zonas temporalmente autónomas, o nutrir experiencias previas de autogestión, como la Meca de Mareo o Escanda, el colectivo formado en Pola de Lena a principios del siglo XXI, al término del ciclo del movimiento antiglobalización. La Asturies rural se benefició en gran medida de esta llegada de nuevas y nuevos pobladores que decidían romper con la ciudad y realizar la utopía a escala aldeana. Andando el tiempo el concejo de Cabranes se convertiría en el gran referente de ese movimiento neopaisano con eventos como el mercado El Tenderete o la cooperativa Kikiricoop, inventores y productores de la Asturcilla, la crema de untar hecha con leche ecológica, cacao de comercio justo, avellanas asturianas y la mitad del azúcar que la Nocilla o la Nutella.

Pero no solo en el ámbito rural se darían este tipo de experiencias. También en el urbano. Iniciativas como el Café Librería La Revoltosa de Xixón, el Outono Cultural de Boal, la Muestra de Cine Social y Derechos Humanos MUSOC, el periódico gratuito Diagonal Asturies, la editorial gijonesa Hoja de Lata, la Fundición Príncipe de Astucias (impulsada por varios artistas, escritores y diseñadores asturianos con espíritu crítico y satírico) o más tarde El Coru Antifascista Al Altu La Lleva, la Plataforma Ciudadana Tabacalera o los festivales Vericuetos, Paraisu y La Xata la Rifa surgen en este contexto de efervescencia cultural y política, florecimiento de la autogestión y del háztelo tú mismo, en el que todo el mundo quiere decir o hacer algo, tenga o no medios para ello.

Sería probablemente en Oviedo/Uviéu donde más se note esta efervescencia. En la Universidad el movimiento estudiantil vivía una fortísima renovación después del 15M, con la hegemonía de unas Asambleas de Uniovi implantadas no solo en las tradicionalmente más combativas facultades letras, sino también en las habitualmente menos politizadas de ciencias. En estos años se convertirían en un contrapoder capaz de quitar y poner rectores, como se vería con la elección de Santiago García Granda en 2016. Nuevos liderazgos, nuevas formas de organización y comunicación y un símbolo, Superpública, acompañarían la lucha contra la Ley Wert, de marcado carácter neoliberal. De las asambleas surgirían al final de un ciclo dos spin off la Asamblea Moza d’Asturies y el chiringuito La Folixaria.

El colectivo Oviedo SOS Cultura, el Espacio Creativo Paraíso, ubicado en un garaje de la misma calle, o el festival autogestionado Localidades Agotadas, serían producciones de un tejido cultural alternativo que había ido creciendo subterráneamente como respuesta al hastío provocado por el modelo cultural y de ciudad del gabinismo. Todas estas experiencias demostrarían la existencia de un Oviedo/Uviéu paralelo a la imagen oficial de la capital asturiana, en la que la izquierda ganaría por fin las elecciones en mayo de 2015, después de dos largas décadas de gobiernos del PP.

Tras el cierre de La Madreña en 2014 brotarían otras experiencias de locales asociativos como Lata de Zinc, La Llegra, El Manglar o la Libre Paisaneta, que se unirían a la red anteriormente formada por Cambalache, L’Arcu la Vieya, Partycipa o La Fábrica de Ideas.

Nuevos y viejos actores

El desempleo, los recortes y las reformas laborales para reducir los derechos de la clase trabajadora fueron las políticas de choque aplicadas por Zapatero y Rajoy como respuesta a la crisis económica. La confluencia entre movimiento obrero y movimiento indignado parecían por lo tanto, a priori, lo más lógico y racional. Sin embargo el sindicalismo y el post15M se miraron de reojo durante unos años marcados en Asturies por el ‘caso Villa’ y los escándalos del SOMA-UGT, un tema tabú en la prensa asturiana, y que con muy pocos recursos la revista Atlántica XXII se esforzó en destapar, ganándose poderosos enemigos con ello. Un sector del sindicalismo se mantuvo impermeable al clima sociopolítico post 15M, pero otro aprendió del ambiente que le rodeaba y extrajo conclusiones. No fue tanto una cuestión de siglas como de actitudes. De esa mirada más renovadora salieron las mareas en defensa de los servicios públicos o una experiencia que merecería un artículo propio: las Asambleas de Trabajadores en Lucha. Una suerte de ’15M obrero’ que unía a plantillas de empresas en lucha con una destacada presencia de militantes de la CSI, pero también de trabajadores y trabajadoras de CCOO, UGT o sin afiliación sindical.

“Las asambleas de TRabajadores en Lucha fuero una suerte de 15M Obrero”

El clima de indignación contra la corrupción, los recortes y las políticas de austeridad impuestas por la Troika no solo revertieron en nuevas formas organizativas, sino también en el crecimiento de organizaciones previas. Muchos de quienes participaron en las movilizaciones del 15M recelaron sin embargo de sus formas algo líquidas, y apostaron por encuadrarse políticamente dentro de formas más clásicas de organización. Así, algunos de los indignados, después de politizarse en las plazas, ingresaron en sindicatos u organizaciones políticas como IU, el PCE o Equo. También hubo intentos de establecer un diálogo entre lo viejo y lo nuevo, así como experiencias exitosas de renovación de entidades de largo aliento como la Sociedad Cultural Gijonesa o la Federación de Asociaciones Vecinales de Xixón. Tampoco es casual que para su puesta de largo en marzo de 2015 la asociación cultural La Ciudadana reuniera en un mismo acto a Julio Anguita, ex coordinador de IU; a Emilio León, futuro líder de Podemos Asturies, y al profesor universitario y militante comunista Francisco Erice para dialogar juntos sobre el escenario político y las posibilidades del triunfo de las entonces llamadas fuerzas del cambio.

No obstante, lo nuevo buscaba formas nuevas, y en 2014 nacía Podemos. La nueva formación cosecharía un espectacular resultado en Asturies en su debut electoral: las elecciones europeas. Tras los comicios para la Eurocámara vendría el desborde. Los círculos llegarían a donde no habían llegado las asambleas del 15M: a los barrios y las localidades pequeñas. Entre sus impulsores y núcleo promotor en Asturies estaban activistas procedentes del 15M y post15M, sindicalistas, militantes del asturianismo, antiguos miembros del PCE e IU. Algunas encuestas otorgaban a principios de 2015 la posibilidad de que el partido de Pablo Iglesias se convirtiera en la primera fuerza en Asturies. Finalmente los resultados fueron buenos, pero estuvieron algo por debajo de lo previsto: el 19% de los votos y nueve escaños. Las sorpresas de aquella noche fueron en todo caso dos: la victoria de la izquierda en Oviedo/Uviéu tras 20 años de ostracismo, y el aguante autonómico de IU, que con Gaspar Llamazares al frente resistió la ola morada. IU de hecho lograría más poder municipal que nunca: las principales alcaldías mineras y la montaña central asturiana.

“Sumados los resultados de Podemos e IU eran espectaculares”

Sumados los resultados de Podemos e IU eran espectaculares: el 32% de los votos frente al 26% del PSOE. Ese 32% reflejaba la cultura tradicional de izquierdas asturiana, pero también el impacto de las movilizaciones masivas del 15M y del post15M, y el hastío con la larga hegemonía de un PSOE salpicado por la corrupción, como eterno partido dominante en la comunidad autonóma. No todos los votos de Podemos venían de la izquierda. Ponían de manifiesto que tras el episodio fallido del casquismo en la sociedad asturiana se seguía buscando una regeneración democrática y una alternativa a tres largas décadas de decadencia política y económica.

En ninguna otra comunidad las izquierdas lograrían un resultado similar. Sin embargo, esa mayoría de izquierdas no llegaría nunca a articularse. La sintonía cultural y generacional de Llamazares con Javier Fernández, representante del ala más derechista del PSOE, era mayor que con los jóvenes turcos de Podemos, implacables en su fiscalización política del PSOE, la corrupción y las redes clientelares, pero que a menudo ponían en bandeja al líder de IU la imagen de unos podemistas soberbios y pagados de sí mismos, que no respetaban el papel histórico del Partido Comunista y la coalición de izquierdas. En Oviedo, donde se gobernaba conjuntamente, las relaciones no fueron muchos mejores. Solo en Avilés o Llangréu Podemos e IU llegaron a empastar mínimamente sus respectivos grupos humanos. A la larga la rivalidad entre IU y Podemos perjudicaría a ambas formaciones, mientras en el PSOE Adrián Barbón encabezaba una renovación del socialismo asturiano al calor del sanchismo, y con la llingua asturiana como elemento diferenciador con respecto a la vieja FSA.

Este 15 de mayo se cumple una década que transformó España y Asturies. Los nombres de la política institucional se han renovado por completo, pero los problemas estructurales que la sociedad asturiana arrastra desde hace tres décadas siguen ahí, incluso agravados. El Gobierno autonómico ha sacado buena nota en la gestión sanitaria de la pandemia, pero sigue sin una agenda clara de reindustrialización, equilibrio territorial y extensión del Estado del Bienestar. O, lo que es peor, parece tener una agenda muy parecida a la del arecismo: las grandes infraestructuras como tabla de salvación. La tradición cultural de izquierdas de la sociedad asturiana no es tampoco una vacuna perpetua frente al auge global de la extrema derecha, que ha decidido hacer de la fiscalidad y del asturiano sus dos caballos de batalla en la comunidad autónoma. Una transición ecológica injusta y sin alternativas podría aumentar la audiencia de los negacionistas del cambio climático. Queda mucho por coser tras 10 años que han supuesto muchas rupturas políticas y personales. Quedan muchos espacios por crear, mucha sociedad por vertebrar y muchas fuerzas sociales por acumular. Una década después de aquel soleado domingo de mayo, este sábado de lluvia y nubarrones volvemos a empezar. Pero no de cero.

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