Colegios comprometidos, aprendizajes experienciales

El colegio público Horacio Fernández Inguanzo, en Morcín, celebró su Semana Cultural orientada a 'construir personas críticas' mediante metodologías activas

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Que los coles no tienen por qué ser esos lugares encorsetados con libros alejados de las realidades más cercanas, donde, según unos se va a aprender, según otros a aburrirse, lo demuestran centros escolares que buscan crear nuevos espacios, nuevos modelos de enseñanza-aprendizaje, como el colegio público Horacio Fernández Inguanzo, en La Foz (Morcín).

Están en plena Semana Cultural que, ante el éxito de las actividades, ha ido ampliándose al Mes Cultural y desplazándose en el tiempo del segundo trimestre hacia el final de curso, ya que las actividades que organizan por el 8M han cogido mucho pulso, según explica su director, Antonio Sierra.

¿Qué se pretende con este tipo de actividades? “Enriquecer la oferta cultura y experiencial del alumnado y también de las familias” cuenta, a pesar de este curso de impedimentos pandémicos limitantes: “desde el colegio se busca paliarlo con esta oferta cultural para la reciella”, afirma con su acento granaíno.

El concepto de educación de este colegio, que en el curso actual cuenta con 125 alumnos y alumnas distribuidos en 9 cursos (la media de alumnado por aula viene a ser de unos 14), se encuadra en el de las metodologías activas, sin libros más que como herramienta de apoyo, basadas fundamentalmente en lo manipulativo. ¿Quién dice que la educación no es integral?

Alumnos del colegio público Horacio Fernández Inguanzo FOTO: David Aguilar

Una Semana Cultural de 30 días

Acorde con los tiempos que corren, esta Semana Cultural está centrada en la comunicación y los medios de comunicación “porque vivimos en una sociedad donde estos aspectos son fundamentales y tenemos que construir personas críticas” abunda Antonio Sierra contextualizando que todos estos talleres están basados en una metodología manipulativa y con profesionales que colaboran en la realización del programa.

Así trabajarán la radio con la gente de Diversia Radio Activa, que emite online y que la llevan adelante personas con diversidad funcional. Aprovecharán el taller en La Foz para grabar su programa semanal, de modo que van a tener que elaborar una escaleta (el guión del programa) y vivirla desde dentro para aprender de cara a montar la futura radio escolar.

Taller con Diversa Radio Activa FOTO: David Aguilar

Se tocará el tema de la publicidad, donde generarán contenidos publicitarios y se tratarán los estereotipos de género con la asociación EME Espacio. Se aventurarán en el maravilloso mundo de los cromas y el vídeo.

La ilustradora Bitxo les acercará al mundo del fanzine para darles a conocer experiencias culturales alternativas, y también tendrán un taller de estampación de camisetas para promocionar la contracultura frente al mercadeo de las marcas.

No se olvida la programación de la importancia que hoy en día tienen las redes sociales y su uso: una forma de comunicación muy amplia que también ha llegado a la Primaria con su uso a nivel educativo. Dice Sierra que estamos ante “un Ferrari conducido por el alumnado” y no hay que olvidar el buen uso tanto a nivel convivencial como emocional y que las familias puedan acompañar. Para ampliar conocimientos José Manuel Redondo impartirá este doble taller dirigido a ambos colectivos.

Complementa el programa un taller de comunicación aumentativa para acercarles a otras realidades, como las personas con carencias sensoriales, lenguaje de signos, pictogramas… y otro taller narración oral con David Acera en el que aprenderán a expresarse y hablar en público para trasladar sus ideas.

Esta visión integradora cuenta también con un par de exposiciones: una de ellas con un sabor más vintage para conocer la evolución de los medios de comunicación y tener una perspectiva de los distintos dispositivos utilizados; y una expo-taller que recoge formas de comunicación alternativas como el código Morse sonoro y visual, el lenguaje de banderas de barcos y aeropuertos, el telégrafo y el telegrama, un taller de señales de humo, el silbo gomero, las palomas mensajeras…

“La idea es trasladarles lo que significa la comunicación en la necesidad de los seres humanos. Lo tocamos de una manera muy amplia, porque no hay que olvidar que somos un colegio”, recuerda Sierra, que también repasa las charlas telemáticas con Olga Rodríguez, reportera de guerra de eldiario.es; Miquel Nover, jefe de edición de El País de Cataluña; Javier Silvestre, de Viajeros Cuatro; o Sonia Fidalgo, de la TPA, con los que el alumnado ejercerán de periodistas.

FOTO: David Aguilar

Binomio libertad/responsabilidad

Además de la Semana Cultural, el centro está inmerso en una transformación de espacios en la que colabora Sembrares, que pasa por la creación de un aula al aire libre y de un huerto escolar de la mano de Ekieco. “Este año hemos intentado romper con los espacios del aula a pesar de las medidas sanitarias. En nuestro proyecto educativo utilizamos diferentes espacios. Si pensamos en la educación tradicional, ésta trae una inercia que agrupa por saberes, contenidos y edades en un aula. Creo que estas fronteras limitan potencialmente la expansión del alumnado, al que se enjaula y encierra”, expone el director.

Ahí enlaza con la importancia que daba María Montessori al movimiento y la manipulación de elementos. Es lo que Sierra llama los respiros motrices: nadie, ni un adulto, puede permanecer horas y horas sentado sin moverse. El cuerpo se hizo para el movimiento y nuestra atención decae con el sedentarismo (y el tiempo transcurrido, claro). De ahí la importancia de contar con unos espacios adecuados para favorecerlo y en esto el Inguanzo tiene una ventaja: es un colegio muy grande, herencia de cuando las cuencas mineras estaban boyantes. Esto permite que el alumnado fluya a sus anchas, y sin filas, lo que “demuestra en la práctica que están más activos, se encuentran mejor”.

Pero que fluyan con libertad no quiere decir que lo hagan de cualquier manera. El colegio de La Foz tiene muy en cuenta dos aspectos fundamentales de la metodología activa: los convivenciales y los participativos. “No buscamos  un alumnado obediente con normas de hace años que nadie sabe quién, cuándo, cómo y para qué hizo. En este aspecto convivencial nos basamos en el binomio libertad/responsabilidad. Ya digo que no hay filas, hay libertad de desplazamiento, son escuchados de verdad y se les pide que sean responsables en ese uso de la libertad: no se puede correr por los pasillos, por ejemplo, y si lo hacen, pierden su libertad siendo acompañados de un docente hasta que se comportan, y esta consecuencia se aplica al individuo, no al grupo”. Analiza Sierra que de todo esto han sacado todos un aprendizaje: “aprendimos qué ejemplo que dábamos como profesorado, y antes de todo esto era el profesor o profesora que riñe todo el rato enfadado, y así es como nos representaban. Así que cambiamos la forma de hacer”.

FOTO: David Aguilar

Los conflictos son algo inherente al grupo, a la convivencia y al ser humano, y como están ahí, forman parte de la realidad, “hay que enseñar a resolverlos, y para eso hay que acompañarles. Hay normas que son de laboratorio y no valen de nada. Todos sabemos eso de no hay que pegarse… pero se pegan. Hay que dedicar tiempo y para ello creamos una unidad de convivencia con un espacio para abordar los conflictos: observamos que en el fondo de muchos de ellos están la autoestima, el llamar la atención… Nos dimos cuenta de que están basados en las emociones, no en las conductas, y en esto hay poco aprendizaje. Valoramos sobre todo que aprenden a evitar los conflictos y a resolverlos” y aquí es importante también el modelaje entre iguales, donde los pequeños toman como referentes a los más mayores.

El otro eje, el participativo, abunda en el hecho de que el alumnado siente el colegio como algo suyo no sólo a un nivel emocional, sino en la toma de decisiones, y aquí se les da un espacio donde también se integra a las familias, con comisiones de trabajo mixtas entre profesorado y éstas. “Es fundamental que el alumnado se sienta partícipe. Una sociedad democrática tiene que contar con personas partícipes y críticas, así que mantenemos las asambleas en Primaria, no sólo en Infantil, y hay representantes del alumnado que se reúnen con el equipo directivo y profesorado. En esta línea trabajamos los recreos auto organizados por el alumnado, que nos presentan propuestas de talleres planificados y con su cronograma”. Así alumnado de cursos superiores leen cuentos a los más pequeños o programan diferentes actividades para el patio que evitan que el fútbol (y por extensión de sesgo de género, los chicos) se hagan con la zona central de éste: ese espacio es para aquellos que organizan las actividades abiertas a todo el colegio.

“Formar al alumnado no sólo desde una perspectiva académica da resultados: implicamos la parte emocional que predispone al aprendizaje y se sienten activos, protagonistas de su aprendizaje, que saben y entienden qué están haciendo. Una familia con varios hijos sabe que las cosas fluyen más cuando los hijos juegan entre ellos en lugar de con los adultos”, refiere Sierra.

¿Que da más trabajo? Sí, pero también es más satisfactorio. Es importante en este punto la formación del profesorado que promueven a través de los Centros de Profesorado y Recursos (CPR): aprendizaje cooperativo, Tecnologías de la Información y la Comunicación, disciplina positiva…. “Supone un esfuerzo personal y de horarios, pero también el grado de satisfacción y dignificación de la profesión es muy importante. Nos hemos transformado, y cuando el profesorado se transforma, se empodera. Llevo 26 años en la docencia, pero cinco trabajando de esta manera. Yo he sido muy tradicional en el aula, pero hay que reflexionar y trabajar en red y charlar para ver cómo se pueden hacer las cosas de otra manera. Es importante compartir experiencias y saberes”, reflexiona Antonio Sierra. Y el trabajo tiene compensación: académicamente las valoraciones del Horacio Fernández Inguanzo están por encima de la media asturiana, según el último informe de evaluación externa.

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