Trans en Asturies: “No me importa lo que seas si tú eres feliz”

El colectivo aspira a romper tópicos y prejuicios, mientras espera que la nueva y polémica ley contribuya a hacer un poco más fácil su vida.

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

“No es un argumento que llega de la noche a la mañana. Es un largo proceso de aceptación, de entender que no tienes un problema, que no eres una enferma o enfermo mental. Y después de esa aceptación, viene la transición, que es un período de más años”, éste es el resumen que hacen las personas trans de su transición. Si hay dudas, afirman que son más las que les generan desde fuera, cuando inician la vía institucional, cuando acuden a las Unidades de Tratamiento de Identidad de Género (UTIG), que hasta no hace mucho eran de Trastorno de Identidad de Género, “cuando la Organización Mundial de la Salud dice que no hay ningún trastorno en esto”.

Actualmente el debate en torno al tema trans está tremendamente polarizado mientras se negocia la ley trans Un borrador “decepcionante” para el colectivo, que ve menguados lo que consideran “derechos irrenunciables”, como la autodeterminación de los menores de 12 años, las personas no binarias o las migrantes. Dicen que el borrador trabajado por la Plataforma Trans recogía esos puntos y que el propio PSOE había apoyado, pero que ahora se está negociando “por detrás” desde la política con las posiciones de poder que esto implicada.

Este borrador tiene tantas modificaciones y negociaciones que afirman que no saben qué saldrá de aquí finalmente, pero lo que sí tienen claro es su identidad de género. “Mis compis dicen que ya saben desde peques, otra cosa es que sepan explicarlo, pero eso lleva un proceso personal, contar con un entorno que te apoye, que sea respetuoso. Hay mucha gente en el armario, y con el auge de la extrema derecha, hay quienes no se atreven a visibilizarse como personas trans”, explica Yosune Álvarez, coordinadora de Xente Gai Astur (XEGA). Desde su punto de vista se está perdiendo de vista la interseccionalidad del asunto en un marco donde “las crisis económicas también lo son ideológicas, con una intención política que hace que no profundicemos en lo que hay detrás. Y esto supone un retroceso político y cultural terrible”.

Sexo versus género

Uno de los puntos más escabrosos, y que hace referencia a lo que desde algunos sectores de los feminismos llaman el borrado de las mujeres, es la sustitución del concepto de sexo por el de género. Yosune afirma que aquí entra en juego el privilegio de la cissexualidad: “nos planteamos lo bueno y lo malo del género, y las personas trans no tienen esto. Cómo se vive la expresión de género: mis compañeros y compañeras dicen que también se deconstruyen como hombres y mujeres, mientras pedimos la excelencia a esta parte de la ciudadanía”.

Afirma el colectivo trans que esta pretendida ley “no invalida a las mujeres”, sino que aumenta “a otras realidades”. Identifican “un discurso de la ultraderecha aunque venga desde ciertos sectores del feminismo: el colectivo habla de un reconocimiento de derechos, no de un borrado de derechos”. Y aunque la ley garantice la autodeterminación de género, ven limitaciones.

“Nuestra ley estaba muy trabajada, con mucho asesoramiento jurídico y no había inseguridad jurídica, pero con la campaña de desprestigio de un grupo del PSOE se fueron cayendo cosas que a las personas trans nos parecen irrenunciables. No es una ley de máximos, sino de derechos”, señala Berta Rozada.

Para ella el tema del borrado de mujeres es “cómo se intenta vender al público y ganar adeptos: es un conflicto de poder de estas señoras del PSOE, que se dedican profesionalmente a la política, pero hay una dinámica dentro de los feminismos que entienden que la diversidad es más amplia. Entiendo que a nivel popular pueda haber dudas porque los derechos trans es algo muy nuevo, pero otra cosa es que se instrumentalice”.

También niegan las acusaciones acerca de la hormonación de menores, “la ley trans no obliga a hormonar a los menores. Es más, se evita que entren en una Unidad para hormonarse. Porque la ley permite no hormonarse de por vida a quien no quiera, y eso no invalida ni como persona, ni como trans”, afirma Marian Lago.

En el nuevo borrador filtrado ven carencias y vacíos que les asustan, como la falta de garantías sanitarias, que no se habla de las personas no binarias, ni saben cómo puede afectar a las leyes autonómicas, allá donde las haya.

Hablan de que el cambio de ley al final hace referencia a la inserción social y laboral “y por ahora no estamos al mismo nivel que el resto de la sociedad”, refiere Berta. Y al igual que las mujeres reclaman la presencia de mujeres para hablar de sus propias realidades, reclaman que haya más personas trans hablando de sus realidades, en lugar de interlocutores cis. “Se pone el foco donde hay tema para amarillear. Con las redes sociales está todo muy polarizado y a nivel general cualquier mínima discusión, que antes era un comentario sin más, ahora se pierde el filtro al no haber un cara a cara”, señala Marian Lago.

Yosune reclama que “primero haya una igualdad de condiciones y luego nos planteamos qué es el género y cómo lo vivimos a nivel social. Se mezcla la identidad personal con la social, y la personal con la individual. El movimiento feminista que habla del borrado de las mujeres dice que el colectivo trans defiende derechos individuales, pero no, son personas y todo el rechazo que viven es estructural: el 80% de las personas trans están en paro y el cuarentaypico en su adolescencia intentó suicidarse”.

Poco a poco hay más referentes y más visibilización, y las generaciones más jóvenes salen del armario antes. Puede que la sociedad sea más tolerante o no, pero quizás la cuestión es que necesitan reivindicarse independientemente de que la sociedad entienda o no.

Cómo decirlo en casa

“Lo que recuerdo a la edad de entre 5 y 8 años son pequeños detalles como que mis padres me cortaban el pelo a lo bacinilla, lo que se consideraba ser chico en aquella época, y eso me hacía feliz. No me sentía parte del grupo de chicas y estaba más identificado con los chicos”. Quien lo cuenta es Christian García Campelo, nacido en 1990, que no tenía mucha información, “y la necesitaba: piensas que estás mal de la cabeza y te lo comes todo tú, piensas cómo lo explicas en casa”.

“Yo creo que la gente empieza planteándose que tiene un problema; llegar a una conclusión es algo bastante lento, no es un argumento que llega de la noche a la mañana”, Álex Minculeasa tiene casi 23 años y cuando rondaba los 20 empieza a asumir su transexualidad, “fue un largo camino hasta poner una etiqueta a eso”.

A veces esa comunicación no llega desde la propia persona, sino desde terceros, como es el caso de Marian Lago, cuya familia se enteró por un mensaje en Facebook. Ella empezó esa transición con 30 años y a su entorno le costó entenderlo en un principio, pero “luego fueron conociendo y aprendiendo”. A nivel laboral no tuvo mayor problema con la empresa en la que ya estaba trabajando e incluso al cambiar a otro trabajo, cuando estaba en pleno tratamiento hormonal pero aún no tenía el DNI cambiado, esta nueva empresa le hizo el contrato con su nueva identidad. “Conozco a un montón de gente que le ha pasado todo lo contrario. El mío es de los casos raros que pasan a veces. A otras muchas personas trans las echan de casa, incluso en pleno covid”, cuenta.

Hay personas que se quedan y otras que se van en este acompañamiento. Pero coinciden en que las generaciones más jóvenes, las que están ahora en el instituto, asumen todo esto con mucha más facilidad porque ahora hay muchos más referentes y que no están ligados a la marginalidad.

Aún así pasan por el trance de decirlo en casa y esperar las reacciones. En el caso de Christian, ya tenía preparado su plan B, que pasaba por ir a vivir a casa de su mejor amiga y con la madre de ésta, ya que había cumplido los 18 años, mientras le contaba a su propia madre y encontraba la manera de decirle a su padre. Aquella casa era “el único espacio de la sociedad para ser yo”. No hizo falta ese plan cuando su madre no pudo callar y lo contó al padre: su respuesta fue “no me importa lo que seas si tú eres feliz”.

Trastorno o identidad

 “El sexo cromosomático no lo puedes cambiar: yo nací hembra y moriré hembra”, afirma Christian. La disforia de género, por la que se supone que las personas trans se encuentran atrapadas en un cuerpo que no les corresponde, dice Berta que forma parte de otras narrativas nada actuales: no todas las personas trans se quieren hormonar ni operar. Cuando inician la transición se dirigen a la UTIG, pero hay quienes conociendo cómo funciona, prefieren acudir a Transit, un servicio público en Barcelona, hoy en día saturado, que presta servicio a distancia a las personas de otras comunidades. Su protocolo es más flexible y, destacan, ofrecen una información mucho más completa que comparten tanto con personas usuarias como sanitarias que les llevan la hormonación de por vida. Porque la hormonación no acaba en un momento determinado, sino que tienen que mantener la medicación a base de hormonas y hacerse analíticas regulares para controlar las dosis.

El funcionamiento de la UTIGPA es más cerrado, les cuesta más compartir esa información y cuando las personas trans han completado su transición y llegan a los controles normales de medicina general, dependen de con qué tipo de profesional den: parten del desconocimiento y del interés por abundar en ello. Transit les facilita información que va desde la medicación al trato personal.

Cuando llegan a la UTIG son atendidas por un profesional de la psicología que certifica si esta persona es adecuada para empezar el test de vida real: son dos años en los que empiezan los problemas ya que viven en el género sentido, “actuando” según dicen, para que les den de paso para la hormonación, pero donde ya comienza la discordancia entre la apariencia y la documentación. Con la hormonación el proceso en los chicos trans es más rápido por la actuación de la testosterona, pero en las mujeres los estrógenos no actúan de la misma manera, además de que hay que bloquear esa testosterona.  No es fácil presentar una documentación que contradice tu aspecto y encima tener que justificar el por qué esto es así.

“No es fácil presentar una documentación que contradice tu aspecto y encima tener que justificar el por qué esto es así”

En el caso de Christian, su experiencia con la UTIGPA fue positiva, en cambio Álex acudió directamente a Transit. Una de las diferencias que señalan es que si quieres someterte a una operación, puedes hacerlo a través de la Unidad por ser de la propia comunidad autónoma. También el tipo de apoyo que se encuentran. Marian recuerda que la psicóloga le insistía que las mujeres llevan pelo largo, falda y les gusta el rosa. Berta acudió a este servicio porque se quiere operar, pero su experiencia la califica como totalmente negativa, con un desencuentro con la psicóloga que la atendía que no la veía “apta” para el cambio, entre otras cosas porque entendía que su familia no la apoyaba. La realidad era totalmente contraria, de hecho su madre la esperaba en la puerta porque Berta quería afrontar ese proceso por su cuenta. Cuando estaba a punto de tirar la toalla (le valió una depresión y abandonar la carrera), su madre, Ángeles Fal, insistió en que la dejara ver a la psicóloga y explicarle. Entonces pudo acceder a la hormonación tras un proceso más largo de lo habitual. Y pasó a Transit.

La ley de 2007 es una ley registral que obliga a la hormonación se quiera o no, y a pasar por psicología y endocrinología con el fin de poder cambiar la documentación. Lo que esperan al llegar a la Unidad es encontrar profesionales sensibles al servicio que prestan, pero dicen que no es así. Hablan incluso de desactualización profesional y comparan con el hecho de que cuando se da desabastecimiento de hormonación, Transit ofrece alternativas, mientras que en la UTIGPA no saben qué darles. También cuentan de dosis inadecuadas frente a las recomendadas, además del trato, algo que desde Transire Asturias se ha denunciado. Y afirman encontrarse ante una gran inseguridad a este respecto porque tampoco saben cuánto tiempo podrá atenderles el servicio catalán.

“La ley de 2007 es una ley registral que obliga a la hormonación se quiera o no”

Esta inseguridad la sufrió Marian Lago que, durante el covid, vivió el desabastecimiento de una de sus hormonas, no pudo contactar con el endocrino de la UTIGPA en dos semanas y acabó autohormonándose para acudir a Transit, que le facilitó información sobre los medicamentos desabastecidos y sus alternativas.

La hormona es machista hasta para eso

A Christian le ayudó a entender y tomar la decisión encontrar el referente de Niki, participante de Gran Hermano 6 (2004). A Berta Rozada le costó más encontrar esos referentes: lo más cercano eran las transexuales que hacían la calle en el entorno del Campillín, en Oviedo. “El discurso que se me daba era que eran lo peor. La realidad es que igual se prostituían para hacer la transición y lo que se me transmitía era lo contrario. Tardé en darme cuenta y tener la edad suficiente para sacar mis propias conclusiones”, reflexiona Berta.

La Veneno fue la primera referente para Marian Lago. Ahí se dio cuenta de lo que la pasaba. “Ahora es un icono, pero antes era espectáculo y prostitución. Buscaba información en Internet y encontraba cosas aún peores, 100% porno. Negué la mayor pero al final exploté. En la actualidad hay otros referentes, como Carla Antonelli, pero entonces no era visible. Lo que hacían visible era lo sórdido, pero no veías referentes llevando vidas normales, como la cajera del supermercado. Yo di el paso cuando consideré que lo tenía que dar”, recuerda.

Resulta más fácil el tránsito a hombre que a mujer. Es una cuestión de hormonas: la testosterona actúa rápido en la voz, la masa muscular, el vello, la redistribución de la grasa… En el caso de las mujeres trans tienen que bloquear la acción de la testosterona y el proceso es más lento, se someten a láser para quitar el vello, y también influye la edad. En cuanto a los estrógenos, en la UE está prohibida su administración como inyectable, lo que hace que el uso tópico o en pastillas sea menos efectivo. “A nivel social hay un machismo imperante. El hombre trans se puede amoldar a la sociedad y subir un peldaño, pero la mujer trans baja peldaños. Influye la iconografía que está en el imaginario. Quitar toda esa losa va a llevar tiempo”, reivindica Marian Lago.

“A las mujeres trans se nos acusa de seguir los estereotipos de género, pero algunas no se ponen falda y llevan el pelo corto. ¿Cómo se refuerzan esos estereotipos si no llegamos al 1% de la población? Hay mujeres trans hipersexualizadas, pero también las hay cis. También hay que ver cómo las personas cis consideran que son las trans, que creen que siempre se quieren operar el pecho. Yo tengo pánico. Las hay que se operan y otras no, igual que las personas cis. El foco está puesto sobre las personas trans y en concreto sobre las mujeres, y es muy injusto”, denuncia. Y si una mujer trans tiene rasgos masculinizantes, eso la va a invalidar en la cultura de la imagen imperante a todos los niveles, incluidos los laborales.

“Yosune Álvarez: No todas las mujeres trans están hipersexualizadas, pero son más visibles”

A este respecto Yosune Álvarez afirma que “no todas las mujeres trans están hipersexualizadas, pero son más visibles. Trans y cis comparten ciertas realidades. También hay mujeres bisexuales que son súper femeninas. Esta construcción hay que planteársela”. Berta añade que existe “una sexualización y una objetificación de las personas trans para atraer como si fuera por deseo ajeno. Cuántas mujeres cis hetero hacen cosas por agradar a otros y no a ellas mismas”. Esta construcción es el cispassing: y es que todas y todos tenemos que corresponder para encajar en los moldes. Y de ahí las etiquetas. “Si no fuera por una lucha de derechos, no me etiquetaría”, reivindica Christian. Es una manera de visibilizar la causa.

“Por eso hay tiempos de espera tan largos para transicionar, por eso se sale del armario antes de hormonarse y después otra vez. Y cuando hay passing, también pasas al armario de nuevo porque asumen que eres cis”, explica Álex.

Migrante

Álex Minculeasa tiene otro factor, y es el de la extranjería. Nacido en Rumanía, vive desde los 7 años en España y no guarda ningún tipo de relación con su país de origen. “Como rumano no tengo derecho a cambiar mi documentación y esto me supone trabas para todo lo que me pidan identificarme”.

“Es una particularidad que me frustra bastante y la ley trans nos va a dejar atrás a las personas extranjeras. En Rumanía no es imposible pero el proceso es súper largo y complicado y la gente no se quiere operar. Esto va en contra de las opciones de las personas nacionales, que no les obliga a someterse a esa operación, pero a los extranjeros sí. Desde 2007 no se obliga a nadie a operarse en España. Las personas en situación irregular lo tienen imposible y es muy difícil demostrar que este cambio suponga un peligro para tu integridad en tu país de origen”. Sus opciones pasan por la nacionalidad española y después el cambio de documentación.

“Imagínate toda la vida escondiéndose”

“Yo aprendí mucho de ella, aprendí que la transición la hice yo más que ella. Me enseñó algo que igual ya tenía yo que saber a no aceptar lo establecido sólo porque no entienda otras realidades”. Así resume Ángeles Fal su experiencia vital con la transición de su hija Berta Rozada. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, se da cuenta de las dificultades que ella misma planteó con su actitud por falta de información: “te fías de lo establecido pero ves que no están protegidos sus derechos”.

Ángeles es consciente de que “la única manera de hacer es encajar, y todos buscamos encajar. Necesitan que la transición la hagamos nosotros; ellas y ellos ya saben quiénes son, somos nosotros los que no lo sabemos”. Y rechaza que vayan a engañar con un cambio de sexo arbitrario, que lo tienen muy claro porque “tienen muchas trabas. Yo me he vuelto del revés. Y si no lo tienen claro, qué pasa… ¿Quién lo tiene todo claro en su vida?”.

“Tu instinto de protección ingenuamente piensa que hay un camino fácil, pero no hay nada que les facilite la vida. No está pensado para solucionarles sus problemas, está pensado para tenerlos en un rincón, que no molesten”. Como madre reflexiona sobre las etiquetas a las que tenemos que corresponder, “no es que no quiera ser una niña, es que se siente niña y encima tiene una etiqueta desde el principio que la define como niño. Están delante y no les vemos como son”. Añade que “porque un crío juegue con muñecas nadie lo lleva al psicólogo para cambiar el sexo y nadie quiere ese cambio de mano porque sabe qué supone. Si lo deciden iniciar es porque lo tienen muy claro. A mí me costó un proceso de aceptación, y ella tenía su propio proceso”.

En ese proceso de aceptación también están los referentes que existen en el imaginario, y para ella era ‘La Reinona’, que hacía la calle en el Campillín, en Oviedo. En su búsqueda de información amplió el círculo y conoció a gente como la cantautora Alicia Ramos o Aintzole Araneta, que estudió empresariales y es concejala en Donosti. “Ahora sé que no tienen por qué estar condenadas a la prostitución y hay más referentes, como Marina Echebarria, catedrática de la Universidad de Valladolid. Imagínate vivir toda la vida escondiéndote…”.

Y habla del luto, de ese luto compartido por más familias que tienen que despedir a un hijo o hija para reencontrarse con otra u otro. “Es la sensación de que mi hijo se estaba muriendo, desapareciendo; ahora veo que es algo irracional… y estoy tan, tan orgullosa de mi hija trans, que me emociono porque le ha costado todo mucho más y me ha hecho ver muchas cosas que estaban tapadas y no podía ver. Supongo que es algo así como el nido vacío, pero es que tampoco iba a ser el hijo que yo tenía en mi cabeza: iba a ser el que tuviera que ser”, dice con la voz cortada.

Ángeles se define como feminista, por eso dice no entender otras posturas contrarias desde los feminismos: “Si vinieran de gente que no entiende, que no lee y no tiene esa formación, pero viniendo de las feministas académicas es insultante. Creo que están instrumentalizando a las personas trans por cuestiones de poder que tienen muy poco que ver con los derechos humanos. Y están haciendo mucho daño”. Y habla del daño que ella misma sufre a través de las redes sociales como madre de persona trans.

“Yo soy bióloga y se sabe que biológicamente el cromosoma Y no determina el sexo, aunque a nivel de calle no se sepa. Hay personas con cromosoma Y que no tienen pene”, explica Ángeles. “A veces no lo sabemos todo. Yo no sé por qué mi hija es trans, pero ella sabe que no encaja en ser chico. Si es biológico, social… ella ES, y a mí me da igual. La vida de una persona es más importante que encasillarte en un papel”.

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