Día del Orgullo: Corresponsabilidad histórica

Estamos en un momento crítico, porque hay cambio de paradigma, y eso crea tensión entre lo viejo y lo nuevo.

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

Desde hace unos 3 años, el ambiente político se ha ido tensando cada vez más en todos los aspectos y a todos los niveles. Hoy, 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGTBI, podríamos entrar en el análisis de las causas de la crispación, pero hay mucha literatura en redes sobre las tensiones abiertas. Por eso, me centraré en la que más me preocupa que está en relación con la deriva ideológica de una parte del feminismo que, si releyéramos la Historia, se podría relacionar con una vuelta a los años 60 y 70. Os invito a ver la serie Mrs. América, que puede aportar una visión general y norteamericana del tema. Pero no es una vuelta sin más, hay elementos nuevos que son preocupantes porque se identifican con otras causas que han sido siempre el peligro para el avance en derechos.

Hasta hace poco tiempo analizábamos la sociedad con una perspectiva binaria. También, en la diversidad sexual y de género, nos movíamos en las categorías binarias hombre-mujer, masculino-femenino. El siglo XXI nos ha ido integrando unas realidades que, ya existían en los márgenes, pero que, cada vez, están más presentes en todos los ámbitos de la sociedad. Y así pasamos de hablar solo de personas Transexuales a personas Transgénero, empezamos a ver series sobre personas queer -como Queer as folk- y a que las personas jóvenes dejaran de verse en estereotipos de género binario y comenzaran a reivindicar el agénero, bigénero,…, (libres del género) rompiendo clichés que tenemos muy asimilados.

Es evidente que una perspectiva sociojurídica No Binaria y protectora de derechos de las personas Trans mueve las bases teóricas del feminismo y de la sociedad, en general. Y esto da miedo. Se entiende perfectamente que haya recelo ante nuevas realidades que, aunque sean minoritarias, no dejan de tener derechos. Así que, al entrar en escena, resitúan al resto. Pero, no con intención de hacer daño, a nada ni a nadie, sino que, al incorporarse esta nueva perspectiva, automáticamente, las demás partes se tienen que mover.

Los movimientos sociales se entienden cuando lo llevamos y pensamos desde lo próximo, lo conocido. Cuando alguien nuevo entra en una familia, las interacciones cambian y hay que hacer sitio en la mesa para que todas las personas tengan su espacio y, para ello, todas las sillas tienen que moverse. Ante la entrada de una persona en una familia hay quien deja su espacio para que se incorpore, hay quien no está de acuerdo y se niega a que se una y hay quien no dice nada, aunque tenga criterio o no e, incluso, hay quien decide marcharse de la mesa porque no quiere compartirla.

Estamos en un momento crítico, porque hay cambio de paradigma, y eso crea tensión entre lo viejo y lo nuevo. Por supuesto que, para crear lo nuevo, tiene que tenerse como referencia a lo anterior y agradecerse porque ha sido fundamental para seguir caminando. Pero cuidar nuestra Historia no significa limitar el avance. Para progresar tienen que haber diálogo entre lo que nos precede con el presente, para poner las bases que nos guiarán hacia el futuro.

“Estamos en un momento crítico, porque hay cambio de paradigma, y eso crea tensión entre lo viejo y lo nuevo”

Hoy el feminismo tiene que incorporar, no solo la realidad de las personas Trans (binarias y no binarias), sino que además incluir a las otras mujeres (migrantes y racializadas, con diversidad funcional, gitanas, musulmanas, LGTBI+,…) con mirada interseccional. El feminismo se ha centrado en Europa, en las reivindicaciones de las mujeres blancas hacia el techo de cristal -no tanto hacia el suelo pegajoso-. Estamos en un momento de crisis, y eso significa ruptura. Y la ruptura no tiene sentido sino se ponen los cimientos necesarios y adecuados para que nuestras sociedades sean más inclusivas con la diversidad.

Quizás este nuevo tiempo, que se inició con el sufragismo y continuó con el feminismo, requiere una reconceptualización e, incluso, una nueva nomenclatura. Para todo ello, son fundamentales las alianzas. Sin duda, hay alianzas que nunca debieron establecerse, hay límites que nunca debieron cruzarse, hay confusiones que nunca debieron generarse. Pero siempre hay tiempo para retomar el camino y construir. El enfrentamiento, entre quienes hemos ido muchos años de la mano en las calles y en las instituciones, no es el sendero de ninguna solución.

Si queremos soluciones reales y duraderas, debemos de sentarnos y dialogar para establecer consensos. Podemos quedarnos en la crispación o en una visión bélica -quién gana y quién pierde-. En mi opinión, deberíamos buscar las alternativas donde todas las visiones sean escuchadas y se llegue a un consenso. El límite está en los Derechos Humanos.

El feminismo comenzó a trabajar por la incorporación de la perspectiva de género en torno a la Cumbre de Nairobi en 1985. Desde entonces, la perspectiva de género en las políticas públicas ha posibilitado la ampliación de derechos de las mujeres en todo el mundo. En 2014, en España, ya se abogaba por repensar la terminología empleada.

Hoy ha llegado el momento de sentarse, dialogar y poner las bases -que nos sitúen en la defensa de los derechos para todas, todes y todos- para frenar a pensamientos y acciones totalitarias que nos recuerdan otros momentos de la Historia. Tenemos una corresponsabilidad histórica, hagamos todo lo posible.

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