¿Por qué el Piles sigue bajando marrón cada vez que llueve?

La gestión de las aguas residuales gijonesas ya es deficiente en condiciones normales, pero todavía más cuando hay tormentas.

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David Alonso
David Alonso
Es geógrafo. Ha sido concejal de Xixón Sí Puede.

Una característica propia de la primavera y del verano astur, es que llueve. ¡Menudo descubrimiento! diréis. Pues sí, es una obviedad, una obviedad que en Gijón suele acarrear otro fenómeno paralelo y es que, al llover, al llover bastante, nuestro rio Piles baja con mucha agua y se le ve de color marrón. Hasta ahí también normal. Cuando llueve mucho los ríos llevan agua de toda su cuenca vertiente y arrastran sedimentos que en el caso del Piles, gracias a que la losa que recubre su último kilómetro actúa como una tubería, arrastra sin remisión, sin control y sin posibilidad de expansión en sus inexistentes riberas o zonas inundables adyacentes, toda la carga sedimentaria (tierra, barro, madera) que lleva el cauce. Podría resultar hasta normal que, siendo un cauce urbano, se haya canalizado de esa forma tan drástica, aunque esto sería otro debate en el que hoy no nos vamos a meter, lo que ya no lo es tanto es lo siguiente.

En Gijón, como en muchos otros lugares de España y de Europa, la red de saneamiento, las tuberías que llevan nuestras aguas residuales, es unitaria. Esto quiere decir que el agua de nuestros baños, las aguas negras, junto con la mayor parte del agua de escorrentía, de lluvia e incluso la parte baja de algunos arroyos y ríos discurren por esa red de colectores.

Los aportes humanos en forma de agua residual suelen ser regulares y fácilmente calculables. Los aportes naturales pueden ser también calculados pero difícilmente establecidos. En base a esos datos, se diseñan las redes y se diseñan también puntos de alivio de esa red. Son puntos, en la inmensa mayoría de los casos, legales, establecidos como puntos de vertido pensados para que esas tuberías básicamente no revienten, concretamente, que no salten las tapas de la alcantarillas.

En el caso de la cuenca este de Gijón, el rio Piles cuenta con cuatro puntos de alivio en su parte baja del cauce, muy próximos a la playa. Tiene más, pero digamos que esos cuatro serían los más significativos. Como os podéis imaginar, cuando llueve en abundancia y los colectores se cargan de agua, se alivian en esos puntos y sale el agua de la lluvia, el de los arroyos y también el agua residual. Esto sucede aproximadamente unas 50 o 60 veces al año en el Piles. Evidentemente, esa agua se mezcla con la que lleva el cauce y da como resultado que en esa mancha marrón propia de los ríos revueltos por la lluvia, se esconda una carga contaminante notable. Y este es el motivo por el que en ocasiones se cierra la playa (o se debería cerrar al baño) durante estos episodios.

“Preservar el medio ambiente forma parte de todos los discursos pero de muy pocos presupuestos”

En nuestro caso, en nuestra ciudad, el debate sobre la contaminación del Piles lleva décadas encima de la mesa, por no hablar de un asunto más grave y es que esos colectores en las condiciones normales, cuando no llueve o lo hace de manera moderada, llevan todo esa agua residual, contaminada, a un colador gigante y se vierte directamente sin más al Mar Cantábrico por el emisario de Peñarrubia. Conviene tener esto claro para asumir lo que le estamos haciendo al mar desde hace décadas. Es por esa razón por lo que la UE nos ha puesto una multa en el año 2011 y que llevamos pagando, el Estado español, desde 2018. Millones de euros. Pero este asunto, el de al depuradora es otro tema.

Volviendo al rio, desde el ámbito del diseño de redes hace ya tiempo que se diseñaron infraestructuras para paliar, en gran medida, estos alivios directos al medio natural, Es ahí donde entra esa obra que se está haciendo en el parque Hermanos Castro, al lado de Feria, que es un pozo de tormentas. Esta obra costara más de 10 millones de euros y es, básicamente, un deposito gigante enterrado donde irían a parar esos alivios que ahora van al rio. Tendrá una capacidad para asumir toda esa agua durante al menos un periodo de tiempo significativo que almacenaría para luego mandar a depurar a la depuradora que quizá pronto esté funcionando, aún no. De las 60 veces que ahora vertemos nuestro detritus al rio y a la playa pasaríamos a que eso sucedería solo 3 o 4. No es perfecto, pero es infinitamente mejor.

Pero hasta que eso suceda conviene tener claro que la realidad que genera los problemas del Piles, no es su agua marrón cuando llueve, es lo que no vemos – aunque a veces sí olemos – y es propio de haber pensado en desarrollar una ciudad, obviando y olvidándonos de unas dotaciones públicas adecuadas en pos de un urbanismo frenético. Pero sobre todo pagamos que aún hoy respetar y preservar el medio ambiente forma parte de todos los discursos pero de muy pocos presupuestos.

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