El Triángulo de las Bermudas

No debería ser tan difícil ahorrarnos un gobierno ultra, cómplice sin fisuras de los sionistas y cruel con la parte más débil de la sociedad.

Recomendados

Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

En la introducción a un libro sobre el Antiguo Egipto, leo cómo el autor trata de prevenir, a quien se acerque a esta época, de los peligros de la ficción histórica, que, tratándose del mundo de los faraones, es un riesgo muy real. Se refiere, en concreto, a un género que floreció a lo largo del siglo pasado y que pervive en este, un género que él llama género de “el Triángulo de las Bermudas”, o género de “los hechos que desconciertan a los científicos”. Cómo no pensar, en este contexto, en Anatop I y en lo que nos espera en las próximas semanas.

Los científicos, pero no solo ellos, también la gente de letras, nos quedaremos desconcertados cuando nos represente en el Ministerio de Exteriores alguien que no vea, aunque se retransmita en directo, un genocidio en Palestina, o cuando se coloque al frente de lo que quede del Ministerio de Igualdad a alguien que niegue que haya desigualdad alguna o que niegue la violencia contra las mujeres. Quien tenga problemas se irá a la calle porque, como dice una de las mentes privilegiadas del PP, el alcalde de Málaga, la vivienda es un problema para quien no tiene vivienda, pero para quien tiene vivienda no es un problema (literal). A los pensionistas ya les ha enseñado la patita Figaredo, al que conocemos bien en Asturias. Son muchos los hechos desconcertantes a los que asistiremos, de Norte a Sur y de Este a Oeste, en tiempo de campaña, cuando las lumbreras de PP y VOX se vean obligadas a elaborar y emitir discursos. Feijóo seguirá desconcertando a los científicos al confundir el hidrógeno con el nitrógeno y a los geógrafos al situar Huelva en el Mediterráneo y Cáceres en Andalucía.

No digo que no podamos reírnos un poco en campaña, lo haremos, pero luego vendrán los llantos, como decían nuestras madres en situaciones mucho menos dramáticas. Y no me apetece llorar, la verdad. Espero que quienes puedan remediarlo lo hagan, que no nos pongan difícil elegir, que no nos veamos solos y en la calle como el protagonista del poema “Que se hubieran preocupado”. Su autor, el gran poeta griego Constandinos Cavafis (1863-1933) imaginó a un joven en Antioquía, en tiempos de Ptolomeo VIII Evérgetes (145-116 a.C.), lamentando que los dioses todopoderosos no se hubieran preocupado de crear a un hombre (a nosotras nos vale también una mujer) decente al que hubiera seguido gustoso. No debería ser tan difícil ahorrarnos un gobierno ultra, cómplice sin fisuras de los sionistas y cruel con la parte más débil de la sociedad. No nos merecemos perder los avances que hemos hecho en los últimos años por pocos y lentos que hayan sido. La medida del retroceso que podemos sufrir nos la dan los adoradores patrios de Satán, ya sea bajo la advocación de Netanyahu, de Milei o de Trump. Ahora que se cumple el tercer año del genocidio brutal e intensificado en Gaza, aunque nada empezó el 7 de octubre del 2023, no nos merecemos caer en manos de quienes abrazan a los asesinos. Ha costado mucho que se llamara por su nombre al genocidio, queda muchísimo por hacer, no se ha cortado del todo el comercio con el estado de Israel, no se han roto las relaciones diplomáticas, pero no podemos desandar el pequeño camino recorrido.

Si no recuerdo mal la leyenda, barcos y aviones desaparecían en misteriosas circunstancias y sin dejar rastro en un área geográfica próxima a las islas Bermudas, una zona que dibujaba un triángulo si uníamos Bermudas, Puerto Rico y Miami. No crean ustedes que el triángulo imaginario que llegue a unir los cerebros de PP, Vox y Junts tendrá un poder de destrucción menor, que no será capaz de atrapar y hacer desaparecer sin dejar rastro la inteligencia, la decencia, la solidaridad.

Uno de los estudiantes que hace conmigo la Tesis ha solicitado por internet el título de Ministro de la Universal Life Church, una organización religiosa norteamericana aconfesional de la que solo conozco el nombre. Lo ha hecho por la curiosidad de ver si es tan fácil como cuentan obtenerlo (lo es) y por las risas (que no fueron pocas). Pero aprovechando que ha obtenido esta titulación, aunque fuera con un esfuerzo tan desdeñable como el que pudo haber hecho Ayuso para sacarse la suya, le he pedido que, investido con estos nuevos poderes, aproveche los viajes en metro a la universidad para gritarles a los compañeros de vagón que Dios los ama, claro que sí, mucho y a todos, pero que poco podrá hacer por ellos si depositan su voto en el Triángulo de las Bermudas.

Actualidad

spot_img