Espacios de convivencia que superen la crispación

En los últimos años, ha habido fuerzas trabajando en la sombra potenciando el odio

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

Cada día cuando me despierto me pregunto ¿qué pasará hoy? Desde el 13 de marzo del año pasado todo se magnifica más de lo que vivíamos anteriormente. Antes de esa fecha, la crispación ya formaba parte de nuestras vidas. Recuerdo ver en mi ciudad, en varias ocasiones, coches parados con las puertas abiertas discutiendo, y a punto de llegar a las manos. Pero no sólo en la calle, también en las familias y en el trabajo. ¿Qué nos está ocurriendo como personas y como sociedad? ¿Qué ha fallado para llegar a este momento? ¿La ley del péndulo nos lleva a dar un paso, o más, hacia atrás para poder seguir hacia adelante? ¿Quiénes se dedican a la política de partidos debemos de tener la responsabilidad de visibilizar el camino para la convivencia? No cabe duda de que la situación de aislamiento físico y psicológico, fruto del Covid, influye en nuestro comportamiento individual y colectivo. Pero ya existía un caldo de cultivo previo, avivado ahora por fuegos interesados en la inestabilidad que abren oportunidades para nuevos actores que imaginábamos en algunos casos superados y en otros inesperados.

Personalmente, durante estos dos últimos años, he tenido la posibilidad de renacer y, por eso, creo que me sitúo de otra forma ante la vida y los hechos cotidianos. Cuando vuelves a nacer valoras la vida, en todos sus aspectos, de otra forma. Y te das cuenta qué es lo esencial y qué merece o no la pena y la alegría. Desde que decido por mí misma, siempre he optado por la no violencia como el camino a seguir, a veces lo consigo y otras tengo que esforzarme por lograrlo y alguna vez no llego. Mis referentes, Gandhi y Petra Kelly, me situaron en la resistencia activa no violenta para el cambio con una actitud de ternura subversiva. Aprendí que el cambio empieza por una misma. Y ese cambio se produce en el camino, andando. En ese sendero también me hice consciente que en el equilibrio está la solución. Ayer me hablaba una amiga del camino del medio que propone el budismo a través de la moderación y la huida de los extremos.

“El Covid nos ha puesto delante de la cara, sin tapujos, un futuro incierto”

Desde que trabajo en educación, uno de los aspectos fundamentales que desarrollo como docente es la mediación y la resolución de conflictos para la convivencia. Algo que es fundamental, en el ámbito educativo, se desvirtúa en otros espacios, como en la política de partidos. Y lo que podemos denominar educativamente consensos para la convivencia, en política se nombran cambios de chaqueta, traición u otros términos que provienen más de una cultura de bandos infranqueables y excluyentes.

Pero ¿qué podemos hacer ante este momento de violencia y crispación? En primer lugar, ser conscientes del momento y de lo que ocurre, en mí y en las demás personas. ¿Qué provoca la situación, qué es lo deseable, desde dónde mi ubico y hacia dónde quiero ir? Cuando esta primera parte es visualizada y nombrada, podemos ir dando pasos hacia conseguir el objetivo marcado. Puede haber regresiones, bloqueos o resistencias. No hay que mirar para otro lado, sino que afrontar la realidad. Es la única manera de avanzar. Huir o evitar la mirada solo hará que demos unas cuantas vueltas para volver al mismo lugar.

¿Qué más puede contribuir a conseguir espacios de convivencia amables y respetuosos? Reforzar los espacios de proximidad existentes que fomenten valores de humanidad y respeto con las diferencias.

En los últimos años, ha habido fuerzas trabajando en la sombra potenciando el odio. Personalmente, he visto cómo en algún centro educativo aparecían esvásticas y cómo organizaciones neonazis iban generando un pensamiento único y excluyente de nacionalistas españoles que enfrentaban necesidades desde la manipulación de la información. Sabían que en los jóvenes, sobre todo hombres en determinados núcleos poblacionales, calaría un mensaje de “defensa de lo propio” (trabajo, recursos, patriarcado,..). La construcción de la identidad en sociedades multiculturales está provocando, en algunos casos, el reforzamiento de actitudes nacionalistas excluyentes y violentas frente a lo diferente. Así, todo lo diferente es motivo de odio. Estos grupos extremistas lo saben y centran ahí su población diana con el objetivo de socializar a esos jóvenes en modelos culturales -dominantes y opresores- que asimilan y los convierten en sus propias reglas personales de vida, potenciados por el grupo de iguales. De ahí, en mi opinión, el aumento de las agresiones en manada a mujeres, personas LGTBI, sin hogar, con diversidad funcional o mayores.

El Covid nos ha puesto delante de la cara, sin tapujos, un futuro incierto. Las adversidades están aquí. Podemos mirar hacia otro lado y seguir esperando en volver a la “normalidad” previa a la pandemia. Pero esa ya era una falsa realidad, era un espejismo. Lo que está por llegar nos exigirá solidaridad y compromiso intergeneracional, intercultural, interreligioso e interterritorial. El negacionismo está siendo una barrera de humo, de miedo limitante y paralizante, que está generando dudas sobre la urgente preparación para lo que nos va a deparar el futuro. Este movimiento no se ha generado espontáneamente, hay intereses creados en generar caos. Naomi Klein así lo explica ampliamente en La doctrina del shock “solo puede sacarse adelante en una política de divide y vencerás en lo racial y en lo sexual, combinada con un espectáculo constante de distracción mediática”.

Por eso, debemos trabajar por crear espacios de convivencia. Las ciudades y los pueblos deben ser lugares donde las diferencias configuren la bandera de la unidad, el estandarte de la diversidad y el camino hacia un futuro donde “aquí cabemos todos (todas y todes) o no cabe ni dios”.

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