Menos fracaso escolar y mejores sueldos: algunas ventajas de vivir en una región industrial

La industria supone el 13% del PIB asturiano, un porcentaje alto para España, pero por debajo del 24% del País Vasco, con un sector altamente innovador.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Vivir en una región industrial puede tener problemas muy graves y visibles como la contaminación, una cuestión especialmente acuciante para la zona central de Asturies, pero también grandes ventajas. Euskadi, valorada como la comunidad española con la mejor calidad de vida, es también en la que la industria tiene el mayor peso sobre el PIB: el 24,2%. 5 puntos por encima de la media europea y casi 10 por encima de la media española. En Asturies el peso de la industria en el PIB ha retrocedido del 18% en 2.000 al 14% en 2021.

La Comunidad Autónoma Vasca ha sido recientemente distinguida por la Comisión Europea como polo de excelencia innovadora en una España de “innovación moderada”. Tras atravesar una fortísima crisis industrial en los años 80 y 90, paralela a la asturiana, Euskadi resurgió de sus cenizas como territorio industrial, con una fuerte especialización en sectores punteros como la automoción, el ferrocarril, la construcción naval o la producción de maquinaria. El Gobierno vasco aspira ahora a que en la próxima década el 40% de su PIB lo aporten el sector industrial y los servicios altamente especializados.

“No podemos vivir solo del turismo” decía una pancarta en una de las manifestaciones contra el cierre de Alcoa. En 1975 la industria española aportaba un 30% del PIB. Hoy no llega al 15%. Sin embargo la industria vuelve a estar de moda después de tres décadas marcados por la identificación entre sector servicios y “modernidad”. Las sucesivas crisis de 2008 y de 2020 han demostrado que tener un buen tejido industrial permite aguantar mejor las malas coyunturas y aporta mucha más riqueza y cohesión social a una comunidad. Menor fracaso escolar y mejores sueldos son algunas de las ventajas más evidentes. Pedro González de Molina Soler ha elaborado para la Fundación 1 de Mayo de CCOO el informe “La segregación escolar, las desigualdades educativas y el modelo educativo de la derecha en España” y una de las conclusiones de este trabajo, que puede consultarse online, es precisamente que las comunidades con más densidad industrial tienen menores tasas de abandono escolar, o lo que es lo mismo: la estructura económica de la comunidad pesa, y mucho, en los resultados escolares del alumnado, sobre todo de aquel cuyos padres proceden de clase trabajadora y no son titulados universitarios. No es el único factor, claro está, Madrid, una capital de servicios, tiene los segundos mejores resultados educativos, pero para González Molina, el peso de la industria influye decisívamente en el menor abandono escolar de País Vasco (medalla de oro) y Asturies (medalla de bronce) frente a las últimas comunidades del pelotón: Melilla, Baleares, Murcia, Andalucía, Canarias y Extremadura.

En opinión de Molina “los centros más industrializados, o con una economía más basada en sectores económicos con mano de obra cualificada, tienen un abandono educativo temprano muy por debajo de la media de España”, mientras que aquellas comunidades especializadas en el turismo, la construcción y los servicios con baja cualificación producen una mayor deserción laboral entre los alumnos de clase trabajadora, ya que les resulta relativamente fácil encontrar un empleo en el mercado laboral sin tener una buena cualificación. Otra cosa es la calidad de este empleo. Y es que el empleo tiende a ser también de más calidad en las regiones industriales. Asturies, con casi 1.700 euros de media, es la quinta comunidad autónoma con el salario medio más alto de España, si bien también la campeona en brecha salarial de género. Madrid, el País Vasco, Navarra y Catalunya, comunidades con mucha actividad industrial y/o de servicios especializados, encabezan el ranking de los buenos sueldos.

Más allá del empleo industrial, el sector tecnológico es otro lugar de buenos salarios. El Principado es la octava región española con más personas empleadas en el sector de la ciencia y la tecnología. Solo el Parque Tecnológico de Cabueñes, en Xixón, el más grande, cuenta con 137 empresas que facturan 1.600 millones de euros anuales y en las que trabajan más de 4.000 trabajadores. El parque tecnológico de Llanera con 140 empresas genera otros 2.500 empleos, Valnalón, 1.825, y el de Avilés, el más reciente, 850 puestos de trabajo. El crecimiento y desarollo de estos polos de innovación, así como de los nuevos semilleros de ciencias de la salud en Oviedo/Uviéu, pueden convertirse en una alternativa laboral para miles de licenciados asturianos que hoy no encuentran empleo en su comunidad adaptado a su elevada formación.

El empleo industrial tiene además una importancia muy positiva para la fortaleza de los sindicatos y con ello de las reivindicaciones laborales y la calidad del empleo. Tira de la afiliación sindical hacia arriba y se convierte en un vector de articulación y movilización, que a veces rebasa los límites concretos de una empresa o un sector, para convertirse en el portavoz de los intereses comunes de los habitantes de una comarca o de toda una región. Así pasó en los años 80 y 90, cuando los trabajadores de las industrias en procesos de reconversión lograron paralizar Xixón y las cuencas mineras en huelgas generales de carácter local, así como finalmente toda Asturies el 23 de octubre de 1991, en una huelga regional que llegó a contar con la adhesión incluso del Arzobispo Gabino Díaz Merchán, que animó a los católicos secundar el paro convocado por los sindicatos en defensa del empleo y la actividad minera y fabril.

Antes de que se pusiera sobre el tapete el concepto de la España vaciada los sindicatos asturianos ganaron un enorme prestigio a ojos de amplios sectores de la sociedad asturiana al convertirse en la mejor herramienta de presión para una región con poco peso político y demográfico. Hoy CCOO y UGT están tratando de volver a jugar ese papel con la campaña de movilizaciones Emergencia industrial. Salvemos Asturies, si bien con unos efectivos más reducidos, debido al descenso del empleo en minas y fábricas, y con ello de su capacidad movilizadora. “Los trabajadores negociamos acuerdos con el Estado que nunca consiguieron los representantes políticos asturianos” señala Damián Manzano, responsable de la federación de industria de CCOO de Asturies. El profesor de historia contemporánea de la Universidad de Oviedo/Uviéu Rubén Vega es de la misma opinión con respecto a los Fondos Mineros y las prejubilaciones: “No hay acuerdos comparables en ningún lugar del mundo. Serían la envidia de cualquier territorio que haya sufrido un proceso similar de reconversión”. La fuerza del movimiento obrero arrancó unos recursos que en el mejor de los casos han permitido algunas iniciativas reindustrializadoras y tecnológicas exitosas, y en el peor, unas prejubilaciones que al menos han amortiguado el declive económico de la comunidad. En opinión de Vega los efectos de la tradición industrial y sindical también se traducen en una mayor tendencia al asociacionismo y la organización comunitaria en general: desde las asociaciones vecinales hasta otras de tipo deportivo, cultural o en defensa del patrimonio industrial. La falta de relieve generacional lastra sin embargo el futuro de este tejido.

Para Vega la industria y el movimiento obrero han contribuido a moldear la cultura y la mentalidad de buena parte de la sociedad asturiana contemporánea: “Una identidad, un orgullo, y un arraigo muy fuerte al territorio que explica que la emigración sea vista como un drama”. Para el historiador Rubén Vega el drama de muchas familias obreras asturianas es que después de lograr el objetivo de que sus hijos vayan a la Universidad tienen que decirles adiós porque los jóvenes no encuentran empleos adecuados a su cualificación y se ven obligados a emigrar: “No somos norteamericanos que hagamos las maletas y nos vayamos sin trauma cuando necesitemos buscar empleo en otra parte”

Para Vega, que coordina un proyecto internacional sobre desindustrialización, esta identidad, orgullo y patrimonio pueden convertirse en un factor de progreso en la Asturies de 2021, y pone como ejemplo nuevas empresas que reutilizan antiguos espacios industriales. En opinión del historiador gijonés este reciclaje aporta identidad y valor añadido a los nuevos proyectos empresariales. ¿Cómo hacer esta actualización? “Estamos orgullosos de la tradición minera, pero hay que huir de la melancolía y mirar hacia un futuro de bienestar y sostenibilidad” señala Juan Ponte, edil de cultura de Mieres, con respecto a la gestión que en Asturies debería hacerse del patrimonio industrial. Ponte considera que los usos de este patrimonio deben ir más allá de museos, y que su preservación pasa precisamente por actualizar los contenidos y buscar una nueva industria verde y sostenible para los viejos contenedores del siglo XIX y XX. Y es que 170 años de minería e industria han dejado en Asturies lo que el cineasta asturiano Marcos Merino llama “el relato mejor conservado de la revolución industrial de toda Europa”. Una colección de edificios, instalaciones, infraestructuras y espacios singulares con la que pocas más regiones europeas cuentan y que son otra gran herencia para construir la Asturies industrial del siglo XXI.

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1 Comentario

  1. Pésimo artículo una vez más. Donde se eleva la industria y la modernización a la idealizada felicidad, algo que ya se vio con engaño y falso. Se olvida y menosprecia la vida en el campo, la agricultura y ganadería que realmente fue en el verdadero carácter del pueblo Asturiano, antes de su aniquilación para ser engañados por el sueño industrial, venido del capitalismo feroz del franquismo y de Europa. Y se vuelve a sacar los tópicos, de ingeniería social, de “la España vaciada”.
    Los sindicatos no han conseguido nada significativo nunca, ni ayudado con el Estado, SON EL ESTADO, abrir los ojuelos Ho! Y valorar y admirar la cultura popular y del pueblo en su agricultura y ganadería de pequeña escala, lo que 150 años atrás todavía quedaba, y quizás de nuevo , con nuevos conocimientos. Pero claro eso no está de moda, lo que si está de moda es ecofascimo 2030 que nos volvéis a meter con baselina, sin un poco de pararse a reflexionar.

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