Justicia e injusticia de clase con la sentencia de La Suiza al fondo

Hay un sector de la justicia que entiende el derecho penal de una manera muy cuestionable en lo que se refiere a la protesta laboral y social

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Marco Antuña
Marco Antuña
Es trabajador de banca y sindicalista de la CSI en Liberbank.

“El derecho civil sirve para que los ricos roben a los pobres y el derecho penal impide que los pobres roben a los ricos”

Así reza un clásico aforismo francés, que contextualizado aquí y ahora podría decir: el derecho laboral sirve para que la clase obrera tenga cada día menos derechos y el derecho penal sirve para escarmentar a quienes tienen la osadía de protestar contra las injusticias.

El magistrado Lino Rubio Mayo, titular del Juzgado de lo Penal 1 de Gijón, ha impuesto penas de tres años y medio de cárcel (dos años por coacciones y año y medio por obstrucción a la justicia) a cada uno de los siete sindicalistas de la CNT juzgados por su participación en las movilizaciones de denuncia de la situación laboral en la pastelería La Suiza, a lo que se añade el pago de indemnizaciones por un total de 150.428 euros.

Se dice que un juez se expresa a través de sus sentencias.

En este caso, las sentencias condenando a los jóvenes insumisos, a Cándido y Morala y, ahora, a estos sindicalistas de la CNT, son una expresión bien clara de la idea de justicia que practica este magistrado.

No es un caso aislado.

Hay un sector de la justicia que entiende el derecho penal de una manera muy cuestionable en lo que se refiere a la protesta laboral y social, dando por sentado que el derecho a la presunción de inocencia y la necesidad de que las acusaciones y/o la Fiscalía aporten pruebas incuestionables para lograr las condenas que solicitan dejan de tener efecto cuando los encausados lo son con motivo de actividades sindicales o movilizaciones populares.  

Cualquiera que haya sido acusado por este tipo de protestas sabe lo (relativamente) sorprendente que resulta, tanto en la instrucción como en el juicio, ser consciente de que ya se le considera culpable de antemano, se le niegan pruebas solicitadas en su defensa y se le trata como un delincuente mientras la Fiscalía, salvo honrosas excepciones, pide abultadas condenas sin hacer ningún esfuerzo por esclarecer la realidad de los hechos juzgados.

Hay muchas personas en Asturias a las que esto no nos lo contaron.

Lo vivimos en vivo y en directo y podemos atestiguarlo.

Y, además de quienes han sido injustamente condenados en el caso de La Suiza, hay un grupo de trabajadores que, por su participación en diferentes conflictos laborales (Vauste, EHBI, ALSA, TUA) están procesados y, en el caso de las compañeras de TUA, con peticiones de siete años de cárcel por participar en un piquete de huelga, derecho éste recogido en nuestra legislación pero que, al parecer, debe practicarse en silencio y desde casa para no correr el riesgo de acabar condenado si, por desgracia, se cae en manos de esta justicia de clase y de este sector antiobrero dentro del poder judicial, que, en vez de colgar la toga para hacer política, pretende aplicar sus ideas de garrotazo y tentetieso sin tomarse el trabajo de presentarse a unas elecciones.

Flaco favor se le hace a la propia idea de justicia cuando tu condena o absolución por participar en una protesta y por reivindicar la justicia social no depende de los hechos, sino del juzgado en el que aterrice tu caso y las ideas preconcebidas de quien te vaya a juzgar.

“Quien pelea por los derechos de todos nunca puede estar solo a la hora de enfrentar la represión”

En todo caso, la represión no va a detener la lucha contra las injusticias y por los derechos de la clase obrera.

Ni lo hizo en el pasado ni lo va a conseguir ahora.

No está de más recordar que, por ejemplo, la jornada laboral de 8 horas se implantó en España en 1919 después de los 44 días de huelga de La Canadiense en Barcelona, con trabajadores muertos, detenidos, despedidos y encarcelados.

Y tampoco está de más señalar que el sábado pasado, en Gijón, fuimos miles los que acompañamos a los condenados por el caso de La Suiza y los apoyamos en su denuncia de esta injusta condena y en su reivindicación del derecho a la protesta sindical.

Porque quien pelea por los derechos de todos nunca puede estar solo a la hora de enfrentar la represión, digan lo que digan quienes, con toga o sin toga, están en la trinchera de enfrente a la de la clase obrera en esta lucha de clases que sigue siendo el motor de la historia.

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