Delagua

Escuchar sus canciones es leernos en nuestra vida cotidiana, la vida cotidiana de fuera, pero también la de dentro

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Belén Suárez Prieto
Belén Suárez Prieto
Correctora de textos de profesión. Vivo en El Tiempo Delicuescente.

Acepto la amable invitación del director de Nortes, Diego Díaz, y, a partir de este mes de septiembre, si ninguna razón lo impide, podrán leer, si gustan, una columna mía cada primer viernes de mes, para cuyo contenido la publicación me da libertad de elección. Acogiéndome a ella, pues, este día primero no se me ocurre mejor asunto del que yo pueda hablar que el concierto que la banda asturiana Delagua nos ofrecerá este próximo domingo, a partir de la una del mediodía, en el espacio de la terraza de Laboral Ciudad de la Cultura, en Gijón.

Delagua es la banda de temas propios de las hermanas Gema (escritora de las letras) y Sil Fernández (autora de las músicas) y nos ofrecen la presentación de su último disco, Animalías, acompañadas por Héctor Tuya, productor del álbum y guitarrista; Alfonso Vega, bajista, y Sergio Pevida, batería. Gema y Sil son las voces y Sil, además, es también guitarrista, ya eléctrica, ya acústica. Estaba la banda presentando las canciones cuando la maldita pandemia vino a truncar esa actividad, como todas las demás. Ahora es el momento de retomar las presentaciones, pues esos pequeños relatos han estado esperando, pacientes, el momento de mostrarse de nuevo en público.

Y, hasta aquí, la información objetiva. La que pueden encontrar publicada si aún no asistieron a ninguno de los conciertos de Delagua. Pero lo que saben, si ya estuvieron viendo a la banda en directo, es lo siguiente:

Asistir a un concierto de Delagua es más que asistir a un concierto. Es subirse a la caravana de una compañía de la legua, es continuar la estela de La Barraca, es unirse a un circo ambulante. Cuando el concierto alcanza su cima, hacia el final, ese enjambre en el escenario recuerda algunos momentos de la dylanesca Rolling Thunder Revue…

Escuchar las canciones de Delagua es leernos en nuestra vida cotidiana, la vida cotidiana de fuera, pero también la de dentro. Y en cuantas ocasiones necesitamos que nos cuenten lo corriente, lo de andar por casa, lo de andar por las calles y lo que nos anda por dentro, allí están las hermanas Fernández. E, imposible que sea de otro modo, imagínense lo que sucede si esos pequeños trozos de vida, de en torno a tres minutos, nos los cuentan en directo, donde cada interpretación no se repite, donde el circo no es el mismo que el del último concierto, pues el aro a través del cual Sil y Gema nos hacen saltar se ha desplazado.

En el directo se da la paradoja de que la canción permanece, a la vez que no volveremos a conocerla así, y, si tenemos suerte, seremos personas distintas cuando demos el último aplauso, distintas a las que entramos en el patio de butacas, porque habremos descubierto algo, de lo de andar por casa, de lo de andar por la calle y de lo que nos anda por dentro, que nos estimulará para seguir ampliando el descubrimiento, en los conciertos, y, cuando no haya un concierto al que asistir, en la música grabada, mientras conducimos o ponemos la lavadora o nos lavamos los dientes o repasamos la lista de la compra.

Pero esta vez, felizmente, hay un concierto al que asistir, así que, por favor, veámonos, para ir rematando este verano, que sigue lleno de zozobras, el domingo en la terraza de la Laboral, para que las zozobras se vean aliviadas y podamos comenzar el otoño sabiendo que, al menos, tenemos la reunión alrededor del fuego de las canciones.

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