La tercera España toma la palabra

Sergio Andrés Cabello presenta su nuevo libro, 'La España en la que nunca pasa nada', en la Escuela de Comercio de Xixón

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

La recién renovada Escuela de Comercio de Xixón ha albergado esta tarde, por medio de la organización de la Sociedad Cultural Gijonesa, la presentación del libro La España en la que nunca pasa nada. Periferias, territorios intermedios y ciudades medias y pequeñas (Akal, 2021), de Sergio Andrés Cabello, doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad del País Vasco. La ponencia tuvo forma de interlocución entre el propio autor del libro e Israel Gómez Rodilla, presidente de la Asociación Profesional de Sociología de Castilla y León.

En la conversación, se trataron muchos temas troncales de la obra. El concepto central es el de la “tercera España“: aquellos territorios intermedios, ciudades medianas y pequeñas entre la “España vaciada” y la “España metropolitana”. Esta “tercera España”, que habría sido la fuente de la que han estado bebiendo los territorios metropolitanos, es buena muestra de las políticas urbanistas llevadas a cabo desde finales del siglo XX. Esta cuestión, lejos de ser una característica únicamente española, se ha generalizado en toda Europa occidental.

A modo de paralelismo con las clases medias, estas ciudades y regiones, que han sido los “perdedores de la globalización“, han experimentado un proceso de decadencia y desposesión. Mientras las clases medias vivieron un crecimiento en las condiciones de vida, sobre todo a partir de la década de los 60 en España, hasta el estancamiento de los 90 y la crisis de 2008, la “tercera España” han sufrido la rotura de la llamada “movilidad social”.

A juicio de Sergio Andrés Cabello, el tipo de modelo económico que ha llevado a esta situación es fundamental: por un lado, la actividad productiva se concentra en Madrid, Barcelona y el levante; y, por otro lado, la España interior, vacía y sin oportunidades. De este modo, las trayectorias políticas contra la despoblación han sido “cortoplacistas, miméticas con el modelo Guggenheim de Bilbao y sin considerar a la población rural“. Las ciudades llenas de riders y almacenes de Amazon, las infraestructuras disfuncionales o la falta de saneamiento son algunas de las consecuencias de este modelo económico, que genera paradojas como que el 60% de la energía producida en La Rioja se vaya a Madrid. Este es “un agujero negro“, donde la capital de España absorbe todo el capital humano, y los fondos europeos no parecen cambiar la dirección.

La propuesta pasaría, entonces, por la configuración de identidades colectivas desde un punto de vista de la cohesión social y la igualdad, y el Estado del bienestar en España sigue siendo un espejo en el que reflejarnos, pues logró sostener la identidad colectiva española. Sin embargo, la dificultad estaría en “el individualismo del sentido común neoliberal”, que iría en contra de toda solidaridad y fraternidad. Es por ello que, hoy más que nunca, se necesita la construcción de identidades colectivas, un “nosotros” desde la corresponsabilidad y el cuidado del otro. A partir de la idea de arraigo, por tanto, hacernos la pregunta: “no quiénes somos, sino dónde estamos y en qué tipo de lugar queremos vivir“.

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