Barbón se enreda con su reforma del Estatuto

Una parte de la FSA se muestra escéptica con la posición de Adrián Barbón, que también comienza a dudar del rédito político de la reforma estatutaria, su gran apuesta política.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Se acercan los congresos socialistas en Asturias y no se escuchan tambores de guerra. No se escuchan porque no los hay, o sí. A veces, un silencio puede ser atronador. Sí hay, en cambio, un canto de sirenas, un rumor de victoria, un sueño, quizá, a falta de un año y medio para que termine la legislatura, en el seno de la organización. Quiere decirse, querido y desocupado lector, que Barbón estaría aspirando a una mayoría absoluta, colocando la cooficialidad en el marco de un debate estatutario como señuelo que fuera capaz de aglutinar una parte del voto de lo que ha venido siendo tradicionalmente la izquierda asturianista, a falta de una oposición de derechas que en estos momentos, como en casi todos, continúa fluctuando en el parlamento sin un proyecto político sólido para la región. Pero como indica el grabado de Goya, los sueños de la razón producen monstruos.

Por principio, los gestores de la pandemia en todas las comunidades autónomas han salido reforzados en los siguientes comicios electorales. Ahí tienen a Feijoo en Galicia, a Urkullu en el País Vasco, a ERC en Cataluña y a Díaz Ayuso en Madrid. La pandemia los ha fortalecido, independientemente de la calidad de su gestión sanitaria y de la magnitud de sus fallos o aciertos. Podríamos afirmar que la limitación de nuestros derechos civiles es la que  ha consolidado a los gobiernos que aprobaron esas mismas restricciones, pero más allá del enjambre de normas construido sobre la base de un estado de alarma declarado inconstitucional, lo que los ha legitimado en sus respectivos gobiernos ha sido el miedo, enmascarado en ocasiones de responsabilidad institucional y en otras tantas de cifras y de estadísticas.

Alberto Núñez Feijoo. Foto: PP de Galicia.

Lejos de conformarse con una buena gestión de la pandemia, Adrián Barbón ha sido más ambicioso que el resto de presidentes autonómicos, colocando la reforma del Estatuto (incluida la cooficialidad) entre las prioridades de su mandato de gobierno, convirtiendo el resto de la legislatura en una carrera a contra reloj, en la que todo parece jugarse a una sola carta. No sabemos todavía en qué se concretará la reforma del Estututo, pero sí observamos que Barbón ha optado por ese viejo juego franquista de dejarlos a todos medio contentos, medio enfadados.

Algunos veteranos socialistas afirman con desencanto, si no pesimismo, que el mayor problema del Estatuto es que está adquiriendo autonomía propia frente a la realidad, emboscado en una dinámica de partidos que niegan la existencia del otro, lo que hace imposible alcanzar cierta racionalidad en el ejercicio del poder y la transformación del tejido social. A nadie se le escapa que para aprobar un nuevo estatuto se requiere, al menos, el consenso con el PP. No sabemos hasta qué punto la reforma del Estatuto es una auténtica prioridad política en la agenda de los asturianos, pero sí sabemos que su discusión empieza a convertirse en una tautología que aleja al gobierno de los problemas reales de la gente. Del mismo modo que la reforma laboral determinará el éxito o el fracaso del gobierno de coalición PSOE y Unidas-Podemos en La Moncloa, el Estatuto asturiano podría coronar una legislatura marcada por la ausencia de aprobación de leyes que resuelvan los problemas sanitarios, sociales y educativos de los asturianos. A las listas de espera de los pacientes para ser intervenidos, el aumento de enfermedades graves por falta de diagnóstico, se suman los históricos problemas en infraestructuras y una ausencia de debate profundo de los presupuestos generales del Principado que se hicieron solubles en la cooficialidad. Una derecha fragmentada o en la más absoluta ruina tampoco aportan nada a este asunto.

Campaña de Vox en Mieres.

La consecución de un estatuto reformado con la mayoría reforzada de 27 diputados es el nuevo relato de los socialistas, escrito a base de acuerdos con el conjunto de fuerzas políticas (a excepción de Vox) que no van a estar dispuestas a jugar un papel secundario y tratarán, lejos de alcanzar acuerdos, de  rechazar la existencia del otro. Paradójicamente, la astucia de todos  para intentar llevarse parte del protagonismo, sólo reforzará la figura de Barbón si logra que se apruebe el Estatuto antes de las elecciones.

Hasta qué punto existe una verdadera voluntad de hacer un estatuo nuevo y hasta qué punto es la excusa perfecta para alcanzar esa mayoría absoluta es algo que se define en la ambigüedad de sus palabras, con el arranque emocional que sólo se concreta en números, normas y presupuestos cuando toma el mando del Principado el vicepresidente Cofiño. Pero no todo el mundo en el universo de la FSA tiene muy claro que Cofiño y algún que otro consejero más del gobierno de Barbón confíen en la oportunidad de llevar a cabo la reforma, cuando la cooficialidad del asturiano ha monopolizado el debate hasta convertirlo en su verdadera seña de identidad.

Juan Cofiño, vicepresidente asturiano. Foto: Iván G. Fernández.

Efectivamente, la cooficialidad se ha convertido en una mano de la partida jugada donde todo vale, porque nadie se atreve a decir con rotunda claridad qué cooficialidad se pretende, salvo Vox, PP y Ciudadanos, incapaces de desplazar el marco de la discusión hacia otros ámbitos hasta el pasado debate sobre el estado de la región, cuando irrumpió la fiscalidad en mitad de la negociación. Otro ejemplo diáfano lo encontramos en el concejal Jesús Martinez Salvador. El portavoz de Foro en GIjón, posible candidato a la alcaldía de la ciudad, se descolgó hace una semana con un intercambio de cromos grosero y efectivo: recuperar el convenio del Plan de Vías firmado durante el mandato de Carmen Moriyón que definía otra ubicación para la Estación intermodal a cambio de la ansiada cooficialidad amable que se busca en la FSA. Nadie dijo que para ganar unas elecciones, fuera necesario ser elegante. Martínez Salvador no se juega nada con la cooficialidad ni en la Junta del Principado, pero sabe que Foro en Gijón puede volver a ser una alternativa al PP e, incluso, de gobierno, si Carmen Moriyón volviera a ser candidata, algo que todavía no se acaba de decidir y pone nervioso a más de uno cuando se pronuncia su nombre.  Su propuesta es irracional y absurda, pero entra dentro de la lógica de una negociación que vive ajena a la realidad.

El itinerario de la cooficalidad hasta su discusión en el Parlamento ha sido, cuanto menos, extravagante. Una enmienda negociada en el seno de una comisión política en el último cónclave de la FSA fue incorporada por la presidencia del pleno a los documentos políticos, sustrayéndola de su debate y votación en el pleno del congreso. Elegido candidato Adrián Barbón a la presidencia, la cooficialidad no sólo quedaba plasmada en el programa político del partido, sino también en su programa electoral. Para dar más señales del compromiso adquirido, el presidente nombraba a la poeta asturiana, Berta Piñán, Consejera de Cultura. Mayor rigor no se podía manifestar en la voluntad del gobierno de alcanzar la cooficialidad con todas las consecuencias.

“Hasta qué punto existe una verdadera voluntad de hacer un estatuo nuevo y hasta qué punto es la excusa perfecta para alcanzar la mayoría absoluta”

Sin embargo, el ambiente en el grupo parlamentario socialista asturiano es apagado y silencioso. Durante el debate del Estado de la región, ninguno de los diputados intervino. Como alguno de ellos afirma, «no se habla de este tema», en relación a la cooficialidad que ocupó la mayor parte de las interevenciones de los grupos parlamentarios de la oposición.  «Internamente hay división, pero no hay debate ni en la FSA, ni en el grupo parlamentario, ni en el gobierno». Todo está en manos de Adrián Barbón que comienza a dar signos de agotamiento y a no tener tan seguro que este asunto le puede traer algún rédito político.

Tanto los socialistas que no apoyan la cooficialidad como aquellos que la han defendido hasta las ultimas consecuencias aseguran que no existe una cooficialidad amable. Un parlamentario socialista afirmaba esta semana que la cooficialidad abre la puerta a todo aquello que Barbón dice que no será la llingua. Implica obligatoriedad y abre el camino a que sea lengua vehicular en la enseñanza. «No lo va a definir el Estatuto, ni una ley, lo harán los jueces y hay toda una jurisprudencia en otras comunidades que nos sirve de referencia». Los intelectuales más coherentes con la defensa de la llingua y su cooficialidad son escépticos con la capacidad de Barbón para que en este mandato el asturiano se conssagre com lengua oficial del Principado. «No existe cooficialidad amable. Sólo existe la cooficialidad a secas» llega alguno a afirmar, desencantado después de ver como detrás de las declaraciones, las explicaciones y los primeros atisbos de negociación, no hay nada. Y no sólo cuestionan la viablidad de la cooficialidad. Las dudas se extienden a todo el Estatuto. En la ensoñación de Adrián Barbón, se proyectan 40 años de viejo estatuto y la posibilidad de ser el presidente que inaugure la próxima legislatura con la firma de una nuevo. Pero el mismo escritor y filósofo afirma que la única razón para aprobar esa ley es que Asturias tenga autonomía suficiente para convocar elecciones y la cooficialidad.

Vista de las vías próximas a la estación de tren de Gijón FOTO: Luis Sevilla

En alguna ocasión, el ex-presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, manifestó a sus compañeros, tanto en privado como en los órganos internos del partido, su intención de entregar el carné si se aprobaba la cooficialidad. En posturas no tan agresivas pero sí cercanas, se manifestó también la ex-ministra de Sanidad, Maria Luis Carcedo.  Entre los nombres que no han expresado abiertamente su rechazo a la cooficialidad, las mismas fuentes consultadas afirman que estaría Mariví Monteserín, alcaldesa de Avilés, o los diputados Luis Ramón Fernández Huerga o René Suárez. Ellos tampoco estarían en esa línea.  Por otra parte, la división interna que genera la cooficialidad de la llingua se expresa también en términos de afiliación. En agrupaciones como la de Gijón, que será decisiva, como lo ha sido siempre, en las elecciones autonómicas para decidir mayorías en el Parlamento, la brecha que ha provocado este debate es también importante.

“Nadie dijo que para ganar unas elecciones fuera necesario ser elegante”

En el seno del socialismo asturiano, que Foro haya presentado una reforma de la fiscalidad y concretamente del impuesto de sucesiones o que un concejal en Gijón haya afirmado que su aprobación está condicionada al retorno del convenio sellado por su partido ha llamado la atención entre los socialistas y ha sido interpretado en los términos de un relato cuyo marco de discusión se ha desdibujado. «Foro se está quedando con el discurso del reparto de la riqueza, mientras nosotros nos diluimos en un discurso identitario», reflexiona un diputado socialista. Y ciertamente, Foro se juega mucho en Gijón, después de haber gobernado ocho años la ciudad con Carmen Moriyón.

Mientras tanto, el reloj político sigue su curso y los debates parecen haberse lentificado hasta el punto de que la Xunta pola defensa de la Llingua emitió un comunicado el pasado 12 de noviembre «reclamando que comiencen sin más demora las negociaciones» e interpelando al PSOE a que inicie oficialmente las negociaciones «sobre una propuesta con los demás grupos parlamentarios». Efectivamente, como se reconoce en el comunicado, «todavía no se conoce propuesta ninguna. Nada más conocemos condiciones. Pero condiciones ¿para qué?». En el mismo texto trasladaba a la sociedad asturiana, a todas las organizaciones políticas, sindicales y sociales, que lamentablemente puede que tengan que seguir movilizándose para lograr sus derechos. Suenan tambores de guerra.

Un manifestante saca una foto col teléfonu. Foto Iván G. Fernández

Precisamente, también en  la villa de Jovellanos suenan otros tambores ante el próximo congreso local de la agrupación socialista. El Estatuto no ha sido una prioridad en los escasos debates que la formación ha celebrado durante el mandato de su secretario Iván Ardura, porque sus afiliados están más acostumbrados a hablar de los proyectos económicos y de las infraestructuras, hoy paralizadas por falta de inversión y compromiso institucional del Estado, y porque aún no han cerrado la división interna producida tras las anteriores primarias.

La templada aparición de José Ramón García, Monchu, en el escenario político socialista, anunciando su candidatura a la secretaría de la Agrupación, frente a un Iván Ardura más cuestionando que nunca entre la militancia, por incomparecencia en su cargo de Secretario, se presenta en el contexto de esa ansiada tranquilidad que Barbón necesita en Gijón para poder alcanzar su mayoría absoluta. Barbón no sólo está cansado de la cooficialidad, también lo está su gobierno  de ver cómo Ana González, su alcaldesa, ocupa titulares erráticos, trabaja por libre sin jerarquías ni consensos (dentro y fuera de su partido) y confronta con el conjunto de la ciudadanía, abusando de un paternalismo y un cesarismo insólito en la ciudad.

Es posible que el triunfo de Monchu en las primarias a la secretaría sea condición sine qua non para que Barbón no encuentre obstáculos entre sus filas y descubra, en el otrora adversario, al mejor de los aliados, dispuesto a favorecer precisamente esa paz. Pero ese escenario sólo lo podrá conseguir Barbón siempre y cuando acepte el retorno a un statu quo anterior, donde el SOMA, incapaz de controlar a Ana González desde que tomó posesión del cargo, estaría obligado a entregar las riendas de la agrupación a una nueva dirección.

La discusión del Estatuto nació a partir de una propuesta socialista a favor de la cooficalidad que no tuvo debate suficiente en el seno del partido. Cumplidos 40 años, la reforma del Estatuto se ve lastrada por una llingua cuya protección, promoción y uso podría haber estado garantizada por el desarrollo de una ley aprobada durante la legislatura del ex-presidente Sergio Marqués. El sueño de ser el primer presidente en aprobar un nuevo Estatuto, tanto tiempo después, puede convertirse, según afirman los propios diputados socialistas, en una pesadilla si el Presidente no reformula los términos del debate. Pero eso podría signficar una enmienda a sí mismo, algo que ya barruntan los partidos que siempre defendieron la cooficialidad y que esperan que Barbón cumpla con su compromiso.

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