“Estamos en camino de recuperar el espíritu de los 90 y superarlo, convertidos en un festival que arriesga”

Alejandro Díaz Castaño, director de la 59ª edición del FICX, opina que este año “hemos elevado al máximo nuestras habituales cotas de exigencia”.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Alejandro Díaz Castaño dirige la 59ª edición del Festival Internacional de Cine de Xixón, una edición con la que el certamen cinematográfico se consolida como una referencia indiscutida capaz de seleccionar y rastrear las miradas más arriesgadas o más alternativas del cine mundial, tras el año de pandemia que obligó mantener la programación a través de diferentes plataformas. Después de ese anormal impasse, Díaz Castaño da un nuevo impulso al FICX recuperando el espíritu de los 90, o sea, mirando al cine más honesto que tiene algo que contar y o que admite nuevas miradas a la hora de contarnos.

Tengo la impresión de que esta edición, el FICX es más magro, está más ordenado, ha perdido sobrepeso, con una selección más exigente que articula la identidad construida en el pasado con la vocación de seguir acercando nuevas miradas.

Efectivamente, hemos elevado al máximo nuestras habituales cotas de exigencia y, sobre todo, la forma en que se construyen internamente las secciones y el modo en que las películas seleccionadas se relacionan entre sí. Queremos que al final de la edición el público pueda extraer un discurso unitario y que el festival no se convierta en una montonera de películas sin relación entre sí. Ello ha implicado un debate interno muy riguroso y muy prolongado en el tiempo. También ha implicado decir “no” a muchas buenas películas que no encajaban con el resto de las seleccionadas y que ponían en riesgo el delicado equilibrio de las secciones. Por ejemplo, un apartado tan popular y longevo como Esbilla está ahora más ordenado con su nueva división en tres ramas. Y como no hemos cedido a la gula programadora y hemos mantenido nuestra intención de construir competiciones oficiales con una decena de títulos y no más, hemos podido incluso jugar con el orden de exhibición de las películas dentro de cada sección y estimular el pensamiento y las emociones de la cinefilia.

Hasta qué punto, coincidir con el Gijón Sound Festival, es un acierto. Quiero decir que, aunque puedan llegar a complementarse, no dejan de ser dos festivales con identidades diferentes. No sé hasta qué punto el Gijón Sound complementa la oferta cinematográfica o la solapa.

Obviamente son disciplinas artísticas diferentes, pero a nuestro modo de ver tienen públicos afines y sus programaciones se complementan mutuamente. Para una persona que asiste regularmente a las sesiones del FICX, tener la ocasión de compaginarlas con unas buenas propuestas musicales conforma una oferta unitaria que consideramos muy atractiva. Y viceversa: Estoy seguro de que buena parte de la gente que acudirá al Gijón Sound terminará por acercarse a algunas de nuestras proyecciones. Personalmente veo la oportunidad de establecer una simbiosis perfecta.

Tengo la impresión de que este año, Fran Gayo como programador y Alejandro Díaz Castaño como director, han encontrado una tecla nueva, que tiene reminiscencias del FICX de hace veinte años o más, pero que mira seriamente a nuevas cinematografías e, incluso, a un resurgir de un nuevo cine indie.

Creo que en realidad ese viaje comenzó ya antes de esta edición y que las posibles reminiscencias, de haberlas, implican una profunda actualización y resituación del papel de los festivales de cine, a veces incluso para darnos cuenta de que hoy es mucho más complicado definir lo que es “cine independiente” que hace veinte años, cuando existía una industria que aún controlaba férreamente las vías de distribución y condenaba a la invisibilidad a buena parte del cine más interesante del momento. Ahora nuestro trabajo consiste tal vez, más que en descubrir, en filtrar, en proponer un orden para el ingente caudal audiovisual del presente. Y en trabajar mucho alrededor de las películas de modo que los nuevos públicos sientan que realmente merezca la pena acercarse a las sesiones del Festival.

A lo largo de la historia del FICX, se ha visibilizado de modo recurrente la vida de personajes gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y género fluido. Afortunadamente, el FICX no ha sido nunca pudoroso en ese sentido. Este año, por primera vez, el Festival, con la colaboración del colectivo XEGA, reconoce con un galardón, el Premio Rambal, a la mejor película de temática LGTBI. ¿Hasta qué punto es pertinente o, por el contrario, redundante?

Desde el Festival estamos siempre abiertos a colaborar con entidades a nivel local, regional, estatal e internacional. Solo hay que echar un ojo a la cantidad de logos que figuran en nuestro catálogo para darse cuenta de la gran red de colaboraciones que teje el FICX en cada una de sus ediciones y durante todo el año. Como muchas otras asociaciones, XEGA se puso en contacto con la actual dirección del FICX y nos transmitió su interés en participar en la presentación de películas, algo que llevamos haciendo ya desde 2019. Y este año nos han propuesto la creación del Premio Rambal, específico para largometrajes con temática LGTBI. No se trata de una programación creada ex profeso, sino que el premio se concederá de manera transversal a una de las películas previamente seleccionadas desde el Festival.

A diferencia del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el FICX mantiene en su palmarés la distinción entre el premio a la mejor actriz y al mejor actor. ¿Se plantean en un futuro próximo continuar la senda marcada por Rebordinos?

Admiramos enormemente al Festival de San Sebastián, colaborador del FICX en la sección conjunta Crossroads y que es sin duda un espejo en el que mirarnos. Pero en este caso no nos planteamos cambiar esta distinción en nuestro palmarés.

Con los galardones honoríficos a Icíar Bollain, Gonzalo Suárez y Chiara Mastroianni parece que hay un intento por reconocer el pasado cinematográfico español y, además asturiano, el cine con vocación feminista del presente en España, y creo que, por vez primera, el reconocimiento a una actriz internacional que es la síntesis de una manera de entender la grandeza del pasado y el presente en el cine

“‘El Planeta’ es una de las películas de cine independiente del año, sin lugar a dudas”

Estamos muy felices porque el FICX vaya a entregar en 2021 unos galardones de este calibre en Gijón. Por un lado, al incombustible Gonzalo Suárez, sin duda uno de los escritores y cineastas más personales y heterodoxos de la reciente historia de nuestro país y de Asturias, merecedor sin lugar a dudas del II Premio Isaac del Rivero a la trayectoria artística. Por otro lado, a la labor extraordinaria desempeñada en el ámbito cinematográfico por Icíar Bollaín, que como sucede en el caso de Isabel Coixet, fue capaz de sacar adelante sus primeros proyectos como directora en una época en la que muy pocas mujeres dirigían cine en España, hasta llegar a convertirse en la cineasta que es hoy. Y a nivel internacional, a una estrella como Chiara Mastroianni, actriz excepcional con casi ya tres décadas de carrera interpretativa a sus espaldas cuya labor ya ha sido reconocida en Cannes y en Locarno, y que ha trabajado para cineastas como Robert Altman, Gregg Araki, Claire Denis o Manoel de Oliveira, por citar solo algunos nombres clave del cine de autor a nivel mundial.

En la Sección Retuellos, que forma parte de la competición oficial, se ha incorporado El Planeta, dirigida por Amalia Ulman que, en su día, intentó recabar financiación municipal y regional sin llegar a conseguirla. Después El Planeta ha tenido un excelente recorrido en diferentes festivales internacionales y en esta edición compite finalmente. Tengo la impresión de que hay cierto intento de redención y un merecido reconocimiento a una gran película que tiene a Gijón como protagonista.

Desconozco los contactos que Amalia Ulman haya tenido a la hora de realizar la película. Nosotros desde el Festival, el año pasado, le dedicamos un espacio con una clase magistral que anticipó un adelanto de El Planeta, una de las películas del cine independiente del año, sin lugar a dudas. Una cinta rodada íntegramente en Gijón, que acaba presentándose en Sundance, que tuvo dos premios, mejor dirección e interpretación para su madre, Ale Ulman, y una mención especial en el Festival Internacional de Buenos Aires, con un recorrido internacional increíble, colocando a Gijón en el panorama internacional y que, incluso, ha sido nominada a los premios Gotham Awards que son una de las antesalas de los Oscar. En la categoría a mejor guión compite con Paul Schrader, Maggie Gigglenhal o Sean Baker. Impresionante.

Una película con unas reminiscencias al cine independiente, a Noah Bauchman, incluso, al cine neoyorquino firmado por Woody Allen.

Me parece muy interesante que esta película nos retrotraiga al cine independiente que más nos gustaba en los noventa, cuando el FICX se convirtió en un referente y también que tenga ese regusto neoyorquino. El Planeta es una buena traducción de ese cine y también, al mismo tiempo, tiene algo muy propio que conecta con el cine español de Almodóvar y el filtro del humor negro. Me interesa cómo se pueden dar la mano la absoluta precariedad y la sordidez y el triunfo social en el ámbito de la cultura. De alguna manera, esta película se puede emparentar con otras como Los Amantes de Montparnasse, donde alguien que triunfa artísticamente, flirtea con el más absoluto de los fracasos.

Hace tiempo, el periodista José Luis Argüelles en alguno de sus artículos, proclamaba la irrupción de un cine documental asturiano, con Ramón Lluis Bande, en el mascarón de proa, durante esta última década. Curiosamente, la cinta de Ulman interpela a los espectadores y los directores asturianos demostrando que se puede hacer ficción en Asturias. 

Ciertamente, abre el camino a una ficción low cost, que se puede hacer con medios relativamente modestos. SE pueden contar historias más allá de temáticas de expresión más profusa. Abre un camino low cost no solo en Asturias, sino en toda España, ambientado y rodado en España para los cineastas españoles en general.

La película que se estrena mundialmente en Gijón, Zeros and Ones, es genuino Ferrara, un director capaz de convertir todo lo que toca en un trabajo moralmente underground.

Es una lectura perfecta. Da igual su presupuesto, con más o menos estrellas, incluso con material de derribo, se convierte en una película con un genuino espíritu urnderground. La película recuerda a Black Out y New Rose Hotel.

Una veta conspiranoica, narcisista, adictiva, de hereje para la tradición católica

Esas temáticas están presentes, en un mundo contaminado y contaminante que desvía a los personajes del camino. Está muy presente esa parte obsesiva de los personajes que se mueven en círculos infinitos.

Zeros and Ones se presenta casi como un manifiesto que retoma un recorrido del FICX y busca nuevas miradas. Como se llega a este último film

Lo veo muy acertado. Hablamos con el distribuidor internacional, que nos puso en contacto con el propio Abel Ferrara que fue, en último término, quien autorizo el estreno. Ferrara sabía que habíamos estrenado sus últimos trabajos, A life in France o The Proyeccionist. Como bien dices, estamos en el camino de recuperar ese espíritu y de superarlo, convertidos en un festival que vuelve a arriesgar en cada edición, lo que no significa que tengan que ser siempre nuevos directores. Ferrara nunca tiene asegurada la distribución en España y el FICX debe tender puentes a estas voces que marcan un camino a las nuevas generaciones.

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