Portugal: El bipartidismo resiste (I)

Junto con el Partido Socialista, dos nuevos partidos derechistas, Chega e Iniciativa Liberal, están llamados a jugar un nuevo protagonismo en la vida política del país vecino.

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Miguel Penas
Miguel Penas
Licenciado en Historia por la USC. Desde el 2001 trabaja en el campo de la comunicación tanto privada como institucional. Fue presidente de la Associaçom Galega da Língua de 2012 a 2015. En el mandato municipal 2015-19 ejerció como Coordinador de gabinete del Concello de Santiago

El pasado domingo Portugal vivió una noche electoral con opciones vencedoras y otras vencidas, como siempre pasa en las grandes citas electorales. Tal vez el mayor vencedor haya sido el propio ‘sistema’ que sustenta a la IIIª República desde sus primeros años y que se mantiene inalterable desde mediados de los 80. Un sistema que, ha garantizado, que los dos timones que dirigen la política portuguesa están siempre en manos de los dos grandes partidos PS y PSD, Partido Socialista y Partido Social Democrata. Encuadrados en los Social Demócratas Europeos, el PS, y en el Partido Popular Europeo, el PSD, se reparten la jefatura del Estado y la jefatura del gobierno desde la consolidación del régimen democrático surgido de la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974. Actualmente, estamos en un ciclo en el que la presidencia de la República le corresponde a uno de los referentes del PSD, el profesor Marcelo Rebelo de Sousa, y como primer ministro el secretario general del PS, António Costa, quien ha revalidado su mandato, precisamente, en estas elecciones legislativas.

Marcelo Rebelo de Sousa. Foto: Instituto Diplomático

Otra de las grandes vencedoras del domingo ha sido, nuevamente, la abstención. A pesar de haberse producido un aumento de la participación alcanzando el 57%, lo cierto es que hay que retroceder hasta las elecciones de 2005 para encontrar un porcentaje de votos que supere el 60%. Lejos quedan los años 70 y 80 en donde el hambre de democracia colocaba este listón incluso por encima de los 80% y siempre superando el 70%. Y tal vez esta desafección y bajada de la participación, que se incubó en los 90 y se agudizó durante estas dos primeras décadas del siglo XX tenga una relación directa con la imbatibilidad del sistema de partidos mayoritario. Irregular e inestable en sus gobiernos, a la par que fiable y estable en cuanto a los resultados electorales. Echando la vista atrás existe un punto de inflexión a finales del año 2001 cuando en las elecciones municipales el PS sufre una severa derrota perdiendo muchas alcaldías, entre ellas las dos más simbólicas la de Lisboa, en manos de Pedro Santana Lopes, y la de Porto que la gana Rui Rio, ambos del PSD y ambos posteriores protagonistas de la política portuguesa ya a nivel nacional. Esa derrota electoral provocó la dimisión de Antonio Guterres, actual secretario general de la ONU, y el final anticipado de aquella legislatura. El presidente Jorge Sampaio, disolvió la asamblea de la república y convocó elecciones legislativas en marzo de 2002 de las que resultó vencedor Durão Barroso, del PSD. Y a partir de ahí se sucedieron dos décadas en las que la política portuguesa estuvo ‘patas arriba’ y la que pasó ‘de todo’ pero el sistema apoyado en el binomio PS-PSD resistió. También el domingo pasado.

Asamblea de la República de Portugal

Un ciclo que, finalmente, será António Costa quién consiga cerrarlo y quién será, cuando termine la legislatura que justo ahora empieza, el primer ministro con más años en el cargo, superando la década que ejerció Cavaco Silva, del PSD, entre el 1985 y el 1995, y quién fué el antecesor de António Guterres en el cargo. Por eso António Costa es un vencedor en varios planos, consigue la mayoría absoluta, pero también garantiza la continuidad de su proyecto y gobierno, una estabilidad que no sucedía desde los 90. Durão Barroso ejerció sólo media legislatura como primer ministro ya que en 2004, sorprendentemente, abandonó la jefatura del gobierno para pasar a ser presidente de la Comisión Europea. Su dimisión no fue acompañada de nuevas elecciones ya que el presidente de la República le permitió al PSD y al CDS-PP, pequeño partido demócrata cristiano, volver a formar gobierno. Es el momento de Pedro Santana Lopes que abandona la alcaldía de Lisboa para ser primer ministro, por parte del CDS-PP continuará de vice-primer ministro Paulo Portas, histórico líder de la derecha portuguesa. Poco dura el experimento, la inestabilidad del gobierno provocó, otra vez más, que Sampaio vuelva a disolver el parlamento y convoque nuevas elecciones. Tres años después, y también en marzo, el PS volvía a ganar con la victoria incontestable de José Socrates que consigue la primera mayoría absoluta para su partido. Mayoría absoluta que perdería cuatro años después, en el 2009, aunque volviendo a ser el vencedor de las elecciones legislativas aún habiendo perdido el PS las elecciones europeas de ese mismo año, aún a pesar del enorme desgaste del gobierno y de estar ya inmersos en plena crisis del 2008, Sócrates volvía a vencer.

“Sócrates tuvo que hacer frente al aCOSO DE LOS MERCADOS Y A LA AMENAZA DEL RESCATE EUROPEO”

El segundo mandato de Sócrates tuvo que hacer frente al acoso de los mercados de la deuda externa y a la amenaza del rescate europeo. Finalmente la pérdida en una votación parlamentaria, del programa PEC IV, aceleró la caída de su gobierno, la disolución de la asamblea de la república, ya con Anibal Cavaco Silva como presidente, y nuevas elecciones. Nuevamente el PSD, sale como fuerza más votada y nuevamente forma gobierno en coalición con el CDS-PP. Pedro Passos Coelho líder del PSD será el primer ministro y, nuevamente, Paulo Portas, líder del CDS como vice-primer ministro. Serán ellos los encargados de gestionar el aterrizaje de la troika en Portugal, así como de gestionar el rescate europeo y las draconianas medidas de austeridad impuestas a cambio de esta ayuda financiera. Terminada la legislatura, ambos partidos de derechas deciden recordar viejos tiempos y presentarse en coalición a las elecciones, como ya habían hecho a principio de los 80, bajo el nombre de Portugal à Frente (PaF). El nombre de la coalición, con un claro apelo nacionalista, se podría traducir por algo así como ‘Portugal por delante’ y venía a “justificar” todas la medidas de austeridad implementadas. En esas elecciones del 2015 como contrincante de la derecha, el PS presentó a su recién escogido nuevo secretario general, António Costa, que había sido ministro de Sócrates en los dos primeros años de su gobierno y, sobre todo, venía de ser alcalde de Lisboa después de rescatar a la ciudad de una grave crisis institucional. Y, sorprendentemente otra vez más, Costa no consiguió ser la lista más votada y, por lo tanto, el presidente Cavaco Silva le encargó formar gobierno a Passos Coelho, quién formó un gobierno que no duró ni un mes ya que fué tumbado por la asamblea de la República en menos de un mes. Al estar en los últimos seis meses de su mandato presidencial, Cavaco, no podía disolver nuevamente el parlamento, y ahora Costa contaba con el apoyo de los partidos a su izquierda, tanto de la coalición entre comunistas y ecologistas del PCP-PEV, como del Bloco de Esquerda, que se había convertido, por primera vez, en la tercera fuerza de la asamblea. Es justo aquí cuando nace la famosa geringonça, el pacto entre las izquierdas bautizado de forma despectiva por Paulo Portas, en su discurso como vice-primer ministro saliente y que se podría traducir por ‘artilugio’ en sentido peyorativo.

Manifestación contra la troika y las políticas neoliberales.

A pesar de ser reconocidas las bondades del pacto, o más bien de los pactos puesto que fueron tres acuerdos, uno con cada uno de los partidos de izquierdas, las elecciones legislativas de 2019 reforzaron al PS y no a los partidos de izquierda. A partir de esas elecciones, entran en juego nuevos actores, se refuerza un nuevo partido ambientalista y animalista, el PAN, que ya había entrado en 2015 con un diputado y ahora consigue cuatro, y, por la mínima entran dos nuevos partidos de derecha, la Iniciativa Liberal (IL) y la extrema derecha del Chega, que literalmente significa ‘llega’ en el sentido de ‘es suficiente’ o ‘basta ya’. El pasado domingo, estos dos pequeños partidos, han sido también los otros dos vencedores de las elecciones multiplicando sustancialmente sus actas y pasando a ser la tercera fuerza política, el Chega, y la cuarta la IL, superando ampliamente a la izquierda. Todavía pequeñas, su arrastre mediático pueden convertirlas en protagonistas de esta nueva legislatura y, quién sabe, si no lo serán también en la renovación de la derecha portuguesa, en los próximos años.

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