Los abusos de la banca tienen culpables con nombres y apellidos (Spoiler: no somos los trabajadores)

Pedro de Silva, escribía hace poco sobre la deshumanización de la banca, sin nombrar ni a Manuel Menéndez ni la privatización de Cajastur.

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Marco Antuña
Marco Antuña
Es trabajador de banca y sindicalista de la CSI en Liberbank.

Gracias a la campaña “Soy mayor, pero no idiota”, se ha abierto un debate público acerca de la sangrante actuación de los bancos respecto a sus clientes, más clamorosa aun cuando se trata de personas de edad avanzada, a las que se les cierran las oficinas cercanas en pueblos y barrios, se les limita el horario de atención en caja y se les pretende obligar a utilizar herramientas pensadas para otras generaciones, como la banca a distancia y que, en todo caso, deberían ser canales optativos para quienes prefieran su utilización a la atención personal en las oficinas y no obligatorios para todo el mundo.

Tanto esta necesaria y legítima reivindicación acerca de la atención a los clientes de más edad, como en su momento, las protestas contra la estafa de las preferentes, los desahucios, la privatización de las cajas de ahorros, el rescate de los bancos con dinero público y los ERES y despidos efectuados en el sector vienen a poner de manifiesto las tramposas reglas del juego que rigen la relación de la banca con sus clientes y trabajadores y con la sociedad en la que desarrolla su negocio: beneficios siempre privados y pérdidas siempre públicas que se conjugan con un intencionado deterioro del servicio presencial y con una constante y desquiciante presión a los trabajadores para que cumplan, a como dé lugar, los objetivos de venta de productos y servicios fijados unilateralmente por la alta dirección de los bancos.

Protesta contra el cierre de una oficina de cajastur en Xixón.

El éxito de esta campaña ha obligado a los poderes políticos y económicos a hacerse eco de ella y (veremos en qué queda todo) a comprometerse a abordar una situación intolerable que debe ser resuelta poniendo por delante los derechos de los clientes, los más humildes, sobre todo, frente a la avaricia desenfrenada de quienes dirigen los bancos.

Hablamos de quienes dirigen los bancos porque, curiosamente, en la oleada de artículos, columnas de prensa y reportajes varios que, en los últimos tiempos, se refieren a los atropellos de la banca, nunca se denuncia, con nombre y apellidos, a los responsables de estas políticas inhumanas.

Muy al contrario, cuando en un medio de comunicación se entrevista a algún encumbrado banquero, produce vergüenza ajena contemplar el grado de servilismo al que se puede llegar cuando el periodismo se convierte en publicidad y cuando, más que entrevistas, se publican publirreportajes a tanto el elogio.

Trabajadores infatigables, personas de una vasta cultura, de una sensibilidad intelectual y artística muy por encima de la media, modestas a pesar de sus muchos méritos, comprometidas con la sociedad y de manera especial con las capas más humildes de ella, preocupadas por el medio ambiente y el futuro del planeta, austeras en sus inmensos chaletones y con sus desorbitados salarios y planes de pensiones, así son los banqueros y banqueras de nuestro país si creemos lo que los grandes medios, que en esas laudatorias entrevistas no se acuerdan de preguntar por la cara oscura del negocio bancario, dicen de ellos.

“Al parecer, los trabajadores de banca hemos hecho un pacto con el diablo para disfrutar maltratando a nuestros clientes”

Una vez descartados y absueltos por los medios los banqueros, es obvio que sólo puede haber unos culpables de los abusos de la banca: los trabajadores.

Al parecer, los trabajadores de banca nos hemos autoextirpado cualquier atisbo de empatía y hemos hecho un pacto con el diablo para disfrutar maltratando a nuestros clientes, cuanto más mayores, mejor.

Al parecer, los trabajadores de banca no tenemos ni padres, ni abuelos, ni parientes o amigos en situaciones difíciles, por lo que se entiende nuestra falta de humanidad con estos colectivos.

Al parecer los trabajadores de banca somos seres venidos directamente del inframundo, egoístas e insolidarios, despreocupados por lo que sucede a nuestro alrededor, al contrario que los banqueros y banqueras, los políticos que redactan leyes a la medida de sus intereses (y de eso en Asturias, sabemos bastante), los directivos del Banco de España que se ocupan de recetar permanentes bajadas de salarios para los trabajadores pero de este tema no saben/no contestan y los medios de comunicación que denuncian los abusos de la banca de forma genérica, como si fuera el agujero de la capa de ozono, sin responsables conocidos (por aquello de que señalar, sobre todo a los poderosos, está muy feo y es, además, muy poco rentable)

Al parecer, los trabajadores de banca somos quienes decidimos cerrar oficinas en pueblos y barrios, limitar el horario de atención personal en caja, recortar empleo, privatizar las cajas, emitir obligaciones preferentes o deuda subordinada, cobrar comisiones abusivas y llevar a cabo todas las malas prácticas de los bancos.

Una curiosa teoría que, como tantas en estos tiempos, alimenta los más bajos instintos de los afortunadamente pocos (pero muy molestos) personajes que enarbolando esa patética bandera de “el cliente siempre tiene la razón” pretenden sublimar sus obvias y justificadas frustraciones personales volcándolas sobre quienes trabajamos en las oficinas bancarias, como hacen en el resto de los sectores de atención al público.

Pero no será en Asturias precisamente donde puedan reprocharnos a los trabajadores una actitud insolidaria, egoísta o cómplice de esos abusos cometidos por los bancos.

Huelga en Unicaja. Foto: Iván G. Fernández

Concretamente, y ya puestos a señalar, somos los trabajadores de la Caja de Ahorros de Asturias quienes venimos denunciando públicamente estos abusos, ligados en nuestro caso, al proceso de privatización/liquidación de la ya extinta Cajastur y la conversión de lo más parecido a una banca pública que teníamos en nuestra tierra en un engendro financiero (Liberbank, también extinto en la actualidad) al servicio de los fondos buitres con residencia en paraísos fiscales, de las familias de la oligarquía asturiana como los Masaveu y, sobre todo, de los Caballos de Troya de la privatización que José Ángel Fernández Villa (ese sindicalista corrupto del que usted me habla) colocó en las direcciones de Cajastur e Hidrocantábrico para que llevaran a cabo el sucio, pero muy bien retribuido, trabajo de ponerlas en manos privadas.

Y, para más inri, señalamos a dichos Caballos de Troya de la privatización con nombre y apellido: Manuel Menéndez y Felipe Fernández, entre otros.

No nos salió gratis esta osadía de decir la verdad.

Pero, entonces, al igual que ahora, consideramos que hablar de los abusos de la banca así en general, sin que nadie resulte responsable de ellos resulta una hipocresía intolerable.

Con decir que, hasta Pedro de Silva, expresidente del Principado devenido en dizqueliterato, escribía hace poco sobre la deshumanización de la banca, sin nombrar siquiera lo que pasa a ese respecto en Asturias, nos ahorramos ahondar más en el grado de ligereza y desfachatez con al que se habla de un problema tan grave.

Y ahora, al igual que entonces, también consideramos que los clientes y los trabajadores de los bancos estamos en la misma trinchera en esta pelea contra los abusos de los banqueros. Lo estuvimos, por ejemplo (una de tantos), en septiembre de 2016 cuando participamos conjuntamente con los clientes de La Algodonera de Gijón en la protesta contra el cierre de dicha oficina.

El texto de la reclamación de los clientes que se entregaron a la dirección de Liberbank decían textualmente:

“Dicho cierre supone una pérdida de servicio para los clientes y también una reducción de trabajadores. Muchos clientes tienen cierta edad y no saben usar las nuevas tecnologías, no se acostumbran a los cajeros automáticos y tienen dificultades para desplazarse a otras oficinas”

Hoja de reclamación.

Del año 2016 hasta ahora ha llovido mucho y han pasado muchas cosas, muy malas en su mayoría para la gente humilde, pero lo esencial sigue siendo válido entonces y ahora: los responsables de los abusos de la banca son los banqueros, no los bancarios. Los cómplices directos de dichos abusos son quienes desde los distintos gobiernos han permitido a estos personajes, a quienes tantos favores deben y a quienes tanta obediencia profesan, campar a sus anchas.

Esperemos que, esta vez y que sirva de precedente, no les quede más remedio que poner coto a las prácticas inmorales a las que nos tienen acostumbrados. En esta pelea, como en las otras, los trabajadores de banca estamos del lado de nuestros clientes, porque sabemos mejor que nadie que no hay derecho a lo que están haciendo con ellos, y también seguiremos reivindicando nuestra dignidad profesional y personal, permanentemente agredida por las políticas despóticas de esos banqueros que, por mucho que a algunos les interese callarlo, tienen nombres y apellidos y así deben ser señalados.

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2 COMENTARIOS

  1. Los medios de comunicación, han sido cómplices de estos desmanes y abusos, nunca se habían hecho eco de ese malestar. Hasta q un jubilado les tomado la delantera y ahora sí, ahora quieren ponerse la medalla medalla. El problema hace mucho tiempo q existe.

  2. Claro, sois unos sufridos y también en su mayoría arrastrados al patrón en busca de medallas. Hay mucho miserable en la banca, hablo de los bancarios, empleadillos con ínfulas de jefe y por eso matáis.

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