“Mantener un negocio tras 8 años en un pueblo de 200 personas es un superpremio”

Jhonatan González Ovalle es el fundador de la Pastelería Cabo Busto, en el concejo de Valdés, el exitoso negocio familiar en el que lleva trabajando casi una década.

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

Empecé haciendo magdalenas”. Así comienza a contarnos su historia Jhonatan González Ovalle, fundador de la Pastelería Cabo Busto, en el concejo de Valdés. Tras cursar los estudios de Pastelería, primero, y de Cocina, después, pasó un tiempo en hostelería, pero rápidamente cambió los chigres por el obrador. Después de unos años, Jhonatan se cansó: “decidí romper con todo y volver a Busto, mi pueblo natal. Necesitaba un cambio”.

La Pastelería Cabo Busto está ubicada en el concejo de Valdés. Foto: David Aguilar Sánchez

El regreso a casa fue el inicio de todo. Además, literalmente. A su tío, que era panadero, se le ocurrió una idea: “¿por qué no haces unas magdalenas y, de la que reparto el pan, se las ofrezco a las paisanas del pueblo?”. De este modo, Jhonatan, que empezó haciendo dichas magdalenas en su propia casa, fue ganando popularidad entre sus vecinos. “Cuando empecé a hacer las tartas por encargo, gustaron mucho, y ahí abrimos la pastelería”.

Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. “Incluso a día de hoy tengo momentos de agobio”, añade Jhonatan, quien afronta una nueva paternidad junto a su mujer, María Athanasiadou, griega de origen y valdesana de actualidad. Ella, junto con Francisco (hermano de Jhonatan), María Joaquina Ovalle (madre) y Yorgos (suegro), además del apoyo de otros familiares, conformaron el primer equipo de trabajo que levantó de la nada una Pastelería cuyo obrador se encuentra, desde sus inicios, en la misma casa de su abuela. Una empresa familiar, en el sentido más exacto de la palabra, que cuenta con casi una década a sus espaldas y con una plantilla de 12 trabajadores que mantiene durante todo el año: “no tenemos premios al mejor bombón ni ningún campeonato, pero mantener un negocio tras 8 años en un pueblo de 200 personas y pico es un superpremio”.

“Todo el mundo tiene paladar y sabe diferenciar cuándo una milhoja está bien o no”

El trayecto ha sido espectacular, hasta el punto de que la revista Dulcypas, referente en España para los profesionales de la pastelería, confitería, panadería e industrias afines, incluyó la Pastelería Cabo Busto en la lista de lugares especiales recomendados a nivel internacional. Esto, sin embargo, no es una excepción, dado que ya han impartido varias masterclass y charlas en diversos lugares. Recientemente, Jhonatan y sus compañeros compartieron sus experiencias y trayectoria con el alumnado del ciclo formativo de Química Industrial en la Universidad Laboral de Gijón, en el módulo de ‘Empresa e Iniciativa Emprendedora’. Además de estos asuntos, pudieron compartir sus éxitos, pero también por las dificultades que conlleva aventurarse en una empresa como la suya.

Surtido de los mejores pasteles de Jhonatan González Ovalle. Foto: David Aguilar Sánchez

Al preguntarle por las claves de su éxito, Jhonatan lo tiene claro: “la calidad”. Según el pastelero, a lo largo de su trayectoria, tanto él como sus compañeros siempre han seguido ese mismo principio: “clásico o moderno, lo importante era hacerlo siempre con la máxima calidad posible”. Jhonatan conoce bien a sus clientes, y prefiere no subestimarlos. Como él mismo dice, “todo el mundo tiene paladar y sabe diferenciar cuándo una milhoja está bien o no”.

“Instagram es la cara de nuestra pastelería”

Las redes sociales, concretamente Instagram, han sido fundamentales en el éxito de la pastelería. Para Jhonatan, “las redes sociales son un trabajo más”, dado que las imágenes juegan un papel muy importante. Sobre todo, en época de pandemia. Como medida sanitaria, decidieron retirar las vitrinas del interior de la tienda, donde tenían expuestos los pasteles y las tartas… Y las trasladaron a Instagram. Según explica Jhonatan, durante el confinamiento empezaron a trabajar por surtidos, de manera que la red social les servía como “vitrina virtual” en la que mostrar las diferentes variedades pasteleras y elegir, posteriormente, el surtido que quisieran. “Instagram es la cara de nuestra pastelería”.

Los clientes viajan desde diferentes lugares para degustar los pasteles de Cabo Busto. Foto: David Aguilar Sánchez

Al igual que tantos y tantos negocios, la pandemia no pasó en balde a la Pastelería Cabo Busto. Tras varias semanas de confinamiento, Jhonatan se desmotivó y dejó de innovar en sus recetas. ¿Para qué inventar si todo está cerrado? “Fue María, mi mujer, que tiene mucho carácter, quien me levantó el ánimo y volví a funcionar”. La pastelería logró superar las enormes dificultades que se les presentaron, reinventándose. Así, lograron contactar con diversas tiendas gourmet de Gijón, Oviedo, Avilés y otras ciudades: “intentamos vender una línea de productos que pudieran aguantar la congelación para poder transportarlos”. Gracias a ello, aún hoy mantienen algunos de esos contactos, y han ampliado a otros, como Rubín o Gorfolí en Avilés, o el Don Foodie en Oviedo.

La casa de la abuela de Jhonatan sirvió de origen de la pastelería. Foto: David Aguilar Sánchez

En tiempos de pandemia, Jhonatan y su familia no han bajado la guardia, sino todo lo contrario: recientemente, han patentado un nuevo producto, la Tarta Asturias, con la que pretenden llevar la esencia asturiana más allá de las fronteras del Principado: “es el producto del que más orgulloso me siento”. En palabras de Jhonatan, con esta tarta “queríamos hacer un producto que, al abrir la caja, te viniese el aroma de Asturias, de la avellana tostada, de la sidra…”. El concepto detrás de esta tarta es, en palabras del pastelero, “que la gente se lleve la tarta donde sea, fuera de España incluso, y se sienta un poco más cerca de Asturias, de casa”.  

Entre los proyectos más inmediatos, Jhonatan destaca un chiringuito que montarán al lado del obrador. El fin es hacer una pastelería “de comer al momento”, como él lo define. La idea es que, durante el verano, “mientras el cliente recoge uno de nuestros cafés fríos infusionados con leche y vainilla, o uno de nuestros batidos de frambuesas naturales, puede también llevarse un donut casero, por ejemplo”. Queda claro que, con toda seguridad, Jhonatan y su familia seguirán endulzando en el futuro los paladares de quienes se acerquen al pequeño pueblo de Cabo Busto.

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