El eonaviego es lingüísticamente gallego, y políticamente lo que quieran sus hablantes

Precisando más: el gallego-asturiano es gallegoportugués de transición al asturleonés, o, dicho de otra manera, gallego de transición al asturiano.

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Ramón d´Andrés
Ramón d´Andrés
Profesor de filología de la Universidad de Oviedo/Uviéu y miembro de la Academia de la Llingua Asturiana.

Cuando se toca un asunto que atañe a las lenguas, es preciso aclarar, desde un principio, si lo vamos a hacer desde un punto de vista estrictamente lingüístico o bien desde un punto de vista sociopolítico. Permítanme que aquí trate brevemente el tema del gallego-asturiano desde una óptica estrictamente lingüística (o glotológica, de acuerdo con cierta costumbre terminológica que tenemos en el grupo de investigación universitaria al que pertenezco). [No obstante, si desean conocer mi opinión en toda su amplitud y detalle, pueden visitar mi blog «El Miradoriu», donde me extiendo en este tema en el artículo titulado «El gallego-asturianu, la llingüística y lo que nun ye llingüística»]

El gallego-asturiano, eonaviego o gallego de Asturias es el conjunto de hablas de la franja más occidental de Asturias, entre los ríos Eo y Navia, que se adscriben al dominio lingüístico gallegoportugués. Expresado en palabras técnicas, un dominio lingüístico es el territorio que corresponde a un geotipo de un determinado rango clasificatorio; dicho con palabras comunes, es el territorio que corresponde a una lengua. (El gallegoportugués es el dominio lingüístico más occidental de la península Ibérica; se distinguen dentro de él el gallego y el portugués, cuya diferenciación histórica es tal que también permite considerarlos por separado como lenguas distintas).

Ría del Eo. Foto: Turismo de Castropol.

La adscripción del gallego-asturiano al dominio gallegoportugués es un hecho bastante bien establecido dentro de la lingüística románica e hispánica. Los que primeron estudiaron la realidad lingüística de Asturias con un enfoque científico, el sueco Åke Wilhelmsson Munthe (1887) y el astur-gallego Ramón Menéndez Pidal (1906), ya diferenciaron el asturiano del gallego de Asturias. A lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI se ha ido conociendo más detalles sobre este conjunto de hablas, lo cual ha contribuido a afianzar su clasificación dentro del dominio gallegoportugués.

Desde el año 2000 hasta 2017, un equipo de investigación de la Universidad de Oviedo realizamos una amplia encuestación lingüística por el Eo-Navia y aledaños, buscando la distribución geográfica de 368 rasgos diferenciales por medio de 531 preguntas, algo que nunca se había hecho. Este estudio, financiado por nuestra Universidad, por el Gobierno de Asturias y por el Gobierno de España, fue publicado en 2017 como atlas lingüístico, con el título de Estudiu de la Transición Llingüística na Zona Eo-Navia, Asturies (ETLEN), del que somos autores Fernando Álvarez-Balbuena, Xosé Miguel Suárez, Miguel R. Monteavaro y el que esto firma. Además del enorme caudal de información dialectológica que contiene, en sus 1088 páginas aplicamos ―por primera vez en un estudio de este tipo― dos métodos de naturaleza estadística: la dialectometría y la horiometría. Esta segunda fue diseñada por nuestro equipo y tiene como objetivo medir fronteras lingüísticas, en este caso la del gallegoportugués y asturleonés en el extremo occidental de Asturias.

“el gallego-asturiano es gallegoportugués de transición al asturleonés”

Los resultados estadísticos del atlas ETLEN vienen a confirmar, con mucha más precisión, lo que ya era bien conocido en la lingüística románica e hispánica: que ―con ligeras variaciones que no alteran la visión de conjunto― las hablas del Eo-Navia se adscriben al gallegoportugués. Precisando más: el gallego-asturiano es gallegoportugués de transición al asturleonés, o, dicho de otra manera, gallego de transición al asturiano. Es decir: es un tipo de gallego que va mostrando, según se avanza de oeste a este, una visible y progresiva presencia de rasgos de tipo asturiano, pero en una proporción que no iguala ni supera el número de rasgos de tipo gallego. Las mediciones realizadas en el proyecto ETLEN así lo vienen a corroborar, a falta de que otras investigaciones vengan, acaso, a corregir estas conclusiones. No se olvide que la ciencia trabaja siempre con verdades provisionales.

Pancarta por la oficialidad del gallego-asturiano. Foto: Iván G. Fernández.

Pero, obviamente, el tema del gallego-asturiano no se agota en su dimensión estrictamente lingüística. De hecho, el debate público sobre el gallego-asturiano es, lógicamente, de índole cultural y sociopolítica, en aspectos que afectan a los hablantes como ciudadanos. En este terreno, es evidente que la lingüística, en cuanto disciplina científica, poco tiene que decir salvo conseguir que sus resultados sean conocidos públicamente; pues las realidades de tipo sociopolítico juegan en otro campo. En efecto, las opiniones y decisiones relativas a sociología y política lingüísticas dependen enteramente de la voluntad de los hablantes y de la gestión de sus representantes políticos.

Me refiero, por supuesto, a cuestiones relacionadas con el glotónimo (gallego-asturiano, eonaviego, gallego de Asturias y otras), con la ortografía (ortografía gallega, de tipo «galleguizante» o eonaviega de tipo «asturianizante»), identidad lingüística o identidad política. Todas estas cuestiones carecen de naturaleza glotológica, por lo que la elección entre las diversas opciones teóricas es asunto que compete a los ciudadanos hablantes y sus representantes políticos. Se supone, sin duda, que las decisiones en ese terreno estarán dirigidas a evitar el retroceso del gallego-asturiano en su uso natural y a habilitarlo para todo tipo de usos sociales, con la cobertura jurídico-legal de un estatus de cooficialidad.

Real Academia Galega. Foto: Wilkipedia.

El glotónimo o nombre que se da a una lengua o un dialecto es, en casi todos los casos, un asunto tangencial a la lingüística, a pesar de que parezca otra cosa. En el caso que nos ocupa, el glotónimo gallego-asturiano fue acuñado por Manuel Murguía en 1865 y promovido por Dámaso Alonso desde 1943 para referirse a una forma dialectal del gallego. Es el nombre que aparece en la Ley de Uso y Promoción del Bable/Asturiano y en todo tipo de textos legales y normativos; es el nombre promovido años y paños por la Academia de la Llingua. Existen otros nombres: gallego (o gallego de Asturias), que goza de no poco uso en la zona; eonaviego, acuñado por Xavier Frías Conde (1999) y que parece haber logrado un éxito notorio; y otras denominaciones. En mi opinión, todos estos nombres tienen justificación y pueden usarse sin problema; yo, por ejemplo, suelo usar con preferencia gallego-asturiano, pero también uso los otros dos. Sin embargo, no alcanzo a entender ―y esto es una apreciación personal― de dónde sale ese agobio con que la Academia de la Llingua, el Gobierno de Asturias y algunos sectores del Eo-Navia se lanzan a excluir la etiqueta gallego-asturiano para consagrar eonaviego como único nombre válido y oficial, apoyándose incluso en una extraña aparición de este glotónimo en los resultados de una encuesta reciente. He leído varios documentos favorables a ese cambio, y la conclusión que saco es que asocian el elemento «gallego-» a algo molesto, antipático o inconveniente. Curioso, viniendo de ámbitos progresistas.

Por otro lado, no hay que olvidar que las Academias son entidades primordialmente políticas, y por ello con una jurisdicción territorial concreta. Es natural el interés que una Academia tenga por la lengua que defiende y promueve más allá de sus fronteras jurisdiccionales, pero ese interés, si rebasa lo estrictamente glotológico para entrar en consideraciones de política lingüística, corre el peligro de ser visto como una intromisión. Eso es lo que le ha pasado a la Real Academia Galega; no es que pedir la oficialidad del asturiano y del gallego eonaviego sea una perversidad, pero sí puede contemplarse como una intromisión entrar en competencias políticas que son exclusivas del Principado de Asturias.

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