Felipe González

Acaba de cumplir 80 años. La entrevista de Évole se celebra sentados en dos sofás de un despacho sin tiempo ni lugar, como si periodista y mandatario se hallaran en un templo gravitando en otra galaxia.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Acaba de cumplir 80 años. Felipe González aún conserva el aura de un dios Buda. La entrevista de Évole se celebra sentados en dos sofás de un despacho sin tiempo ni lugar, como si periodista y mandatario se hallaran en un templo gravitando en otra galaxia. La paz que se respira es la misma que la de un monje tibetano cuidando de su jardín, ausente y presente, conectado a los astros y los átomos. El sonido, la luz, el montaje, todo tiende a lo sobrehumano. Se respira un aire zen, cierta serenidad de quien sabe que la historia está a sus espaldas y la muerte más cerca, ante quien lo ha visto todo y ya no se inmuta de nada, como si el destino le reconociese la oportunidad de no jugar a los dados y le otorga el privilegio de dejar que pase la vida. 

Évole se acerca a Felipe González porque su Fundación ha publicado las “notas de actualidad” que el presidente ha ido escribiendo desde que tomara el poder en la década de los 80. ‘El poder en invierno’ podría ser otro título a esta entrevista pausada, reflexiva, en la que afirma sentirse viejo, pero activo y ha irrumpido Putin como una extrañeza, un fantasma, a pocos días de la invasión de Ucrania. FP domina el lenguaje y entiende todos sus recovecos. Dice que no es lo mismo una Ucrania neutral que neutralizada, que el autócrata tiene capacidad totalitaria y que busca neutralizar el país. “Puede ser el hecho más relevante de la historia de Europa desde la caída del muro de Berlín”. Enseguida emerge el presidente analista capaz de distinguir la reflexión política guiada por una razón, de la reflexión poética impulsada por su propia subjetividad. Con la primera su rostro se tensa y se pone en guardia, como un espadachín, y en la segunda su rostro sonríe dejando entrever las arrugas de la historia.

Investidura de Felipe González, en el Congreso de los Diputados. Foto: Twitter

Después de 80 años, descubrimos al Presidente escritor. Tiene pulso, intensidad y domina el idioma de los sentimientos con insospechada exactitud. Felipe González ha convertido la política en un arar constante de la tierra y en esas notas se comprende al hombre rural que trabaja el campo de Doñana, el tipo doméstico que cuida de la casa y el estadista que se reúne con Fidel Castro y deja constancia de una dura y arriscada amistad que la discrepancia ideológica fue minando lentamente. Esas notas de actualidad merecen un libro porque en ellas, sí, se contiene una manera de entender y de ejercer el poder que tan pronto abrirán la puerta siniestra de las decisiones negligentes y equivocadas como dejarán entrever la épica ilusionante y decepcionante de quien transformó la vida de los españoles.

“Felipe González ha convertido la política en un arar constante de la tierra y en esas notas se comprende al hombre rural que trabaja el campo de Doñana”

Évole no consigue grandes titulares ni una sola noticia de interés, pero nos descubre al político de pluma certera que escribía los discursos del rey Emérito, algo habitual en la Casa Real y en esta monarquía, restándole importancia, ofreciendo la ligereza del poder que es la del monstruo que no se reconoce a sí mismo. También nos descubre al padre que por primera vez reunirá a sus tres hijos en un almuerzo. Convierte lo extraordinario en cotidiano. Todo lo que dice siempre está embarnecido por una falsa modernidad y va dejando el rastro de las huellas de Sísifo. A diferencia del jornalero que planta y recoge el fruto del campo, la suya siempre es una tarea incompleta. “La política es una obra inhumana, porque siempre es una obra inacabada”. Quizá la obra de FP sean estas notas reunidas, publicadas, que descubren al dietarista antes que al gobernante, o siempre fueron las dos cosas, el poder entendido como un género literario, esperando la posteridad, sea eso lo que sea.

Actualidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí