¿En qué consisten la excepción ibérica y la brújula estratégica?

Sánchez y Costa podrán tomar medidas excepcionales frente a la crisis, pero en el marco de una UE cada vez más suboordinada a los intereses económicos y geopolíticos de los EEUU.

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Adrián Arias
Adrián Arias
Adrián Arias (Xixón, 1988). Abogado. Activista vecinal. Ha sido Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales en Xixón (2016-2020) y en la actualidad es asesor de la Delegación de IU-GUE/NGL en el Parlamento Europeo.

En los últimos días tanto el Consejo como la Comisión Europea han tomado decisiones que van a tener importantes consecuencias para nuestras vidas. La primera y quizás la más relevante para España es la que hoy reflejan los medios de nuestro país como: “la excepción ibérica”. Aunque las conclusiones literales del Consejo Europeo no lo digan de facto, la Comisión reconoce a España y Portugal un tratamiento específico. La victoria de Sánchez y por extensión del gobierno de España resulta evidente.

¿En qué consiste la excepción ibérica? Pues por ahora la posibilidad de tomar medidas excepcionales, acotadas en el tiempo, que tendrán que ser revisadas y aprobadas por la Comisión Europea. La primera batalla la ganan los socialistas Sánchez y Costa. El presidente portugués fue más concreto en la rueda de prensa conjunta (todo un mensaje de unidad y de colaboración ibérica) que dieron después de las diez horas de reunión del Consejo. Habló Antonio Costa de “bajadas del IVA e intervenir el precio del gas para evitar la subida del precio de la electricidad”. Sánchez se reserva al lunes el anuncio de las medidas que aprobará en el Consejo de ministros del martes. La épica de Bruselas tiene que rentabilizarse en España. Pero ojo, la victoria puede ser pírrica si el gobierno de coalición no acierta con las medidas excepcionales.

“Fijar un precio máximo al gas de 180€ por megavatio/hora es nadar para ahogarse en la orilla”

La “trampa” de una bajada de impuestos coyuntural puede ser muy tentadora. Fijar un precio máximo al gas de 180€ por megavatio/hora es nadar para ahogarse en la orilla. Ese precio seguirá “contaminando” el mercado marginalista y finalmente el precio de la electricidad en la industria y los hogares. La UE le ha dado a España y Portugal la oportunidad de ir más allá y no debería desaprovecharse ese “matchball”. El gas debería fijarse en unos 50€ el megavatio/hora si no se puede desacoplar totalmente, de manera coyuntural podrían “tocarse” los impuestos domésticos a la vez que acuerdas una contribución o impuesto especial de las eléctricas y, por último, podría intervenirse el precio final de la luz. Aunque la pieza mayor sigue siendo el gran olvidado de esta cumbre europea: el sacrosanto mercado marginalista.

Pedro Sánchez y Antonio Costa. Foto: Twitter antonio Costa.

Estos días también nos dejan dos conceptos importantes: el de “isla energética” y el de la “brújula estratégica”. Ambos estrechamente relacionados. El primero ha sido una de las principales motivaciones por las que España y Portugal han logrado su “excepción”. La península ibérica no tiene apenas interconexiones con el resto de Europa. Esto hace que nuestra dependencia del gas ruso sea mínima, pero por la estructura injusta del mercado marginalista provoca que nos veamos muy afectados por la subida del precio del gas. Hace también que el intercambio con la red europea o internacional sea muy limitado, lo que convierte a Iberia en una isla energética. Para salir de ese aislamiento las opciones de aumentar las interconexiones parecen a corto plazo costosas y difíciles (véase MidCat). Y esto resucita debates como las regasificadoras (por ejemplo la de Xixón) o la necesidad de aumentar las reservas y consumo de gas natural licuado que está provocando importantes movimientos como el de la brújula.

La “brújula estratégica” se supone que es un ambicioso plan de acción para reforzar la defensa y seguridad de la UE ante el regreso de la guerra en Eurasia. Es transitar del soft power que venía guiando la estrategia diplomática europea en las ultimas décadas basado en la cooperación hacia el hard power. En palabras del vicepresidente y comisario de exteriores de la UE, Josep Borrell, “el nacimiento de la Europa geopolítica”. La realidad es que toda esa parafernalia se explica mejor con la presencia de Joe Biden en Bruselas para una cumbre extraordinaria de la OTAN y su participación en el Consejo Europeo. La “brújula” supone una UE más dependiente de Estados Unidos, una subordinación aún mayor a las estrategias de la OTAN y el aumento de la escalada en los ataques a China o Rusia. Hace de la Unión Europea un actor subordinado (más aún) a la agenda de Washington tras el impasse de la presidencia de Trump y acaba con la esperanza de una política exterior europea propia.

En España esto supone un gran reto para el gobierno de coalición. Tanto Yolanda Díaz, como Izquierda Unida y Podemos se han opuesto a un aumento del presupuesto de Defensa en los términos que llegan desde Bruselas. La cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid en junio será una momento álgido en las pulsiones militaristas de los “aliados”.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con el precio de la electricidad o del gas? Como buen presidente de los EEUU, Biden no sólo ha venido estos días a Bruselas a asegurarse el cambio de rumbo en el terreno de la política, sino también en el de los negocios y por extensión el de la dependencia europea de los EEUU. Se vuelve el “líder del mundo libre” con un megacontrato con la UE para suministrar millones de metros cúbicos de gas licuado, procedente del fracking y por lo tanto más agresivo para el medio ambiente, que sustituya la dependencia del gas ruso.

La guerra nos devolvía al “Espíritu del 14”, la crisis al “Espíritu del 29” y estos días nos devuelven al de “Bienvenido Mr Marshall”.

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