León Benavente conjura la nostalgia en la Laboral

La banda logró que el concierto adquiriera un sentido telúrico, demoníaco, capaz de levantar al público de sus butacas desde el primer tema.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Las canciones son como los seres vivos. Nacen, crecen, se reproducen y mueren en el olvido. En cada proceso, como la propia especie humana, las mejores sobreviven, adquieren propiedades adaptativas, nuevas sonoridades, otras texturas y se pierden por vericuetos que las hacen ser más resistentes o más feroces, en la jungla de las canciones. Siguiendo los preceptos de Darwing, hay canciones de amor radioactivo, proclamaciones de identidad erótica, estatutos de la autoflagelación, panegíricos de la derrota, epitafios eléctricos , letanías tóxicas y adictivas, relatos criminales, poemas telúricos, abecedarios y anatomías. Basta que una melodía hilvane tres acordes entre los sílabas de un verso, para que permanezcan indelebles en el tiempo, iguales y diferentes, fieles a su origen o mutantes.

León Benavente lo sabe. La banda ha compuesto ERA, su cuarto disco publicado en enero, un Lp que conserva cierta vocación del género humano por viajar hacia el futuro con los ojos puestos en el espejo retrovisor, conjurando la nostalgia, el tiempo pasado, y poniendo en escena un espectáculo muy estudiado visualmente que convierte casi en ritual dionisíaco la combustión del rock electrónico, el indie-pop y la poesía como herramientas estructurantes de eso que hemos venido en llamar la condición humana.

Abraham Boba y Luis Rodríguez. Foto de Carolina Santos

Abraham Boba y su banda celebraron en el teatro de La Laboral de Gijón su regreso a Asturias tras la presentación que hicieron de ERA en el teatro Armando Palacio Valdés de Avilés, hace unos meses. El repertorio de León Benavente no admite muchas improvisaciones, pero cada canción es una nueva sorpresa, evoluciona, crece, aumenta en intensidad, elegancia y violencia. Una escucha nos permite descubrir un trabajo muy reflexivo, casi existencial. Y en escena, una orgía de sonidos acelerada. Con una escenografía sobria y una coreografía de luces imantada a cada canción y a cada registro dramático, siniestro o macabro, la banda logró que el concierto adquiriera un sentido telúrico, demoníaco, capaz de levantar al público de sus butacas desde que sonara el primer tema, Líbrame del mal, una canción que rinde homenaje al desaparecido músico y poeta Rafael Berrio.

En el teatro se saltó de los asientos con Di no a la nostalgia, Persona, Como flota la pierda, Amo, La gran muralla, Ayer salí, La canción del daño, La ribera, Canciones para no dormir, Tipo D, Gloria, Viejos Rockeros Viejos, Ser Brigada y se llevaron a extremos desafiantes y embriagadores tres grandes canciones: Niño Futuro, Mítico y Te comes mi corazón.

Rafael Berrio ya estaba instalado en el discurso poético de Abraham Boba mucho tiempo antes pero su fallecimiento propició que León Benavente lograra transmitir con una nueva versión toda la potencia de Niño Futuro, una de las canciones más hermosas de Berrio, llevándola a un territorio que, sin demasiadas, variaciones, encajaba con total naturalidad en el estilo veterotestamentario de David Cobas: sin estridencias. La banda decidió incorporarla al repertorio de esta gira tras su último concierto en Bilbao y podría decirse que el tema ha crecido, se ha hecho más imponente, más salvaje, como un exordio dividido en tres actos que otorga a la canción un sentido más dramático del que ya tenía. Fue, sin lugar a dudas, uno de los momentos más intensos de la noche, con Boba declamando cada palabra convertido en un profeta vestido de terciopelo rojo que escupiera letanías por su boca.

Eduardo Baos, Abraham Boba, Luis Rodríguez y Cesar Verdú en el escenario de La Laboral. Foto de Carolina Santos

La misma sensación dramática se volvió a sentir con Mítico, otra canción llamada a ocupar un lugar importante en la jerarquía del grupo, en la que se alternan la voz melódica de Cobas con otra completamente distorsionada, ofreciendo una oscura dramaturgia que nos entrega a un interprete disociado o dislocado, que se acerca y se aleja del fuego y de la soledad. Mítico es un exorcismo, una canción purificante, estremecedora y desesperada, que camina entre los bordes del dolor y la esquizofrenia. Por otra parte, Te doy mi corazón es otro temazo que te golpea en las sienes como si uno estuviera contemplando un rito salvaje, un amor salvaje y exterminador. Hay algo religioso, provocador y mundano que conduce a una perversa liberación.

La gira de León Benavente está resultando muy edificante. Sin llegar a ser un disco conceptual, se diría que también, a su manera, lo es, por el modo en el que trata de conjurar la nostalgia convertida en otro miedo más o transformándola en un concepto construido de pequeñas realidades que se diluyen en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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