Este no es otro artículo sobre la huelgona del 62

Una reivindicación desde el presente de la lucha de los mineros y mujeres antifranquistas.

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Pablo Tata Alcántara
Pablo Tata Alcántara
Es historiador. Como investigador se ha en centrado en la historia de la represión franquista.

Ahora que tengo tu atención con el título (copiando burdamente a Magritte) decirte que sí es una artículo sobre aquella primavera de luchas de 1962. Bueno, realmente, no del todo. En los últimos días, sobre todo en la prensa asturiana, han salido artículos, reportajes, entrevistas sobre todos aquellos hechos. En los últimos años se han realizado documentales, reportajes televisivos, libros, tanto individuales como colectivos, donde se ha analizado todo lo que ocurrió en aquellos meses. Son unos hechos que en Asturias son relativamente conocidos. Y cualquiera que quiero saber lo que pasó, tiene una amplia bibliografía y filmografía sobre la temática. Poco más se puede aportar, mas allá de más testimonios, nuevos puntos de vista. Pero poco más nuevo se va a descubrir que no se sepa ya.

¿Entonces por qué hablar de nuevo de la huelgona del 62? Además de porque es el 60 aniversario (las efemérides redondas siempre dan para grandes homenajes), también es necesario reivindicar aquellas luchas no como un ejercicio de historiografía o pura nostalgia, sino como un ejercicio del debate y luchas del presente, para un futuro mejor.

Grupo de trabajadores del Pozo Barredos de Duro Felguera. 1948. Foto: Memoria Digital de Asturias.

Hago un repaso muy rápido sobre todo aquello, para refrescar la memoria. El 6 de abril de 1962, tras el despido de ocho mineros del Pozo Nicolasa, sus compañeros se movilizan y son echados a la calle otros 25. A partir de ese momento, empieza un movimiento de solidaridad que se extiende por todas las cuencas mineras, por toda la región y por 28 zonas de todo el país entre los meses de abril y junio, participando en las luchas más de 200.000 trabajadores, 65.000 de ellos en Asturias. Las fuerzas de orden público, con la Guardia Civil y la Brigada Político Social a la cabeza, la emprenden contra los trabajadores, con toques de queda, detenciones, torturas, cárcel, destierros. Las mujeres juegan un papel fundamental en mantener el conflicto, realizando piquetes delante de las minas, tirando maíz a los esquiroles para que no entraran en señal de que eran unos “gallinas”. Gracias a esta movilización, los mineros conseguirán algo que ni antes ni después se volverá a repetir a lo largo de la dictadura franquista: que un ministro, José Solís (la sonrisa del régimen le llamaban) recibiera a una comisión de obreros que no eran representantes del Sindicato Vertical (el sindicato único franquista), que plantearon sus reivindicaciones y ganaron muchas de ellas. En una época en la que por hacer huelgas, organizarte en partidos políticos o sindicatos ilegales podías ser condenado a varios años de prisión.

 Grupo de mineros del pozo Nicolasa de HUNOSA. En Mieres, hacia el año 1962.

Pero en serio, no quiero recrearme en los hechos. Aquí paro. Hay mucha documentación, muchos textos sobre el tema en bibliotecas, librerías e internet. Yo mismo, he escrito dos libros, “La lucha contra el franquismo en Asturias” y “La Secreta de Franco”, donde hablo de todos estos sucesos y la represión que sufrieron mineros y mujeres antifranquista. Pero, de verdad, no quiero hablar más del pasado, sino del presente y del futuro. La Historia se refleja en el ahora.

Por eso, este texto es un homenaje y una reivindicación a la lucha de los obreros y obreras antifranquistas que en aquellas jornadas de la primavera de 1962, en un régimen que un año después aún fusilaría a un dirigente comunista (Julián Grimau) por “crímenes cometidos durante la Guerra Civil” , se atrevieron a dar el paso de luchar por mejorar sus condiciones de trabajo de vida y por libertades y derechos democráticos. Una lucha que se extendió nacional e internacionalmente. Que fue (y sigue siendo) un ejemplo para todos aquellos que querían un país más justo y mejor.

El ex minero Vicente Gutiérrez Solís, uno de los dirigentes de la huelgona. Foto: Pedro Timón

En muchas ocasiones, cuando se habla de la Memoria (sea Histórica o Democrática, me da igual) se suele hacer desde una perspectiva demasiado familiar, privada, tendiendo a lo lacrimógeno y sentimental, en plan “pobres víctimas del franquismo”. Frente a este relato, debemos alzar bien alto otra memoria, la memoria de los luchadores, de los resistentes, una memoria pública, política, que reivindique los valores de lucha, entrega y compromiso de aquellas personas que se enfrentaron a la dictadura. Una memoria activa de los resistentes, que nos ayude a comprender los problemas del presente y afrontarlos.

He tenido el privilegio, para mi tesis doctoral (“El águila gris: la policía política durante la dictadura franquista en Madrid y Asturias (1956-1976)”) y para mis dos libros entrevistar a unos cuantos protagonistas de aquellos ellos. Jamás me olvidaré de Vicente Gutiérrez Solís, Gerardo Iglesias, Anita Sirgo, Laudelino Suárez, y cómo no, el gran Aquilino de Polio. También pude leer biografías como la de Fausto Sánchez. Todos estos hombres y mujeres luchadores me acompañaran para siempre en mis investigaciones y mi vida. Sin ellos, no entiendo parte de mí.

Escribo esto justo el 14 de abril, 91 años después de la proclamación de la II República. Tanto ese día como durante la huelga del 62, las masas, el pueblo jugaron  un gran papel en hacer de este país un lugar mejor. Esa es la memoria que reivindico, la memoria activa de las masas en acción. Una memoria necesaria para afrontar los problemas del presente y tomar su ejemplo para las luchas que hay y habrá. No entiendo de otra forma la Historia, la memoria.

¡Viva la huelgona del 62!

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